Cine al pairo, cine de verano

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Imagen de un cine de verano. / Fescinal-Efe.

Uno de los placeres baratos que ofrece el verano es el cine al pairo, en silla plegable y con una cervecita o un bocadillo a mano. Es un milagro que se conserve esa costumbre, a pesar de lo poco dados que somos los españoles a conservar las cosas cuando ya han cumplido añitos, por buenas que sean. Hace la tira, en el cine de verano de Toledo al que yo iba, por un duro daban dos películas –una, al menos, del Oeste- y podías ponerte como el quico de pipas. Además, el cielo estrellado y la brisa de la noche eran gratis. Y siempre había algún aliciente más, tipo por ahí van Fulano y Zutano, en la fila cuatro, con lo buenos que están, y cosas así. Por eso, no importaba mucho que el mismo indio se hubiera caído del caballo dos o tres veces en la misma escena, como solía ocurrir en aquellas pelis tan memorables de las que nadie sabe quienes eran ni el director ni los actores.

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Del duro se ha pasado al euro, con el vértigo consiguiente producido por los años transcurridos desde entonces, pero aún se puede ir al cine hasta gratis. Por ejemplo, en Málaga, no te piden nada por su cine abierto de par en par. Y en Cádiz han montado una playa de cine, literalmente, en la que se puede una acomodar gratis, mientras contempla un buen filme.

No se quedan atrás en tierras mañas, y en Zaragoza, el Parque Grande, que ahora se llama José Antonio Labordeta, se convierte en verano en un parque de cine hasta bien entrado septiembre y gratis.

Ni siquiera Barcelona, a pesar del dicho de la bolsa, que si 'sona' que si no sona, deja de ofrecer cine gratis, cine independiente, por más señas, en la playa de San Sebastián.

Y como los bolsillos andan un tanto encogidos últimamente, Madrid se apunta a lo gratis en varios puntos: En el Campo de la Cebada (Metro La Latina) gratis total

En la Casa de Lope de Vega dan películas de época, que se dice, especialmente de la época del gran autor del Siglo de Oro, gratis, hasta el 2 de agosto

Es una alegría comprobar la de sitios a los que se puede ir sin tener que desembolsar un dinero que sobra cada vez menos. Sin llegar al duro de mi relato de arriba, la Filmo madrileña, en su sala de verano del Cine Doré, cobra solo 2,50 € por ver joyas del cine de todos los tiempos.

Por medio euro menos, te ponen películas en el Centro Cultural Paco Rabal de Entrevías, también en Madrid.

En Barcelona, también por 2 eurillos, se puede pasar una noche al fresco mirando alguna película interesante según el programa del Cinema a la fresca en L’ Illa, aunque habrá que consultar en qué idioma van los doblajes y los subtítulos, para no tener que recurrir a un curso 'gigacelerado' de catalán.

La Terraza de La Casa Encendida no se queda fuera de las ofertas muy interesantes de películas, aunque haya que estirarse un euro más, hasta los 3 €, pero ese cine los merece.

En el Sacromonte granadino se lo montan por 3,50 euros, sin privarse de entorno romántico. Y en Sevilla te proponen asomarte al patio, por 4 euros, si quieres ver buen cine.

A partir de aquí, hay que desembolsar de 5 a 6 euros en diferentes lugares, unos simpáticos, como el Parque de la Bombilla de Madrid, que organiza cada verano desde hace unos cuantos, su Fescinal, desde 4€ en adelante.

Por el mismo precio, si andan por Toledo –que tira mucho este año con el asunto de El Greco- en el Parque de las Tres Culturas, dan cine por 4 euros. 

Y el cine de verano del Conde Duque, a 5 euros, propone películas de las que se han podido pasar desapercibidas por exigencias del mercado y te apetece rescatar. Por el mismo precio, en el Parque Calero se puede disfrutar de esas noches de tinto de verano y pipas de girasol bien tostadas.

El Castillo del Montjuic presta sus muros históricos para ofrecer pelis en versión original con subtítulos en castellano, a pesar de que en la página lo pongan todo en catalán por exigencias de la Santa Generalitat. Sólo hasta el 6 de agosto. Y vale 6 euros. Por último, aunque no sea lo menos importante, en Extremadura llevan a cada rincón de la región cine en 35 mm, por última vez. Así que los más puristas de entre los cinéfilos ya saben lo que deberían mirar, no vaya a ser que lo lamenten luego.

Sin pretender ser exhaustiva creo que casi lo consigo, sin embargo, sirva esta relación para hacerse una idea de cómo las viejas costumbres, esas que trasladan al ambiente del Cinema Paradiso, no tienen porqué parecer cutres o casposas. Lo bueno si vale, vale, por mucho tiempo que le haya pasado por encima. Vale.