Un país profundamente imperfecto

Mariano Rajoy, el pasado martes, durante la rueda de prensa que ofreció al término de la XXIV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada en la ciudad mexicana de Veracruz. / Mauricio Dueñas (Efe)
Mariano Rajoy, el pasado martes, durante la rueda de prensa que ofreció al término de la XXIV Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno celebrada en la ciudad mexicana de Veracruz. / Mauricio Dueñas (Efe)

“Ningún país es perfecto”, ha reconocido el presidente de Estados Unidos tras dar a conocer las torturas de la CIA. “Pero una de las fortalezas que hacen excepcional a EEUU es nuestra voluntad de confrontar nuestro pasado abiertamente, afrontar nuestras imperfecciones, cambiarlas y hacerlo mejor”, sentenció Barak Obama.

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Ningún país es perfecto, pero el que preside Mariano Rajoy se acerca bastante a esa excelencia soñada. “España es la décima potencia mundial en producción científica”, ha dicho el presidente del Gobierno durante su visita a México. “Somos un país donde se hace muy buena investigación. Tenemos varios centros de primer nivel… Nuestro avance en las últimas décadas ha sido enorme”. El presidente, que prometió desde su llegada a la Moncloa la ley de transparencia que entra en vigor ahora, justo al final de la legislatura, se mostró triunfalista en lo que debemos entender como un soberbio ejercicio de luminosidad. Lástima que ocultase un dato importante: su Gobierno redujo en un 25% el presupuesto para la I+D civil en su primer año de mandato. “El recorte es mucho peor de lo esperado a pesar de todas las movilizaciones, declaraciones y llamamientos de alerta desde la comunidad científica”, aseguró entonces la prestigiosa revista Science, “y causará un daño considerable a largo plazo en el ya debilitado sistema español de investigación, contribuyendo a su colapso”.

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Rajoy presume sin sonrojarse, con total descaro, del nivel de una ciencia que su Gobierno ha despreciado y abandonado, ha condenado a un éxodo dramático. “Nuestro avance en las últimas décadas ha sido enorme”, dice el presidente sólo unos días después de que Felipe VI critique la fuga de cerebros a causa de una tasa de paro “inaceptable”: “España no se puede permitir el lujo de preparar investigadores para que salgan al extranjero sin retorno posible”. Se desmantelan hospitales de referencia y laboratorios como el Príncipe Felipe de Valencia, los jóvenes investigadores recurren a fundaciones de patrocinio, bajan los presupuestos y aumentan las trabas burocráticas, se congelan plantillas en los organismos de investigación públicos y universidades, se frena el avance de las mujeres científicas

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Y Rajoy presume de la ciencia en España.  Presume de la ciencia como podía presumir de la creación de empleo, un éxito grandioso, o de la lucha contra la corrupción, estamos trabajando en ello. Rajoy elige el día en que su Gobierno presenta un Portal de la Transparencia que ha costado 1,4 millones de euros, y que en el momento de escribir este post se encuentra caído, porque está de vuelta y todo vale, porque como dice Obama, “ningún país es perfecto”.

La España de Rajoy es algo más que imperfecta porque está construida sobre unos cimientos corruptos. Cuando has cobrado dinero negro, cuando tu partido se ha financiado ilegalmente, cuando has dicho “se fuerte” a tu tesorero sabiendo que tenía dinero en Suiza… Todo vale. Y por si alguien no está de acuerdo, se aprueba hoy jueves una Ley de Seguridad Ciudadana que convierte al ciudadano que no se traga las mentiras del Gobierno, que se siente engañado y protesta, en un antisistema. Para silenciar el malestar social, para restringir derechos ciudadanos, una ‘ley mordaza’. Represión. Miserias de un país profundamente imperfecto.

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