Los «microtrabajos»: viejos y nuevos pobres

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Francisco Serra

Una mañana temprano, un profesor de Derecho Constitucional paseó durante unos minutos por una de las calles más animadas de Madrid, situada en una zona acomodada, y fue saludando, con cordialidad, a varias personas que, sentadas en la acera y apoyadas en la pared o, con la mano extendida y un expresivo gesto, demandaban una limosna. Desde muy pronto habían ocupado su lugar habitual y en alguna ocasión el profesor las había encontrado, saliendo del metro y dirigiéndose a su “puesto de trabajo”.

La crisis económica había producido un notable aumento del número de necesitados que se habían visto forzados a recurrir a la mendicidad para sobrevivir. Desde siempre, en la puerta de las iglesias y en algunos lugares concurridos se advertía la presencia de personas que solicitaban una ayuda, pero en el momento presente en cualquier trayecto que un viajero realice por las vías de la ciudad o por la red de Metro se verá conminado, de forma más o menos perentoria, a contribuir, aunque sea con una sola moneda, a auxiliar a algún menesteroso.

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La sociedad industrial parecía casi haber eliminado la pobreza, al ser una “sociedad del trabajo”, en la que siempre existía la promesa de un empleo, por mal pagado o desagradable que fuere, y el surgimiento del Estado de Bienestar, aun tibio en algunos lugares como España, proporcionaba una mínima protección a los ciudadanos, desde la “cuna a la tumba”. Pese a todo, incluso en los países más avanzados había personas que optaban por llevar una existencia marginal y preferían dormir entre cartones, acudiendo a los albergues solo en las más frías noches del invierno. El profesor podía ver desde la ventana de su casa los carritos del supermercado en que algunos de ellos guardaban sus enseres y, esparcidas por el suelo, las litronas vacías, que más tarde serían recogidas por los servicios municipales de limpieza.

Con el agravamiento de las condiciones económicas sectores enteros de la población han sido arrojados a la miseria y han aparecido “nuevos pobres”. Para el pensamiento socialista, el proletario moderno podía sufrir privaciones, pero no era pobre; según Simmel, el pobre en sentido sociológico es el individuo que recibe socorro a causa de su falta de recursos y es como tal reconocido por el conjunto de la sociedad. En la época del Estado de Bienestar, todos los ciudadanos tenían “derechos” y debían recibir asistencia; el sistema de seguridad social vino a sustituir a las “leyes de pobres” que regulaban la beneficencia y la forma de tratar a los excluidos de la vida social.

El progresivo desmantelamiento del Estado de Bienestar ha llevado a que esos derechos vayan siendo limitados o eliminados, por lo que vemos resurgir las antiguas formas de pobreza y, del mismo modo en que, en tiempos, se establecieron trabajos obligatorios para quienes se veían reducidos a una condición necesitada, se empieza a discutir la posibilidad de que aquellos que han perdido su colocación deban realizar trabajos comunitarios para poder recibir la prestación por desempleo, que deja de ser considerada como un “derecho” para convertirse en una dádiva. En el sistema de “inseguridad social” se volverá a producir la vieja escisión social entre “ricos” y “pobres”, porque toda la complejidad de la sociedad postindustrial (que no trajo, como se prometía, la abundancia, sino la “nueva pobreza”) se está descomponiendo ante nuestros ojos.

Mas la historia nunca se repite del mismo modo y algunos de los que habían obtenido mayor beneficio con la locura especulativa de los años anteriores a la crisis se verán obligados a alterar por completo su forma de ganarse la vida: el profesor se encontró hace unos meses con un conocido, dueño de una próspera agencia de publicidad, que se había visto obligado a cerrar su negocio y ahora dirigía talleres de poesía. Ya decía Walter Benjamin que el anuncio es la “mirada lanzada al corazón de las cosas” y quien primero nos ha incitado a comprar sabrá consolarnos cuando no podamos pagar. El profesor había tenido noticia del caso, aún más paradójico, de un agente inmobiliario que había debido abandonar su floreciente empresa, sobreviviendo con la ayuda que le prestaban sus amigos, tras un desdichado divorcio…para al fin conseguir un “microtrabajo”: recuperar las llaves de los pisos que iban a ser embargados, al verse imposibilitados sus dueños de pagar la hipoteca pendiente y, como no podía por menos de suceder, en algún caso ¡eran los mismos a los que, años antes, les había vendido la casa!

4 Comments
  1. Don Incómodo says

    Volvemos a los romanos, algunos patricios y multitudes de esclavos

  2. Susana says

    Lo que me extraña más es que nos vamos a pique con la misma dejadez que los pasajeros del Titanic. Baile, caviar y miseria en el mismo barco. ¡Aaahhh La Codorniz!

  3. lali says

    Reconozco que los politicos tienen que tener una nomina razonable, sino no estarian, no creo que la mayoria este por vocación, pero deberian ponerse en el lugar de solo una de las muchas familias que hoy dia hay en españa, con un sueldo, miembros en paro, hipoteca, niños en el cole o en la universidad, hay que hacer juegos malavares para tirar para adelante, verguenza deberia de darle a estos politicos que tienen el corazon duro como piedras y todo el dinero que dan es para los ricos (bancos etc..) o sea a ellos mismos de los cuales muchos se hacen presidentes de cajas de ahorros, y de grandes empresas, una vez que salen del gobierno ya tienen su vida resuelta
    DEBERIAN IR AL PARO Y COBRAR LOS 400 EUROS QUE TIENEN MUCHAS FAMILIAS PARA VIVIR, HABER SI A SI CONOCEN LA REALIDAD DE HOY DIA EN ESTE PAIS.
    PIENSEN EN LOS DEMAS Y NO SOLO EN SUS BOLSILLOS, QUE NO ESTAN POR ENCIMA DE NINGUNO DE NOSOTROS.
    USTEDES TIENEN LA CULPA DE MUCHOS MALES QUE TENEMOS, POR PERMITIR TODO LO QUE SE HA HECHO EN URBANISMO, POR NO CONTROLAR A LOS CONTRATISTAS, POR NO CONTROLAR A LOS BANQUEROS QUE DABAN DINERO A DISTRO Y SINIESTRO. ¿Y AHORA QUE? PARA QUE ESTAN USTEDES, NOSOTROS LES HEMOS VOTADO PARA QUE ESTEN CON NOSOTROS, CON EL PUEBLO QUE SOMOS LA MAYORIA Y QUE CADA VEZ NOS ILUSIONAIS MENOS, CADA VEZ TENEMOS MENOS GANAS DE IR A VOTAR, PORQUE AL FINAL SIEMPRE DIREMOS PARA QUE SI TODOS SON IGUALES, NOS DECEPCIONAIS, LO SIENTO POR VOSOTROS SOIS UNA CLASE MUY POCO QUERIDA Y MUY POCO VALORADA, YA NO ME EXTRAÑA QUE CADA VEZ HAYA MAS PERSONAS INDIGNADAS.

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