Un referente liberal

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Alfonso Alonso *

Fue a finales de los ochenta cuando jóvenes como yo, procedentes de otras formaciones del centro político, nos incorporamos al proyecto de centro-derecha que por impulso de Manuel Fraga encarnó el Partido Popular. En aquel momento, que lo recuerdo convulso hasta el Congreso de Sevilla que aupó a Aznar a la presidencia del Partido, vi claro que, aunque se estaba yendo, Fraga había representado, -y representaba-, la apertura y la moderación que, en apariencia y sólo en apariencia, no daba su carácter.

Y así fue. Mirando retrospectivamente, Fraga metió al centro-derecha en Europa y en la modernidad. Le quitó el complejo de su pasado y le dotó de un presente, pero sobre todo de un futuro, un nuevo horizonte vital. Un horizonte liberal, aprendido de su época como embajador en Londres, de donde se imbuyó del pragmatismo que irradiaba la clase política de la House of Commons. Así, y como reminiscencias de aquella época, recuerdo que en la noche electoral en la que perdió por un puñado de votos las elecciones a la Xunta, en 2005, cuando los periodistas le preguntaron qué haría ahora, respondió “ejercer la leal Oposición de Su Majestad”.

Fraga encarnó una época y un país, pero para mí y para mi partido encarnó una apertura, de oxígeno y de modernidad. Una apertura al centro, a la libertad, a un liberalismo pacífico, empático, heterodoxo y tolerante. Un liberalismo que, desde la firmeza de las convicciones, no despreciaba al adversario, sino que lo entendía y lo aceptaba como tal porque la divergencia, para los gentleman como Fraga, había de afrontarse desde el respeto más escrupuloso.

Fraga, como Churchill, siempre entendió que “el problema de nuestra época es que la gente  no quiere ser útil sino importante” y para él lo más importante no era La Moncloa ni una victoria electoral, era España y sus problemas y en cómo él podría ser útil. Era, por ello, un hombre de Estado.

En estas horas tristes, su ejemplo guía a quienes hemos pretendido siempre, aún en las circunstancias más adversas, y muchas han sido, hacer de la moderación y la apertura a la sociedad el principio rector de nuestra vocación de servicio público. Una vocación en la que siempre ha estado y estará Fraga: un patriota, un liberal y un enamorado de España.

(*) Alfonso Alonso es portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso.
1 Comment
  1. alberto says

    Lo que faltaba, adular a un fascista…

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