Tiempos convulsos alumbran un PSOE líquido

Alejandro_InurrietaLa socialdemocracia europea atraviesa uno de los momentos más críticos desde el fin de la II Guerra Mundial. El retroceso electoral es notable, pero más grave aún es la pérdida de influencia política y social y la incapacidad para entender y solucionar los profundos problemas políticos, sociales y económicos que asolan a las sociedades europeas.

La convergencia ideológica entre las familias conservadoras y socialdemócratas en la UE explicarían parte de esta pérdida de afinidad entre el electorado progresista y sus supuestos representantes en los cada vez menos comunes gobiernos europeos. El agotamiento de un discurso cada vez más vacio y la ausencia de liderazgos como los que gestionaron el germen de la UE, a pesar de todas sus torpezas, están forzando a muchos electores a abandonar la militancia, tanto formal como electoral, en los distintos partidos socialdemócratas.

Publicidad

La crisis económica ha puesto de manifiesto la cobardía política e intelectual de los partidos de izquierda socialdemócrata para alumbrar unas políticas que mitigasen, primero, los enormes efectos sobre las clases medias y bajas de las políticas implementadas con alegría y rigor por parte del conjunto de gobiernos socialdemócratas en Europa. Pero más grave aún fue la incapacidad para tejer y diseñar políticas alternativas, abrazando la falsa premisa que la única política económica posible es la neoclásica o de oferta, dictada por la Troika. Aquí los alumnos más aventajados han sido los primeros ministros de Francia, España, Holanda o Italia, pero también en Portugal o Grecia donde los electores borraron del mapa político a los partidos socialdemócratas que iniciaron dichas políticas.

Las soluciones al shock de demanda efectiva, unido a una profunda recesión de balances, han girado en torno a la reducción de la inversión pública, deflación salarial, recortes en políticas públicas, aumento de la desigualdad y la fortísima sima entre lo público y lo privado, han igualado en la percepción ciudadana a los dos grandes partidos políticos a nivel europeo. Si a esto unimos los casos de corrupción que asolan a las dos grandes formaciones políticas en España, con una connivencia política entre ellas que asquea a una gran parte de la población, explicarían el tsunami acaecido en las últimas elecciones europeas. La pérdida de hegemonía del bipartidismo, fórmula muy defendida por sus actores principales, abre una vía para un cambio de estrategia política desde las opacas organizaciones como PP o PSOE a nuevas formas de hacer política, todavía muy verde, que giran en torno a las organizaciones sociales y vecinales, que han decidido dar un paso adelante.

Frente a esta nueva forma de hacer política, más cercana al ideario griego de servicio público, el PSOE encara a regañadientes y con escaso entusiasmo, un cambio de look cosmético y con claro mensaje interno, que les permita rehacerse y así volver a formar parte del stablisment, donde siempre se le ha considerado un invitado obligado. La falta de influencia social, administrativa y económica del PSOE les ha generado un complejo de inferioridad atávico que se dejaba ver cada vez que ascendían al Gobierno, que no al poder, desde el año 1982. Únicamente la ascendencia social y política de Felipe González les permitió mantenerse en el Gobierno durante muchos años, pero solo gracias a que inició el proceso de trasvase de renta desde el sector público al sector privado, con el proceso de privatizaciones, y que inauguró el modelo de capitalismo castizo o de amigos, muy apreciado por sus sucesores. La puesta en marcha de un tímido Estado de Bienestar se permitió por parte de las fuerzas fácticas herederas del franquismo, gracias a que se consagró y se selló el modelo de educación concertada con la institución de la Iglesia, se inició el modelo de sanidad pública y privada, y se gestó el modelo de mercado laboral dual con una clara asimetría de poder de negociación entre patronales y trabajadores.

Este pacto entre el inquilino socialdemócrata y el poder económico se ha dejado notar en el destino de buena parte de los dirigentes del PSOE, especialmente en el área económica, que han aterrizado en los Consejos de Administración de las otrora empresas públicas que fueron vendidas, en primera instancia, por los Gobiernos de González y luego de Aznar. Esta confusión entre principios básicos, ética y negocio ha difuminado completamente el papel del PSOE en la sociedad española, donde en algunos territorios como Madrid, Valencia o recientemente Cataluña o País Vasco, se ha convertido en una organización marginal. La búsqueda de la rentabilidad económica, abandonando los principios de equidad, como se prueba en el avance de la inequidad con Zapatero, la sensibilidad social y la profundización de una mejor democracia, explican la travesía del desierto que el PSOE inició en 2011.

Lejos de aprender de la lección, el PSOE ha diseñado una hoja de ruta basada en la misma estructura organizativa, agrupaciones vacías donde los escasos y desmoralizados militantes conspiran y pastelean puestos en listas a ‘Congresillos’ o Congresos, antesala de listas electorales pobladas por personas con escasa formación política y profesional, con excepciones, y que tratarán de buscar en la política su carrera vital. Para trufar este inmovilismo político e intelectual, han encumbrado el método de la democracia directa para la elección de su máximo dirigente, creyendo que eso puede soterrar la verdadera herida abierta que sangra y supura cada vez con más fuerza. Esta herida tiene su origen en la falta absoluta de iniciativa política, capacidad técnica y humana que ilusione a un conjunto de la población que está huérfana de representación política.

Esta depresión interna comenzó a hacer mella a finales de 2012 y algunos dirigentes jóvenes y menos jóvenes iniciaron una prospección interna a ver quién podía matar al padre Rubalcaba que había ganado un Congreso en Sevilla, donde se intentó tapar la hemorragia y se votó en contra de una dirigente como Carme Chacón que logró aglutinar casi al 50% de la organización. Entre espectáculos cada vez más grotescos, como la confección de la lista a las Elecciones Europeas, el partido se inventó una contienda electoral a Secretario General, cuyos candidatos apenas despertaron el interés social y mediático, pues confluían elementos que alejaban a los electores de los contendientes. De nuevo, como ya ocurrió en la elección de Zapatero, se crearon coaliciones espurias entre dirigentes regionales que en muchos territorios han dirigido la victoria final de Pedro Sánchez. La escasa preparación política del mismo, su carencia de bagaje profesional y su conocida veleidad ideológica imprescindible para manejarse en los cenáculos del IBEX y sus tentáculos económicos, anticipan una sima aún mayor para lo que antiguamente era la alternancia del PP.

Con un liderazgo tan líquido y escasamente formado, se avecinan tiempos muy convulsos para el PSOE en una sociedad rota como es la española, cada vez más desigual y sin perspectivas de cambio político a pesar de la pésima gestión del actual Gobierno central de Rajoy y el resto de Gobiernos regionales y locales. Con todo ello, el Congreso Extraordinario sólo cabe esperar cómo se solventan las tensiones territoriales por el reparto de las sillas de la Ejecutiva. Pero eso en nada mejorará la solvencia de una organización que navega sin rumbo hacia la irrelevancia social. Por la izquierda está surgiendo algo nuevo que mucha gente anhela cuaje en una verdadera organización política que atienda y solucione la quiebra de una sociedad huérfana de dirigentes políticos, sociales y empresariales que alumbren un nuevo orden dentro de la UE.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.