Periodismo hipertenso

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Dos de los 'tuits' que se han cruzado estos días @iescolar y @ccarnicero.

El médico me ha dicho que tengo la tensión alta. “Es que soy crítico de televisión”, le he respondido. “No, no es por eso. Es que…”. “Ya lo sé, no me diga más”, le interrumpo de nuevo, “entonces será porque he seguido estos días la batalla entre los colegas Carlos Carnicero e Ignacio Escolar”. Desesperado, el doctor mueve la cabeza, me receta unas pastillitas y me hunde la vida: se acabo la sal, la carne roja, el queso manchego, el gin-tonic… El médico piensa que mis arterias soportan demasiada presión sanguínea por causas genéticas o excesos en la alimentación, pero yo creo que estoy así desde que sigo el encontronazo entre periodistas de izquierdas que arrancó en Twitter, se extendió por la red y se ha convertido en la comidilla de la profesión.

Tres cosas importantes antes de meternos en faena... Creo que Escolar tiene toda la razón en este triste rifi rafe. Cuando el periodista se convierte en protagonista, lo que cada día es más habitual, mal asunto. Y por último, queda demostrado que en la jauría del periodismo perro si come perro. Es bien sabido que los periodistas comemos de todo (hasta que nos detectan hipertensión), pero tenemos especial debilidad por los canapés de las presentaciones, las comilonas pagadas por los políticos y las vísceras de los compañeros con éxito.

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“Los periodistas, mafiosos legales”, comentaba un lector antes incluso de poder disfrutar de las triquiñuelas de Carlos Carnicero. En su blog y en Twitter este veterano periodista cuenta su vida, desvela las conversaciones con directivos de medios de comunicación, políticos y compañeros, quién le llama y a quién llama, con quién merienda y a quién se desayuna. Con todos esos mimbres elabora teorías conspirativas insignificantes e indemostrables que, inevitablemente, enfangan la reputación de diferentes personas. Poner en marcha una campaña para desprestigiar a un compañero, atacar a su familia y decir que su mujer trabaja por “amiguismo” es de miserables. No se trata de corporativismo, sino de dignidad y respeto por la profesión.

Periodismo amarillo y caníbal. Un culebrón con tintes sicilianos que imagino repugnará al ciudadano común, que simplemente pretende consumir información cabal facilitada por profesionales serios. ¿Así funcionan las cosas en el mundo de la prensa? Carnicero saca el rodillo, suelta cuatro ladridos y se convierte en protagonista de la actualidad, en mártir de la libertad de expresión, en dueño de una verdad que supone absoluta. En realidad es un profesional desubicado, tan fuera de sitio como esa folclórica que, en lugar de ganarse la vida cantando, aparece en Telecinco despellejando a la Pantoja.

“Mi despido de la SER no es el problema”, escribe Carnicero en Twitter. Desde luego que no. Para la SER el problema quizá sea haber renovado a Francino, para Escolar sacudirse el olor a naftalina que le ha quedado tras el cuerpo a cuerpo con Carnicero, y para este último saber cuánto tiempo tardarán en llamarle de  Intereconomia o Telemadrid para que se incorpore como tertuliano. No sería el primer periodista “de izquierdas” que salga de Prisa para ganarse la vida en la caverna.

Pero el verdadero problema es del periodismo, que está perdiendo credibilidad y compostura. Casos como éste, ejemplo perfecto de hipertensión desinformativa, no ayudan a recuperar el prestigio perdido.

9 Comments
  1. qq says

    Cada vez tengo más claro que, cuanto más se le llena la boca a alguien de grandes palabras como dignidad, profesionalidad, etc., más carece de ellas. Y si la persona en cuestión tiene cierta relevancia pública, ni te cuento. Saludos.

  2. Selito says

    Pole de doble filo la tuya, qq. Si “cuanto más se le llena la boca a alguien de grandes palabras como dignidad, profesionalidad, etc., más carece de ellas” puede significar que por aquí el que más y el que menos también carecemos de ellas, empezando por el hipertenso, porque moralines semos en general un rato (y como debe ser).
    Se que no has querido decir eso, pero prefiero apuntarlo antes que “estalle” algún comentario malicioso aprovechando la aportunidad. 😉

  3. maria says

    Tiene usted mucha razón. Alguna vez he leído a Carnicero ultimamente y me ha horrorizado. Transmite una rabia tremenda. Y es verdad, se le ve desubicado.

  4. cidoncha says

    Ejercicio de tolerancia cada cinco minutos, creo que es mas efectivo que hablar de hipertensión en estos casos de enfrentamientos entre perros (siguiendo el símil que usted usa)…el periodismo de alguna manera se está muriendo desde hace tiempo y me parece incluso sano que haya enfrentamientos si eso hace depurar cierto olor a podrido que sale por debajo de muchas puertas de redacciones a las que se les atribuye un cartel de «prestigio intocable».
    Cuanta prensa oficial de partidos queda en el mundo de forma totalmente conocida? El GRANMA, que yo sepa, y se diferencia en mucho las distintas trincheras periodísticas de los distintos sectores conservadores o progresistas del universo? No soy tan ingenuo para pensar en la disociación ideológica y la realidad objetiva, pero si creo necesario un debate serio y revolucionario, aunque solo sea por higiene del medio ambiente periodístico y que los consumidores de noticias tengamos un aire mas puro que respirar.

  5. Manuelr says

    Dos caras de la misma moneda del periodismo actual que se dice de izquierdas del apparatchik socialdemócrata.
    Uno caído en desgracia, desquiciado con una decandente prisa y otro un cipayo bloguero a la sombra del nuevo grupo mediatico.

  6. Desencantado says

    Totalmente de acuerdo con lo de Francino. No puede entender como alguien así lleva semejante programa.
    ¡Qué gozada el verano con Pedro Blanco!

  7. toño says

    Pensaba escribir sobre el tema, pero ya no hace falta. Has resumido mi opinión en una sola frase: «Cuando el periodista se convierte en protagonista, lo que cada día es más habitual, mal asunto.»

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