Biblioteca Nacional de España: 300 años haciendo historia

Milagros del Corral *

La creación de la Biblioteca Real Pública -institución antecesora de la Biblioteca Nacional-  por Felipe V a fines de diciembre de 1711, marca un antes y un después acerca del papel del Estado en la difusión de la cultura. La BNE abrió sus puertas al público en marzo de 1712 y desde entonces ha venido prestando ininterrumpidamente valiosos servicios en cumplimiento de su doble misión: custodiar y preservar el rico patrimonio bibliográfico y documental de España, constantemente incrementado gracias a la normativa del Depósito Legal, y promover y difundir la cultura hispana en todo el mundo.

A lo largo de su larga historia la BNE, testigo de la historia de España, ha conocido momentos de luces y sombra, pero ha sido siempre el referente de todas las bibliotecas españolas e iberoamericanas, dada la extraordinaria riqueza y amplia cobertura de formatos en sus colecciones y la predilecta de los miles de hispanistas que en el ancho mundo estudian e investigan nuestro pasado y nuestro presente.

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Acepté la Dirección General de una BNE en horas bajas en septiembre 2007. Sólo hacía un mes que se había descubierto un importante expolio cuya noticia había dado la vuelta al mundo, y tanto la imagen institucional como  la credibilidad de sus profesionales habían quedado seriamente dañadas. Convencida del inmenso potencial de la Institución, la proximidad del Tricentenario me pareció una oportunidad de oro para relanzar su tarea añadiendo una nueva visión, acorde con las exigencias del siglo XXI con el Tricentenario como objetivo temporal común. Sin embargo, en un primer momento, la prioridad era recuperar las láminas robadas. La suerte nos acompañó y nuestra intensa colaboración con los eficaces servicios de la Guardia Civil dio buen fruto. Tanto los famosos mapas de Ptolomeo que tan viajeros resultaron, como las demás láminas robadas, volvieron a casa en diciembre 2007 tras aventuras propias de un caso de Sherlock Holmes. Hasta Camberra (Australia) tuve que desplazarme en febrero 2008 para recuperar al más recalcitrante…Y lo mejor, todas regresaron a casa sin coste alguno para las arcas del Estado.

Pronto redactamos la visión de la BNE del siglo XXI que cohesionaría todas las acciones. Había, desde luego, que invertir en seguridad; que apostar seriamente por las nuevas tecnologías en atención a las expectativas de los usuarios desde el respeto al derecho de autor –gracias al generoso patrocinio de Telefónica pudimos en solo cuatro meses lanzar en la red la Biblioteca Digital Hispánica–  había que racionalizar la gestión a partir de un ambicioso Plan Estratégico, con el Tricentenario como meta y metáfora, que también introdujo la administración por objetivos e indicadores de rendimiento; había que  abordar la catalogación de los fondos antiguos aún pendientes, que acercarnos a las universidades y a las Academias, que alinear la BNE con el Plan Nacional de Investigación; había también que recuperar crédito institucional ante los profesionales del libro, gobiernos autonómicos, empresariado y sociedad civil; había que redactar el proyecto de ley de Depósito Legal, revisar el Estatuto e impulsar la creación de una Fundación de Amigos de la BNE; y, desde luego, había que posicionar la Biblioteca en el plano internacional, tanto a nivel bilateral con las Embajadas acreditadas en Madrid, como multilateral europeo, iberoamericano y mundial… Vasto programa al que sumar la compleja gestión del día a día en una casa que abre las puertas a las 9 de la mañana y no las cierra hasta las 9 de la noche, que contaba con entonces con más de 1000 empleados (funcionarios, laborales y contratados con empresas de servicios) y recibía diariamente varios centenares de lectores e investigadores españoles y extranjeros.

La apuesta  se centró en la incorporación de las nuevas tecnologías, la captación de nuevos públicos y el posicionamiento internacional.  Cuando, a finales de abril 2010 el Gobierno decidió rebajar el status de la BNE como medida de austeridad y me sentí obligada a dimitir en expresión de mi disconformidad, éramos un equipo motivado, consolidado, y se habían alcanzado no pocos objetivos. Manteníamos excelentes relaciones con el Patronato de la Biblioteca, la Biblioteca Digital Hispánica contaba con casi 40.000 obras, la Hemeroteca Digital había conocido un importante desarrollo, la web había sido enteramente revisitada e incorporaba funciones 2.0, y la BNE contaba con más de 80.000 amigos en Facebook; habíamos incorporado un servicio de impresión bajo demanda y desarrollado ENCLAVE, proyecto I+D+i en asociación con la Federación de Gremios de Editores de España, para incluir en nuestra oferta digital obras contemporáneas protegidas por el derecho de autor.

Mientras, la catalogación de incunables había culminado y la de manuscritos avanzaba a buen paso con el refuerzo de equipos especializados de la Universidad Autónoma de Madrid. Paralelamente, la BNE ostentaba la  Vicepresidencia de TEL (The European Library, núcleo fundamental de Europeana) formábamos parte de los Consejos ejecutivos de Europeana, CERL, LIBER y ABINIA, y éramos invitados por la OMPI y la Unión Europea a hearings y foros sobre derecho de autor y tecnologías. La Fundación de Amigos de la BNE iniciaba ya su andadura de la mano de 12 importantes empresas con la mirada puesta en el Tricentenario. Todo ello, y una cuidada programación cultural (exposiciones, ciclos, talleres para niños y adultos, eventos múltiples, visitas guiadas, puertas abiertas, La Noche en Blanco, Vivamérica, etc.) había atraído nuevos y numerosos públicos presenciales y usuarios remotos, y la BNE gozaba de un eco importante en los medios contribuyendo a mejorar la autoestima de todos nosotros.

Hoy, todo esto forma ya parte de la historia de la BNE. La tarea no se acaba nunca. ¡Felicidades a la BNE! Y que cumpla muchos, muchos años.

(*) Milagros del Corral fue directora de la Biblioteca Nacional de España (BNE) de 2007 a 2010. Es asesora de organismos internacionales.