JAVIER PÉREZ DE ALBÉNIZ | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 14:37

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el pasado sábado, durante su intervención en la Cumbre Iberoamericana celebrada en Panamá. / lamoncloa.gob
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el pasado sábado, durante su intervención en la Cumbre Iberoamericana celebrada en Panamá. / lamoncloa.gob

Mariano Rajoy, ese presidente del Gobierno que huye de la prensa, evita hacer declaraciones y confía en la televisión de plasma como intermediario ante los ciudadanos, pide a los medios de comunicación “un uso responsable de valores tan sagrados como la libertad de información y de expresión”. El  día que hizo esta contundente declaración, durante la Cumbre Iberoamericana celebrada en Panamá, algunos de los titulares de los periódicos españoles eran estos: “Poner cara de pato, lo mejor para las arrugas” (ABC), “Una pareja china vende a su hija y se compra un iPhone” (La Razón), “¿Qué dices? ¡Que te fagorices!” y otros 12 anuncios viejunos de Fagor” (El Huffingston Post), “Los genitales femeninos reaccionan a estímulos sexuales más diversos” (noticia más vista del día en El Mundo)

Las palabras de Mariano Rajoy tienen, a estas alturas de la vida, el mismo valor que una moneda de seis euros. Por eso cuando asegura que “los indicadores económicos indican que la recuperación está ahí” goza de la misma credibilidad que cuando dijo que no pensaba “dar un solo euro de dinero público a la banca” o cuando afirmó que le iba “a meter tijera a todo salvo las pensiones, sanidad y educación”.

Mariano Rajoy es un mentiroso compulsivo, con todo lo que eso supone para un presidente del Gobierno. Pero cuando habla de “valores tan sagrados como la libertad de información y de expresión” resulta especialmente patético. El Partido Popular ha destruido pruebas del caso Bárcenas, ha entorpecido la investigación, y lo ha hecho brindando por la transparencia y la libertad. Su cinismo no tiene límites. Su hipocresía raya lo obsceno.

Y es que cuando Mariano Rajoy habla de “valores tan sagrados como la libertad de información y de expresión” se refiere, lógicamente, a su manera de entender la libertad de información y de expresión. Es decir, a la libertad de información y de expresión de los periodistas que tiene a sueldo, esos que se autoproclaman defensores de las víctimas del terrorismo. No de las víctimas del Franquismo, del Metro de Valencia, del 11-M o del YAK 42, mucho cuidado. Defensores de las víctimas del terrorismo.

“Hoy es el día de la infamia”, decía La Razón a cinco columnas. Porque algunos valores, los suyos, son sagrados.

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