Europeísmo y ‘Mutti’ Merkel son incompatibles

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Alejandro InurrietaLas elecciones recientemente celebradas en Alemania han supuesto la consolidación de un régimen político y económico. El devenir de este proceso es que Alemania ya no tiene oposición política capaz de ser alternativa, que no alternancia, y en el ámbito económico las políticas de destrucción del Estado del Bienestar, bajo el paraguas de la austeridad y la competitividad, convierten a la sociedad alemana en una de las más inequitativas desde que gobierna Mutti Merkel (Mamá Merkel), como se la denomina popularmente.

Este panorama político, que puede extenderse en otros países europeos, responde a una gran ofensiva mediática, política y financiera para romper todos los  vestigios de crítica y elaboración de alternativas políticas en la zona, bajo la efigie de la austeridad y consolidación fiscal. Sus tentáculos políticos ayudaron a la destrucción de la sociedad griega, con un resurgir de la ultraderecha xenófoba, también la portuguesa y va camino de transmitirse a la sociedad española. Los brotes de la ultraderecha y la xenofobia hacia la población inmigrante y de rentas más bajas, anuncian un posible cambio en el escenario político futuro.

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Estos hechos tienen que ver con un proceso que parece irreversible de individualización social y política que contradice el espíritu colectivo y europeísta que surgió con el nacimiento de la UE. El espejo en el que poco a poco se va mirando Merkel es en la peor Margaret Thatcher que infectó en el Reino Unido el mismo virus antieuropeo y contrario a las salidas colectivas de las crisis económicas, lo que unido al desmantelamiento de los servicios públicos y la lucha por la inequidad social, configuran una coalición letal para la UE.

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Estas dos figuras que han creado sendos regímenes políticos en sus respectivos países, han visto cómo solo dejan espacios políticos en los que surgen los peores instintos sociales, como representan los partidos como UPK en el Reino Unido o el partido antieuropeo, que de milagro no han entrado en el Parlamento. Los dos grandes partidos de oposición, el laborismo y el SPD han sido víctimas de querer imitar a las genuinas promotoras del antieuropeísmo y el laboratorio de destrucción social que han supuesto estos virreinatos. En el caso alemán, la aceptación de la grosse Koalition ha devengado en el hundimiento definitivo, al implementar las mismas políticas neoconservadoras en lo económico, siendo Schroeder el impulsor, por ejemplo, de los minijobs. Este nuevo modelo de mercado laboral, caldo de cultivo de una sociedad poco activa y con diferencias de rentas incompatibles con una gran economía social que fue Alemania en su día. La pérdida de peso de los trabajadores en las decisiones de las empresas tiene que ver con este desmantelamiento del modelo laboral que surgió de la II Guerra Mundial y que fue la envidia de todos los defensores de la justicia y dignidad de los trabajadores.

Este nuevo régimen político y económico tiene sus pilares en la ausencia de poderes políticos y económicos que equilibren y puedan poner freno al deterioro de los servicios y el desmantelamiento del modelo social europeo. Esto se traduce en fagocitar a todos los grupos políticos de oposición, con posibilidad de gobernar, y desactivar el poder, todavía modesto, que tenía la UE, y en especial la Comisión Europea y el Parlamento Europeo.

En este punto, conviene señalar los grandes retos económicos que tiene la UE en el corto plazo. Diseñar un marco institucional y político de solución de las crisis bancarias es básico para alejar a los que han intentado hacer caer al euro, como antaño lo hicieron con el SME. Los tardíos y balbuceantes movimientos del BCE ha costado mucho sacrificio a los principales países del Sur, en firma de prima de riesgo inaceptable. Es cierto que Alemania aceptó, aunque lo tiene recurrido al Constitucional, la compra masiva de deuda de países del Sur de Europa, pero el contrapeso vino por la devaluación interna y el progresivo desmantelamiento de los sistemas públicos de pensiones, sanidad y educación pública.

El nudo gordiano del fracaso de la política alemana al frente de la UE es la llamada Unión Bancaria y los Eurobonos. En ambos caso, no se espera ningún avance bajo el reinado de Mutti Merkel, siendo particularmente llamativo la oposición a la solución planteada por la Comisión para las crisis bancarias. La postura alemana contraria a que las crisis las paguen los acreedores y que se dejen caer a los bancos que están en riesgo de quiebra, explicaría la virulencia alemana  a cualquier quita de deuda. El caso de Grecia es paradigmática, pues la crisis bancaria la han pagado íntegramente los contribuyentes y solo recientemente se ha permitido ciertas quitas de deuda, cuando el riesgo se ha trasladado en su totalidad al BCE.

EL egoísmo alemán choca contra la lógica histórica que nos ha demostrado que  ninguna crisis de deuda se salda sin la reestructuración de deuda, pero Alemania ha preferido que para que sus bancos cobren, sociedades enteras y miles de empresas hayan tenido que quebrar. Lo que no parece muy explicable es que el estancamiento prolongado que se vislumbra en buena parte de los países del Sur pueda favorecer a Alemania.

En suma, la UE camina hacia un régimen supuestamente democrático, sin oposición política a las políticas alemanas y británicas que terminarán por enterrar el modelo social europeo, algo que Holanda ya lo ha proclamado por boca del comisario monárquico que tienen, algo en lo que España se parece cada vez más.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.

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