El FMI acierta en la previsión, pero yerra en las recetas que propone

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La reunión de otoño del FMI, cuando tradicionalmente revisa las previsiones de primavera, ha revelado las contradicciones de esta estamento, algo ya tradicional, y además, ha constatado que sus errores de previsión son cada vez más amplios, lo que puede explicar la inutilidad de su análisis.

La conclusión más importante, algo que algunos ya preveíamos hace más de dos años, es que la crisis económica se acentúa y la recesión global tiene ya una probabilidad muy elevada de concretarse, como se puede apreciar a partir de los indicadores de corto plazo y largo plazo, tanto para EEUU, como para la UE. Este diagnóstico, sin embargo, es contradictorio con las causas que esgrime esta institución multilateral, que tiene su origen en el abuso de la consolidación fiscal, la mal llamada austeridad expansiva, y la debilidad del sistema financiero. Si estos son los problemas, sorprende que sigan apostando por mantener y reconocer unas políticas que no se han demostrado irrelevantes, y muy dañinas para la cohesión social y la equidad poblacional. A esto hay que añadir las recomendaciones de drásticas rebajas salariales, pensiones y subsidios de desempleo.

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En esta ocasión, el FMI estima que el crecimiento mundial se reducirá en 2013 del 2,0% al 1,5% en las economía desarrolladas y del 6,0% al 5,6% en las emergentes o en vías de desarrollo. Este magro crecimiento en las principales aéreas desarrolladas se puede asimilar a una recesión, según los estándares que maneja el NBER norteamericano, lo que se traducirá en un fortísimo incremento del desempleo, especialmente en los países del Sur de Europa, cebándose en países como Portugal, Grecia y muy especialmente en España, donde podríamos ver cifras superiores al 26%, si se cumplen las previsiones más realistas que apuestan por una caída del PIB superior al 2,0%. En estos países es donde se puede observar con más nitidez el fracaso de las políticas de consolidación fiscal y la inutilidad de la política monetaria expansiva del BCE, pero también de de la FED, vía prestamos al sistema bancario.

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La constatación de que el FMI siempre va a contracorriente se puede explicar mediante la evolución de los indicadores adelantados utilizados por la mayoría de analistas. La evolución de los que ha adelantado la OCDE, aunque de manera mucho más lenta que otros, ya se aproximaban a una de  previsiones cíclicas que se manejaba: desde el segundo semestre de 2012 han aumentado las probabilidades de una recesión global, que se materializará según mi pronóstico en 2013. El deterioro es generalizado y afecta a todas las áreas geográficas. Aquellas sobre las cuales dichos indicadores recogían una falsa mejoría en los últimos meses (Estados Unidos, y Japón) han registrado un empeoramiento en los mismos. China, la Eurozona, Rusia, e India incrementan el “momentum” de la desaceleración/recesión. En realidad, la economía global a comienzos de 2012, normalizadas las tasas interanuales del crecimiento del PIB, ya estaba en un peor nivel que al inicio de las dos anteriores recesiones mundiales. En esta nueva recesión económica, habrá una nueva oleada de restructuraciones bancarias. Entre el 10% y el 20% de las entidades bancarias occidentales desaparecerá. Y en este escenario, España será finalmente intervenida en su conjunto, materializándose la previsión que ya manejaba en  de enero 2012, es decir una reducción del PIB del 2,5%.

El principal riesgo sobre la economía mundial, a diferencia de lo que prevé el FMI, será la posible entrada en recesión severa de EEUU. Esto se produciría si la nueva administración que salga de las elecciones de noviembre, rompe con el binomio de política fiscal y monetaria expansivas. Si esto se produjese, la economía mundial podría entrar en una recesión muy prolongada y profunda, lo que nos retrotraería a niveles de PIB y riqueza de finales de los años 90. Los últimos indicadores más seguidos en EEUU, el índice de indicadores de actividad adelantado de la FED (CFNAI), registró en agosto una fortísima contracción de -0,87 frente a -0,12 de julio. Los últimos datos están más en línea con la dinámica de otros modelos de previsión, que han empeorado, y acorde con tasas de crecimiento negativas, es decir, recesión. De las cuatro categorías de indicadores (producción y renta; empleo, desempleo y horas trabajadas; consumo personal y sector inmobiliario; ventas, pedidos e inventarios) todas tuvieron una aportación negativa. Destaca especialmente la contribución negativa de producción y renta -0,58 frente a una aportación positiva de +0,08 en julio. Desde el lado de precios se prevé ausencia de presiones de inflación por actividad económica (la única preocupación de inflación futura se deriva de la insensata política monetaria de la FED.

En el caso de la UE, el indicador EuroCoin referente a la Zona Euro, publicado mensualmente por el CEPR, correspondiente al dato de septiembre de 2012 apunta a un crecimiento tendencial intertrimestral de largo plazo negativo, concretamente -0,32%, frente a -0,33% en el mes de agosto, ya muy alejado del máximo de abril de 2010 próximo a +0,80%, volviendo de nuevo a empeorar, lo que confirma la recesión de la Zona Euro.

Frente a esta realidad, tanto desde EEUU como desde la UE se sigue mitificando el poder de la política monetaria en un contexto de recesión de balances como es el actual. Así, en EE.UU, se sigue apostando por una nueva inyección monetaria, la llamada QE3, y en Europa, el BCE apoya la compra de bonos de los países en dificultades. Como se ha podido ver y comprobar empíricamente, estas acciones han fracasado, y solo han provocado una cierta inflación de activos en las bolsas americanas, siendo los propios Bancos Centrales los causantes de la crisis. La constatación de que los tipos en EEUU van a seguir anormalmente bajos hasta 2015, es una señal de que no se espera una recuperación económica a medio plazo. Ambas instituciones, además, han puesto de manifiesto que los mercados por sí solos no propiciarán una rápida vuelta al pleno empleo, siendo necesarios impulsos y estímulos fiscales que puedan apoyar a superar el grave problema de sobreendeudamiento privado y público, siendo este sobrevenido en muchos de los países analizados, como España, Reino Unido o EEUU.

En la formulación teórica tradicional, que se ha demostrada falsa y con apriorismos ridículos, la mayor liquidez generaría una expansión del crédito hacia la economía productiva, lo que mejoraría la demanda agregada y el empleo. Pero como se ha podido comprobar en España, un aumento de liquidez, que acaba siendo depositada en el propio BCE, no se traduce en mayor demanda de crédito, ante el impacto de las políticas de deflación de la demanda interna. Por todo ello, tanto en Europa como en EEUU el peligro estriba en que si los dirigentes políticos y los mercados creen que solo la política monetaria puede revivir la economía, el grado de frustración será creciente y la incertidumbre ahondará la pérdida de pulso económico.

En resumen, el FMI acierta en pronosticar una recesión global, pero yerra en las herramientas necesarias para cortar esta sangría económica. Las recetas que propone, las ya fracasadas políticas de austeridad, de oferta y política monetaria expansiva, son contradictorias y especialmente nocivas para economías como la española. En una fase de reducción de endeudamiento privado, no se puede ahogar la demanda interna, bajo el riesgo de prolongar sine die la recesión de balances. Lo más duro podría estar por llegar, fundamentalmente en las economías más débiles, como España, si, como todo parece indicar, EEUU y la UE entrarán en una recesión profunda en 2013, algo que en el caso americano será más factible si ganan los republicanos. La gran apuesta, aún sin explotar conjuntamente, debería ser una quita de deuda ordenada y global, primero de la parte privada y después tal vez de una parte de la pública. Con los patrones de política económica actuales, el FMI fracasará una vez más en su diagnóstico y en sus recetas. Por el principio de la demanda efectiva, la combinación de políticas monetarias expansivas y fiscales y presupuestarias contractivas, en un contexto de recesión de balances, nos llevará  a una prolongación muy larga de la recesión actual.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.

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