Las Bolsas huyen del ‘Torrente’ norteamericano

Alejandro InurrietaLos peores augurios se han cumplido y el magnate norteamericano Donald Trump se ha convertido en el presidente norteamericano número 45. Al final, y a pesar de perder en voto popular frente a la peor candidata posible para vencer la ola de xenofobia y rabia de los desheredados de la crisis, el candidato republicano se ha hecho con 290 votos electorales, frente a los 228 de Hillary Clinton.

Atrás ha quedado, probablemente, una de las peores campañas electorales que ha fraccionado en dos al país y ha dejado la sociedad norteamericana muy huérfana de sentido común para encarar el triste futuro que les espera, incluso antes de que Trump ocupe la Casa Blanca.

Es pronto y prematuro poder explicar con rigor qué ha pasado para que el candidato más racista declarado, más misógino y homófobo, amén de proteccionista y antiliberal en lo económico, haya podido conquistar, no solo a los votantes blancos ilustrados, sino también a muchos más hispanos, mujeres y negros de lo que cabría esperar tras el espectáculo vivido durante el último año y medio.

Pero sí se puede ver que han sido los Estados otrora más industrializados –Ohio, Pensilvania, Michigan, Iowa y Wisconsin– los que han cambiado de manos frente a las últimas elecciones, lo que sin duda ha decantado el triunfo sin parangón de Trump. La característica que les une a todos ellos es que gran parte de la población que estaba ocupada en la industria está hoy en paro de larga duración, que han bajado los salarios de la población que todavía conserva el empleo y que las condiciones de vida y trabajo han empeorado de forma significativa.

Esta población, en general blanca y con cualificación media o baja, es también la que inclinó la balanza en el Brexit británico, por lo que se puede hablar de una coalición de votantes tradicionalmente de izquierdas (o demócratas en la filosofía de EEUU) la que está detrás, en gran parte, de los terremotos electorales que se suceden en todo el mundo occidental y que pronto llegará a Europa. Francia es el próximo objetivo de los damnificados por la globalización sin fronteras y sin regulación que ha motivado que se pueda competir en igualdad de condiciones a países como China, sin ningún control sobre condiciones de trabajo, y el resto de economías con regulaciones amparadas por la OIT, aunque EEUU no tenga aprobados varios acuerdos de la misma.

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Este proceso de desregulación ha llegado también el sector financiero, que se ha apropiado de la llave de la actividad económica y condiciona ya de forma absoluta las decisiones políticas de gobiernos y organismos multilaterales. Con este proceso de financiarización de la economía se ha cambiado el paradigma de las grandes empresas: lo que ahora importa por encima de todo es el accionista. Por ello, las tasas de inversión se han desplomado, el desempleo de larga duración se ha multiplicado y las tasas de actividad y empleo disminuyen dejando paisajes desoladores en multitud de ciudades en todo el mundo, gran parte de las cuales son norteamericanas, y son las que se han decantado por el Torrente norteamericano encarnado por Trump.

Como casi siempre en estos casos, las primeras horas en los mercados financieros han sido de pánico y búsqueda de refugio en activos seguros. Las soflamas contra el libre comercio, contra México y contra las grandes corporaciones, un cierto estilo populista y antisistema de alguien que viene y vive del sistema, resulta chocante. Ello ha llevado a los mercados financieros a pensar también que la alianza con Putin puede desenterrar la guerra fría otra vez, y con ello la inestabilidad política planetaria.

Pero nada de esto va a ocurrir. Los que van a sufrir de verdad no son los tenedores de activos financieros, sino las minorías que van a ser los grandes paganos de la hostilidad hacia el multiculturalismo norteamericano. La acumulación de poder en Senado y Congreso y los cambios esperados en el Tribunal Supremo van a provocar un giro en derechos civiles como el aborto o las leyes anti racismo. Pero nada se espera en el campo económico, donde los grandes lobbies, algunos de los cuales como parte del armamentístico estaban con Hillary, seguirán marcando el paso y manejando los hilos económicos del país.

En resumen, no se dejen impresionar por las caídas en Bolsa, ya que al igual que en el caso del Brexit, volverán a su seno, salvo que de verdad se cargue la independencia de la Reserva Federal y nombre a alguien que cambie drásticamente la política monetaria y lastre las burbujas de deuda y bolsa que siguen engordando a buen ritmo. Como siempre, los más perjudicados serán los que ya lo han perdido todo y que hoy han decidido votar a un personaje como Trump. Ni el empleo industrial va a volver, ni la grandeza de EEUU tampoco. Los salarios seguirán la senda de miseria y el valor del accionista será preponderante frente a una población cansada de luchar por derechos que algunos ya nunca volverán. Como en España, lo malo conocido ha vuelto a ganar, y en este caso con sabor castizo y casposo, el llamado Torrente de Manhattan.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.

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