Navidad

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Navidad
Cortylandia 2013 en el Corte Inglés de Sol en Madrid. / Youtube

Es Nochebuena, y quedo a mediodía con unos amigos para tomar el aperitivo en uno de mis rincones favoritos de Madrid: la terraza del Museo de Ciencias Naturales. Temo que esté abarrotado de familias en busca de pulpos gigantes y dinosaurios terroríficos, pero el plan compensa cualquier incomodidad. Cerveza y fósiles al sol madrileño de diciembre. ¿Alguien da más?

Cuando llego la terraza está vacía. Entro en el Museo para saludar a Américo, el librero responsable de la tienda, y lo encuentro solo, preparando unos paquetes. ¿Y los niños acelerados maltratando los tiburones blancos de trapo? ¿Y los padres, ajenos a sus proles, jugueteando con los móviles? ¿Dónde están las hordas de familias ansiosas por verse cara a cara con los auténticos protagonistas de Parque Jurásico? “En el Corte Inglés, imagino”, responde Américo mientras pone en su sitio una nueva edición en castellano de un clásico de Lamarck.

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Efectivamente. Paso horas después cerca de Cortylandia, el ejemplo perfecto de la estupidez y miseria de los grandes almacenes y los centros comerciales, y contemplo cómo las familias corren desesperadas para coger buen sitio para el siguiente paso del cebo comercial. Nieve falsa, muñecos que se mueven como robots desajustados, música de lata latosa y cientos de cerebros en estado de pausa. Cuando acaba el show, entran como corderos en busca de algo que comprar.

La Navidad ha sido definitivamente acaparada por el comercio, que lo considera una más de sus grandes campañas comerciales anuales. La Navidad es, cada vez más, un puto asco. La fiesta del beber y del comer, del cuñado y el Alka Selzer, de echar de menos a los ausentes, de regalar lo innecesario gastando lo necesario, del discurso ridículo de un personaje absurdo. Si baja el interés por los dinosaurios, ese museo medio vacío, ¿Cómo no va a descender el interés por la monarquía? Ese discurso patético, despachando con dos frases temas como la desigualdad, la corrupción o el paro, pronunciado al dictado por un extraterrestre…

Y aquí viene la referencia a Cataluña, inevitable en toda conversación familiar navideña. ¿Se puede sacar algo positivo de lo que la prensa conservadora denomina “deriva secesionista”? Por supuesto: lo bien que suena eso de “República catalana”.

1 Comment
  1. florentino del Amo Antolin says

    Javier, todo parte de las mentiras que se tragaron nuestros ancestros; unas imposiciones docmaticas metidas en el ADN por aquellos dominadores eclesiasticos locales. Se fundian la religión con el Franquismo; un casamiento de intereses morales y dictatoriales, heredados por transmisión… ¡ Ilusión y miedo !. El consumismo vino despues envuelto en el mismo celofan, que las inmatriculaciones. Ni los niños vienen de París; ni los reyes son Magos, aunque tiene misterio poder gobernar sin ser elegido. Cuando nuestros ancestros, han visto dictaduras, dos Repúblicas Democráticas… Volvemos al: » 25 De Diciembre, fún fún, fún «. Javier, la esperanza , es la llama que terminará por abrasar el yugo y las cuerdas impuestas al ser humano por falsos reyes, y subditos del IBEX 35 %. ¡ Que si los reyes són Magos, nos traigan una República !… Y si no puede ser… ¡ Un referendum democrático !.

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