De conspiraciones y abdicaciones

Carlos García Valdés

Sanchez_Manzano_Las_bombas_del_11M_conspiraciones
Sánchez Manzano, jefe de los TEDAX el 11M, en una imagen de archivo. / Efe

Dos acontecimientos recientes han excitado a los partidarios de la manipulación desestabilizadora en nuestro país: el décimo aniversario de los tremendos asesinatos del 11M y la publicación de un libro sobre el Rey y Suárez, ahora que el Presidente acaba de fallecer, aunque el texto se cerró con anterioridad, donde se vuelve al 23F y especialmente a la actuación del Monarca en los acontecimientos.

Publicidad

El primer trágico suceso encuentra en dos libros esenciales la justa explicación y la merecida réplica a quienes trataron siempre, y desde el primer momento, de tergiversar la realidad y la verdad de los terribles sucesos. Por lo que alcanzo a ver, los textos fundamentales son el del entonces Comisario-Jefe de los TEDAX, Juan Jesús Sánchez Manzano, Las bombas del 11-M. Relato de  los hechos en primera persona (Ed. Autor. Impresión Amazon. Madrid, 2014) y el del profesor Fernando Reinares Nestares, ¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España (Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2014). Paralelamente a estos libros esclarecedores, se edita un tercero, el de Jaime Ignacio del Burgo, titulado 11-M. El atentado que cambió la historia de España (La esfera de los libros. Madrid, 2014) que, sin mucha fuerza, muy distinta a la que exhibió antaño, insiste en la tesis de las dudas que suscita el fallo judicial. De todos voy a hablar, pero los que más me interesan, porque cierran un debate que nunca se debió abrir, son los dos primeros.

El texto del Comisario es, para quien esto escribe, definitivo y el más importante de los dados a la luz sobre el caso. Sánchez Manzano fue mi alumno en la Universidad de Alcalá de Henares y de él guardo el recuerdo de su seriedad y rigor en el estudio de su carrera de licenciatura en Derecho, así como en el doctorado, que no llegó a concluir precisamente por la entrega sacrificada a su profesión. Actualmente ejerce el mando, que le es propio por categoría,  en una zona de Madrid. Ignoro si, inmerecidamente para su valía, este es su techo.

Sánchez Manzano, paso a paso, nos describe todas y cada una de las actuaciones de los TEDAX-NRBQ y la suya propia durante los tremendos días del atentado, comenzando desde el primer instante. Todo está recogido con una precisión y un talante imparcial, propio de la policía en aquellos momentos. Nada se escapó a la mirada penetrante del jefe de la prestigiosa unidad de élite y únicamente una información no contrastada y dicha sin fundamento alguno, la referida a los explosivos, el Tytadyne en lugar de la Goma 2-ECO, propició toda la teoría de la conspiración, así como el tema de la furgoneta encontrada en Alcalá y la mochila, asuntos sin trampa y perfectamente explicados en la aportación de Manzano. De igual modo, se desmonta la manida inmolación de los islamistas en el piso de Leganés, concluyendo en que fue una explosión desde dentro, como siempre se dijo, que no implosión propiciada desde el exterior. Y es que no puede ser más fiable la versión de unos acusados de terrorismo, sistemáticamente jaleada por los que solo veían conspiración criminal alrededor, o la búsqueda desesperada de los autores intelectuales de los crímenes para que todo encajara, que la ofrecida por el conjunto de los investigadores o la concluida por la Sala que presidió Gómez Bermúdez y la que sentó de manera firme el Tribunal Supremo.

Las declaraciones de Jesús Sánchez Manzano en sede judicial, tanto en el juicio como en el procedimiento por la persecución que desde entonces personalmente sufrió, son impecables. Siempre informó coherentemente al Tribunal y nada pudo reprochársele, aunque parecía que el culpable de los hechos había sido prácticamente él. El libro, cuyos derechos de autor han sido cedidos generosamente a la Fundación Huérfanos del Cuerpo Nacional de Policía, en vez de lucrarse sustancialmente el bolsillo como han efectuado los autores de los panfletos sustentadores de la teoría de la conspiración, está escrito no solo desde dentro, sino desde la certeza de una investigación extraordinaria primero, pues nunca se había producido en nuestro país semejante catástrofe dolosa o intencional; en segundo lugar, difícil y presionada por urgente, dada la exigencia política de dar noticias como fuera, de ahí algún error como el antedicho de la nitroglicerina; y tercero, leal a la Policía. Su lectura es plenamente recomendable pues ratifica la idea que la mayoría teníamos de la verdad policial y judicial. Otra cosa es que éstas no quieran verse de ninguna manera porque, de ser así, se acaba el tinglado y el camelo edificado al respecto.

Los otros textos son diferentes pues no son compromisos personales y directos con los actos acontecidos aquella mañana, sino trabajos intelectuales. El profesor Reinares, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos es, de su lado, autor de un libro no menor, limpio y extraordinariamente documentado, que  ha puesto la guinda en el pastel no deseado de los manipuladores. El protagonismo islamista-yihadista de los atentados y el móvil principal de venganza por la desarticulación previa de un comando, afincado en nuestro país, y el secundario de la colaboración de España en la guerra de Irak, sustentan la certera y completa investigación. De ETA, lógicamente, ni se habla.

El de Del Burgo, político de amplia experiencia parlamentaria, que comenzó en la UCD y se integró luego en el PP, es menos operativo y mucho menos claro, como si se hubiera quedado al margen de la realidad de los acontecimientos. Eso y el que únicamente dedica al 11-M la primera parte del manuscrito, en contra de lo que ofrece el título, y luego se ocupa, incluso más ampliamente, de la crítica del gobierno Zapatero y a la negociación con ETA en peligrosa confusión. De hecho, como resumen de sus ideas, aunque no mantiene las afirmaciones y vacilaciones que defendió cuando era miembro de la Comisión parlamentaria de los atentados, ni las que llevó a su anterior libro sobre el tema de 2006, y aunque parece caer del burro de la teoría de la conspiración, reconociendo la tesis de la autoría islamista de los crímenes, sigue precisando la necesidad de seguir investigando para dar carpetazo definitivo al asunto como si ya todo no estuviera dicho y demostrado, como si fueran papel mojado las certeras resoluciones judiciales.

Pilar_Urbano_la_gran_desmemoria
Cubierta del libro de Pilar Urbano.

El libro al que ahora voy a referirme es el de la periodista Pilar Urbano: La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar (Planeta. Barcelona, 2014). Si la teoría de la conspiración recibe una carga de profundidad con el texto de Manzano, el comando abdicación se verá recompensado y satisfecho con esta aportación, de conclusión anticipada en su mismo título, aunque la fantasía campee por sus páginas y se sustente en multitud de pasajes indemostrables y sin respaldo de sus protagonistas. Pero eso da lo mismo. De lo que se trata es de aparecer la autora como la gran conocedora y cronista de los entresijos de la transición -a la que, por cierto, vi poco durante aquélla-; de la familia real, donde la deslealtad con S.M. la Reina y el episodio de las faltas de ortografía es conocido y revelador del talante de la pretendida biógrafa y, en fin, del propio 23-F. Toda la monografía se orienta hacia el final, el golpe, que es lo que interesa. Lo descrito hasta aquí, es decir más de seiscientas páginas de las setecientas largas que suma, es mera refundición de otras tantas memorias o recuerdos del momento de los personajes políticos. Nada sustancial aportan ni nada dicen que no se conozca del valor del Rey ni de Suárez, del nombramiento de éste, de su labor ingente y del empeño de ambos en traer la democracia a nuestro país. Ciertamente están bien escritas y son amenas, como novela de los hechos, pero no son nuevas ni nada desconocido enseñan.

Lo que se predica como novedad es la pretendida responsabilidad del Rey en el golpe del 23-F y así se ha vendido previamente en dobles páginas de la prensa afín a la peregrina teoría, anticipando su inmediata publicación. Yo tengo perfecta memoria del instante pues, al fin y al cabo, acababa de salir, como Director General de Instituciones Penitenciarias, del gobierno de la UCD presidido por Adolfo Suárez y conocía a muchos de los Secretarios de Estado y Subsecretarios, reunidos en Castellana, que tomaron las riendas del poder civil ultrajado por los golpistas y con quienes luego hablé. Lo único cierto es la dignidad del hoy recientemente fallecido Presidente durante aquellas largas horas y que S.M. el Rey desactiva a los generales golpistas con su intervención televisiva, que tuvo que llegar a Prado del Rey protegida por una escolta de su guardia, pues no había certeza de su emisión si era conocida, más allá de los presentes en Zarzuela, o interceptada. Confundir inspiración del golpe con discrepancias, posiblemente insalvables, con Suárez es tergiversar la historia y tener una cierta y concreta ceguera con Armada, por fidelidad a su antigua lealtad agradecida cuando era joven Príncipe, no autoriza a desarrollar el argumento hasta el entramado de la conspiración final y mucho menos a ser precisamente el Rey, que desmonta el golpe, el pretendido y esperado “elefante blanco” designación que, como es sabido, ya tenía propietario.

¿Sirve para algo este libro ahora o, mejor, es útil para algunos intereses específicos y espurios? Contesto a lo primero: para poco. En nada engrandece o deteriora la figura de Adolfo Suárez ni del Monarca, pues cuanto realizaron en aquel magnífico periodo de nuestra reciente historia estaba ya sobradamente narrado. En cuanto a lo segundo, no entiendo su oportunidad, evidentemente un fuerte intento desprestigiador si llegara a calar hondo en la ciudadanía. No lo comprendo, excepto que se trate de un nuevo instrumento que se sume, como una iniciativa más de las que pululan, a los que anhelan una próxima renuncia del Rey que, entre cacerías, problemas menores de salud y participación en intentonas anticonstitucionales, no sería digno de ostentar la Corona. Entonces sí, todo quedaría muy claro.