¿Revuelta o revolución en el 15-M?

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Julián Sauquillo

Hacía tiempo que no sabía nada de Kawwak. Habíamos discutido, en la Plaza del Sol, cuál podía ser el lenguaje de la revuelta. Partíamos de que el argot académico era descartable de partida. Sólo podíamos contar con su utillaje, como una muletilla, cuando nos faltara el sentido común. También habíamos denostado un poco el barroquismo de algunos egregios pobladores de la antes llamada Puerta del Sol -Quevedo, Lope de Vega, Góngora…- que reincidieron en un lenguaje alambicado en forma de “cola de pez”. Después de todo, estos famosos entretenían al pueblo o servían a la Iglesia y a la Corte. Coincidimos, entonces, en que Borges –enemigo declarado de los revolucionarios– llevaba razón al suponer que la frase corta de los ingleses era la deseable para nosotros. El hacedor del Aleph resultaba tan antiespañol que creía capaz al francés Paul Groussac de enseñar, desde la dirección de la Biblioteca Nacional Argentina,  a escribir a los argentinos. Kawwak me parecía puro y su piel tostada me llevaba a imaginar unos más interesantes orígenes ancestrales indios.

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Ahora, sin una relación personal más fluida, Kawwak elogia la escritura de mi anterior colaboración en este blog. Se lo agradezco. Pero me interesa más contestar a su pregunta acerca de cuáles son las “vías intermedias” que defiendo. Vías para una revuelta necesaria que no adolezcan ni de un laxo liberalismo ni de un rigorista jacobinismo republicano. De una parte, el liberalismo ha subrayado que se puede ser un gran político por las aportaciones excelentes a la nación e incurrir en los mayores vicios privados –esquilmar a los amigos, no devolver libros a la biblioteca pública o pedir favores sexuales a un becario–. El ejemplo sería, así, Churchill, un gran político a pesar de sus exabruptos racistas contra Gandhi. Esta división entre la vida pública y la vida privada del político se desmorona. Así nos irá si la sostenemos. Bien hace Rubalcaba en pedir austeridad –la medida y autocontrol de los antiguos– porque “si no vivimos como pensamos (socialistamente), acabaremos pensando como vivimos (capitalistamente)”. Los griegos pensaron, a diferencia de los liberales, que no cabía gobernar a los otros si éramos incapaces de gobernarnos, primero, a nosotros mismos. Estoy de acuerdo. De otra parte, el jacobinismo antepone la vida pública a la vida privada. No hay vida privada de la que no sea dueña una concepción jacobina de la vida pública. De ahí que Robespierre –tan recuperado por Slavoj Zizek– se sirviera de la delación como arma política contra los “revisionistas” de la Gran Revolución. Los ideólogos de la III República francesa quisieron acabar, también, con los desordenes sociales en la calle mediante un Estado ético, suerte de iglesia con minúscula.

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Las “vías intermedias” para rebeldes requieren una nueva subjetividad. Sin tal cambio de individuo, no habrá éxitos paulatinos de las revueltas futuras. Pero tales trasformaciones de subjetividad –respecto del homo ludens, el homo oeconomicus,…– no caben por la fuerza. La primera violencia es la escolar. A esta, luego, se suman otras que “Irrepresentable” –quien me objeta en el blog– señala acertadamente: el dogma, la doblez moral, la humillación social, el autoritarismo,… Los cambios deseables en la manera de pensar, de sentir, de padecer son aleatorios. Pier Paolo Pasolini –un “mal comunista”, finalmente– acertaba al ver que el educador siembra para un Gennariello, excepcional en la escuela, que afortunadamente aprovechará como ninguno. Las modificaciones de la subjetividad son tan azarosas como las del adolescente que aprovecha y se sustrae a un medio consumista, autoritario, violento, audiovisual,… Pasolini dice directamente (neo)fascista. No se puede programar, hacer necesario, o prever que exista el terreno abonado para la simiente educativa. Gennariello es pura contingencia. Una contingencia que, eventualmente, podrá proliferar, multiplicarse o crecer. La receta de la siembra contestataria es estéril. Si buscamos una ley de comportamiento para los miembros de los movimientos sociales, caemos de nuevo en el redil.

Si el 15-M tiene real importancia es porque está criticando las formas de vida de un político habitual que acabó pensando como vive (ricamente). Se trata de un movimiento que no requiere ser noticiable para estar ya presente y con mucho futuro. Quien desee perseverar en esta nueva subjetividad debe desprenderse de buena parte de la educación asumida hasta ahora. Foucault habló de desprenderse de un mismo en vez de conocerse a sí mismo. Habría que trabajar sobre uno mismo como si fuésemos la materia prima de un trabajo artístico. Y quien así se cincela extremará las precauciones con que singularizarse como distinto sea “comprometerse”, estrictamente, con La Causa como un Buen Revolucionario. No vamos mal con indignarnos y habrá que ser cauteloso con comprometernos. Jacobo Muñoz habló, hace mucho, del “derecho a la inconsecuencia”, cuando salíamos de la disciplina comunista. La astucia del rebelde requiere no suscribir una Forma de Vida, catalogable por las redes del poder. Extender la diversidad en los barrios, crear lazos solidarios no requiere de la congratulación pública, ni de un repliegue partidista a la militancia. Buenos aliados del 15-M aparecerán entre sus críticos. Y no resulta despreciable, ni mucho menos, que las redes sociales convoquen horizontal, versátil y contingentemente.

Un político tan poco correcto como Nietzsche sospechó que la Gran Revolución (francesa) no propiciaría un cambio de la forma de pensar sin un trabajo lento sobre uno mismo que no vendría de esta supuesta modificación brusca. El propio Tocqueville señaló que, días después de la Revolución, los franceses siguieron llamándose madame y monsieur. Desvencijaron al feudalismo pero pervivió el verticalismo de la nobleza. Al 15-M le queda mucho por hacer. Que siga –su interés es innegable– y no se precipite aferrándose a viejas fórmulas.

3 Comments
  1. Ter says

    Deberiamos entonces primeramente «aprender a desaprender»

  2. XABI says

    DERECHO AL PATALEO MAS BIEN

  3. borja says

    Por favor pedir a amigos,conocidos,familiares que no voten ni al psoe ni al pp pasarlo por favor.Si nadie vota a estos dos partidos los que ganen tendran que cambiar las cosas sin posibilidad de no hacer nada.Estarian obligados a cambiar la justicia y la leyes electorales la clave es que psoe y pp no tengan ni un voto.GENERACION NI NI,NI PSOE NI PP PASARLO PORFAVOR,hablar de ello con familiares y amigos y que nadie les vote y TODOS A VOTAR.Que voten a quien sea menos psoe y pp gracias.

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