Individuos sistematizados

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Kirk-kerkorian
Kirk Kerkorian, en una imagen de archivo. / Wikipedia.org

La pasada semana fallecieron, con apenas unas horas de diferencia, Kirk Kerkorian y Nek Chand. El espacio que dedicaron a estos grandes hombres las secciones de necrológicas de los principales diarios fue muy similar: se trataba de dos emprendedores semejantes, pero antagónicos. Dos trenes igual de veloces circulando en direcciones opuestas. ¿Quienes eran Kirk Kerkorian y Nek Chand? se preguntará usted un tanto impaciente a estas alturas de post. Créame, estamos ante las dos orillas de un mundo globalizado en el que los extremos se tocan.

Kirk Kerkorian era el multimillonario que a golpe de talonario convirtió Las Vegas, eterna capital del vicio y el placer ilegal, en el parque temático de turismo familiar que es hoy en día. Nek Chand fue el creador del Rock Garden (Jardín de Rocas), un mundo fantástico de esculturas, murallas y paseos construido con desechos de vertedero, auténtica morralla, que se ha convertido en la mayor atracción turística de la ciudad india de Chandigarth.

Dos tipos creativos, visionarios, siempre ingeniosos y en ocasiones delirantes, diseñadores de quimeras opuestas que construían gracias a su enorme olfato y perspectiva arquitectónica. Kerkorian se inclinó más hacia el sector inmobiliario: compró el solar donde se levanta el mítico Caesar Palace, construyó el MGM Casino y tuvo una participación decisiva en la renovación del centro de Las Vegas. Olía la pasta. El autodidacta Chand se consideraba un artista urbano de imaginación desbordante capaz de levantar un universo imaginario con materiales innobles recogidos en basureros. Soñaba en tecnicolor. Eran el norte y el sur. Lo ostentoso del dinero y lo fastuoso del ingenio. El dólar frente a la chatarra.

Kirk Kerkorian y Nek Chand. La necrológica del primero, una máquina de hacer negocios y generar parné, ocupó en El País 427 palabras y una fotografía pequeña, a una columna. La del segundo, un altruista visionario con pájaros en la cabeza, necesitó 416 palabras y una fotografía al mismo tamaño. Vidas paralelas, las del depredador y la presa, el constructor y el creador. ¿Existencias equidistantes en un mundo raro, como el de José Alfredo Jiménez, donde triunfa el amor y nadie ha llorado? Yo me inclinaría por un mundo engullido por el desarrollo capitalista que, como sugirió Max Weber, nos impide llegar a conocer más allá que individuos sistematizados.

1 Comment
  1. Mecacholo says

    A veces, hay que morirse para que se acuerden de ti.

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