El periodismo del futuro como realidad virtual inmersiva

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Juan Luis Cebrián (izqda), Manuela Carmena (centro) y Antonio Caño (dcha), consejero delegado de Prisa, alcaldesa de Madrid y director de El País, respectivamente, durante el aniversario del periódico. / Ángel Díaz (Efe)
De izda. a dcha., Cebrián, consjero delegado de Prisa; Carmena, alcaldesa de Madrid, y Caño, director de 'El País', en la inauguración de la exposición del 40 aniversario del periódico. / Ángel Díaz (Efe)

No todo van a ser malas noticias en esta profesión, la de periodista, que vive momentos de dudas, incertidumbre, recortes, expedientes de regulación de empleo, censuras y leyes mordaza. También hay un hueco para el optimismo, para la esperanza, para confiar en el futuro de la información como servicio público y garantía democrática. Si no me cree, si es usted uno de esos cenizos que piensan que el mundo digital mató a la estrella del periodismo, recuerde las palabras de uno de los grandes visionarios de este país, Juan Luis Cebrián: “La crisis de la prensa no es una crisis, es un cambio de paradigma”.

Brillante, ¿no es cierto? Pues la cosa no queda ahí, una reflexión lúcida para los diccionarios de citas. El bueno de Cebrián demuestra que no sólo es un teórico, que está al día de lo que exigen los lectores, que conoce las necesidades informativas de los ciudadanos. Coincidiendo con el 40º aniversario de El País, buque insignia de Prisa, el diario lanza un reportaje en formato de realidad virtual. ¿Mande? Sí, un reportaje grabado en 360 grados que incluye infografías tridimensionales y sonido inmersivo.

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Hay tres grandes vías para disfrutar de este reportaje. El canal Youtube del periódico. La app de El País VR para móvil, disponible en tiendas de iOS o Android, con unas gafas compatibles con Google Cardboard. O la mejor opción, aquella “que posibilita una inmersión total”: usando unas gafas Samsung Gear VR o unas Oculus Rift conectadas al teléfono móvil o al ordenador. Rajoy lo experimentó ayer en la fiesta de El País...

Como no tengo a mano unas Samsung Gear VR, y por alquilar unas Oculus Rift me piden 350 euros, me pongo una viejas gafas de bucear, tuneadas con unos envoltorios de celofán de unas frutas de Aragón y pincho en la web de El País a voleo. En busca de algo de realidad virtual inmersiva, usted ya me entiende…

¡Bingo! “Así es el frigorífico de algunas familias venezolanas”, titula la sección Internacional de El País un pedazo de reportaje gráfico. El interior de las neveras de los venezolanos a todo color. Verduras pochas, un triste muslo de pollo, dos plátanos ennegrecidos, media bolsa de pasta… Y una sucesión de pies de foto informativos a más no poder:

"Ahora comer es un lujo, antes, podíamos ganar algo de dinero y comprar ropa o algo. Ahora se va todo a la comida".

"Tengo que salir de casa a las cinco de la mañana, con el riesgo de que me maten, para guardar cola todo el día y comprar sólo dos o tres productos".

"Estamos comiendo mal, no comemos de forma equilibrada. Si almorzamos, no cenamos y, si cenamos, no desayunamos".

"Antes podíamos comprar comida para 15 días, ahora sólo podemos cubrir las necesidades diarias".

"Estamos comiendo menos porque no se encuentra comida y, cuando aparece, las colas son infernales. Ahora ya no comemos tres veces al día: comemos dos, y si las tenemos".

Me quito las gafas de buceo, abandono la realidad virtual y seco las lágrimas que anegan mi rostro. No sé si por la tristeza de los frigoríficos venezolanos, por la tendenciosa mediocridad del reportaje (indigno de un gran periódico) o por no haber sido capaz de disfrutar del periodismo inmersivo que proponen Cebrián y sus chicos. Una experiencia sin duda fascinante destinada a demostrar el cambio de paradigma que padecen algunos medios: lo que fue buen periodismo independiente, ahora es basura tendenciosa. La crisis del periodismo.

2 Comments
  1. Neo says

    ¿Por donde queda Bruclin en Madriz?

    No sabía que existía y he flipado con esta otra realidad virtual …

  2. Piedra says

    La inquina de El País con Venezuela data de cuando Chaves no les permitió trincar, como en México, donde pagan poco, tarde y mal a los colaboradores y envían periodistas con contratos basura que previamente han pagado el master del periódico y han tenido la suerte de ser elegidos. Es lo que hay.

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