CUARTOPODER | Publicado: - Actualizado: 19/5/2017 08:10

Jaime Pastor *

El título de este artículo es el mismo que encabeza el coloquio que el próximo miércoles 17 de octubre se celebra en Madrid, organizado por la revista Viento Sur, en el que participaré junto con Anna Gabriel, del Consell Polític de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), y Hugo Martínez Abarca, que forma parte del colectivo “En Construcción” de IU. Trataré de exponer sucintamente las tesis que defenderé en ese debate en las líneas que siguen.

A raíz de la “cuestión catalana”, en realidad a lo que estamos asistiendo es a la crisis de una idea dominante de la nación española que ha sido incapaz de reconocer en pie de igualdad a la nación catalana y que ahora, con el estallido de la crisis sistémica y social, se junta con la que afecta al Estado autonómico en el marco más general de la que afecta a la eurozona. En efecto, es cierto que la crisis de la deuda y los consiguientes “rescates” a distintas CCAA (incluida Catalunya) han contribuido a reactivar los agravios comparativos y a exacerbar el conflicto de identidades nacionales, pero sería un error abordar esas tensiones en términos de confrontación entre “ricos” y “pobres”, aunque no falten motivos para ello al escuchar determinados argumentos del president de la Generalitat y otros dirigentes de CiU. No debemos olvidar que la historia de los desencuentros entre el nacionalismo español y las demandas de reconocimiento de Cataluña como nación viene de lejos y tuvo su última expresión jurídica con la sentencia del Tribunal Constitucional en julio de 2010 sobre la reforma del Estatut, ya que se vio entonces definitivamente cerrada la puerta incluso a una lectura moderadamente federalizante de la Constitución de 1978.

Una vez reconocido por todo el mundo que la Diada de este 11 de septiembre representa un punto de inflexión que no puede ser reducido a una mera manipulación del gobierno catalán y que desde entonces la reclamación del derecho a decidir su futuro –incluida la independencia– cuenta con mayor apoyo popular, no parece que la mejor respuesta desde fuera de Catalunya sea la de aferrarse a un fundamentalismo constitucional, por no hablar de la amenaza reciente con resabios franquistas de “españolizar” a los catalanes. Al margen de la consideración que se tenga sobre la oportunidad o viabilidad de la opción independentista, no podemos obviar que esta reivindicación se encuentra en el centro de la agenda política y, por tanto, no cabe aplazar una respuesta en nombre de otras “prioridades”. Obligados a hacer frente a un problema real y no “inventado”, sería más coherente desde un punto de vista democrático buscar la creación de un marco de diálogo que permitiera, si así lo ratifica el parlamento catalán que salga de las urnas el próximo 25 de noviembre, encontrar la vía legal (como la del artículo 150.2, desgraciadamente rechazada por los dos partidos mayoritarios en el parlamento español recientemente; o una ley orgánica, como ha propuesto el constitucionalista Francisco Rubio Llorente) para que pueda celebrarse sin amenazas externas la consulta a la ciudadanía catalana sobre el tipo de relación que desee mantener con la del resto del Estado español.

Quien esto escribe, teniendo en cuenta tanto los lazos históricos existentes entre los pueblos del Estado español como la existencia de identidades duales en amplias capas ciudadanas de Cataluña o Euskadi, ha sido un firme defensor de la necesidad de avanzar hacia un federalismo plurinacional que, además, desde un punto de vista de izquierdas, fuera también solidario. Pero el problema está en que ni siquiera esa opción se ha podido abrir camino durante el ya largo período que ha seguido al fin de la dictadura franquista, debido precisamente a que en la Constitución de 1978 se consagró una concepción esencialista de la nación española que impedía incluso la federación entre Comunidades Autónomas. A esto se suma el lamentable balance de una izquierda mayoritaria de ámbito estatal que no sólo no se atrevió a cuestionar esa tesis sino que llegó a embellecerla asociándola con el “patriotismo constitucional” habermasiano. Ni siquiera la reforma de un Senado inoperante como el actual para transformarlo en Cámara Federal ha podido llevarse a cabo. Por eso no debemos sorprendernos hoy, como he escrito en un libro reciente, de que se hayan ido reforzando en Cataluña y Euskadi proyectos soberanistas dispuestos a practicar la desobediencia civil y a ejercer su derecho a decidir –y a “divorciarse”– frente a las trabas permanentes del centro.

A la vista, además, de experiencias como la de Quebec con Canadá y la de Escocia con el Reino Unido tampoco vale ya aducir que el derecho de autodeterminación es algo aplicable a los países colonizados. Muchos de los Estados del Norte se construyeron en torno a un “modelo” de nación homogénea que condujo a la marginación, a la asimilación forzada o a la subalternidad de otras realidades nacionales existentes en sus territorios respectivos. El caso español es más evidente si cabe ya que las propias debilidades del proceso nacionalizador dirigido desde el Estado fueron las que, después de 1898, facilitaron el progresivo desarrollo de los nacionalismos periféricos. Luego, ni la II República ni, como ya se ha recordado, la larga etapa posfranquista permitieron un efectivo reconocimiento en condiciones de igualdad de las distintas identidades nacionales.

Por eso hoy, en el marco de la crisis de la globalización neoliberal y de la crisis de centralidad de esos mismos Estados, las aspiraciones de esas naciones sin Estado se expresan con fuerza en muy diversos lugares. No cabe, por tanto, mirar hacia otro lado ni, desde la izquierda de ámbito estatal, oponerse a un derecho democrático con la excusa de que esa demanda pueda ser instrumentalizada por fuerzas como CiU o el PNV. Al contrario, nuestra tarea es buscar una respuesta común a ambas líneas de fractura –la nacional y la social- para así desmarcarnos claramente del nacionalismo español dominante y, a la vez, tender puentes con las corrientes que en lugares como Cataluña y Euskadi apuestan por un proyecto soberanista y antineoliberal.

(*) Jaime Pastor es profesor de Ciencia Política de la UNED.

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  • batatilla

    por encima del derecho a la autodeterminacion esta el derecho a la igualdad de todos los ciudadanos. por tanto, si se regula el derecho de autodeterminacion deberia ser igual para todos. ¿derechos historicos?, todos tenemos derechos historicos, la historia es muy larga, o acaso Cartagena, ciudad surgida hace tres milenios, no tiene derecho a independizarse de murcia.

  • batatilla

    Esto es mas viejo aun que Cartagena. Se trata de “la pela”. Muchos catalanes piensan, con razon, que si no reparten con el resto de España tocan a mas.

  • borja

    Por favor pedir a amigos,conocidos,familiares que no voten ni al psoe ni al pp pasarlo por favor.Si nadie vota a estos dos partidos los que ganen tendran que cambiar las cosas sin posibilidad de no hacer nada.Estarian obligados a cambiar la justicia y la leyes electorales la clave es que psoe y pp no tengan ni un voto.GENERACION NI NI,NI PSOE NI PP PASARLO PORFAVOR,hablar de ello con familiares y amigos y que nadie les vote y TODOS A VOTAR.Que voten a quien sea menos psoe y pp gracias.

  • borja

    NI PSOE NI PP POR ESTO,corruptos 730 y los librados,29 años de gobierno mitad salario de Francia,Alemania,Italia,Inglaterra etc,se regalan coches,trajes,VPOS,viajes y joyas,se perdonan sus deudas,colocan a hijos,primos,amigos,control medios y analistas de TODAS las tertulias debates,se niegan saldar piso por hipoteca, incumplen programa electoral,(manipulan ceoe,ccoo,ugt,iglesia,tv,periodicos,todos a sueldo)¿JUSTICIA?¿existe una justicia justa?NO..NI PSOE NI PP,PERO VOTA.GRACIAS.PASALO PORFAVOR

  • borja

    PSOE Y PP MAFIOSOS.A los votantes del psoe o del pp nos estan estafando y nos estan robando y seguis votando por favor no les voteis mas. a los que no votamos al pp ni al psoe deciros que podemos hacer cosas cada uno de nosotros y nosotras . podeis pedir a todas las personas que conozcamos que pidan a todas las personas que conozcan que no voten ni al psoe ni al pp q tienen otras opciones mejores y mas limpias de corrupcion y amiguismo PP Y PSOE MAFIOSOS.toda españa difundelo gracias.

  • Aleve Sicofante

    Mientras la izquierda siga sin detectar la muerte del Estado-nación y sin comprender que lo único que puede ayudarnos a todos es una mayor unión (federalismo, a falta de una vía razonable para tirar las últimas fronteras), seguirá bailándole el agua a una derecha nacionalista que busca, como siempre ha buscado, privilegios. Privilegios que naturalmente se consiguen levantando fronteras, no borrándolas. Por eso me parece inexplicable que alguien que se llama de izquierdas defienda el nacionalismo de una región rica y libre en la Europa del siglo XXI.

    Cataluña no tiene trabas al desarrollo de su identidad como comunidad. Al contrario, tiene tanta libertad que no duda en poner trabas al desarrollo de la cultura que pertenece a la mitad de su población (la castellanohablante). No puede existir una justificación del nacionalismo independentista desde la izquierda, entendida como la tendencia política que busca la igualdad entre todos los ciudadanos, no los privilegios de unos ciudadanos con respecto a otros.

    Cataluña podría haber denunciado los privilegios de País Vasco y Navarra, exigiendo igualdad de trato para todos. Pero no lo ha hecho. En su lugar, ha pedido para sí los mismos privilegios y ahora amenaza con romper la baraja. Que esto haya encontrado argumentos en la izquierda me deja pasmado y al mismo tiempo avergonzado.

    No soy catalán, pero si lo fuera, me sentiría sonrojado por el uso que Cataluña ha dado a su fuerza como región económica. En lugar de buscar el bien de todos, exige un privilegio para sí, o se marcha.

    ¿Y semejantes compañeros de viaje pretenden que apoyemos su entrada en la UE? Dan risa.

  • Enrique

    Con todos mis respetos hacia la “cuestion catalana” y las ansias de independencia de una parte de sus habitantes (no de todos, no nos olvidemos), hay un punto concreto que sale criticado en todos lados y que aqui también se menciona:
    “[…] por no hablar de la amenaza reciente con resabios franquistas de “españolizar” a los catalanes.”
    Seamos serios, por mucho que se pueda criticar (con razón) al ministro Wert, en esa intervención en el congreso venia a decir (no literalmente, no tengo tanta memoria, pero si de forma aproximada), “españolizar a los alumnos catalanes para que tengan las dos identidades, española y catalana, y se fortalezcan y enriquezcan de ambas”. Que al margen de la fortuna o falta de ella del término “españolizar” ya me diran ustedes dónde estan la amenaza o los resabios franquistas. Ya hay demasiada demagogia en el ambiente, por favor, no caigamos en la tentación de hacer aun más.

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