Y volverán los tanques a Catalunya…

  • La caverna, Ciudadanos y PP afean que Sánchez pueda ser apoyado por independentistas
  • Según el CIS, la corrupción es un problema mucho mayor que el independentismo para la sociedad

Rajoy tendrá su moción de censura. La sentencia de la Audiencia Nacional por la Gúrtel ha sido implacable. El PSOE registraba ayer en el Congreso la iniciativa. Pueden salir las cuentas. Pedro Sánchez volverá a la tribuna del hemiciclo, volverá a defender un programa de gobierno. La última vez que lo hizo, en marzo de 2016, sus pretensiones de ser investido presidente fueron derrumbadas por la negativa de PP y Podemos. Más tarde, Sánchez reconocería en Salvados que los poderes fácticos y mediáticos españoles le impidieron negociar con Podemos para formar un gobierno de izquierdas que se entendiera con los independentistas catalanes. PRISA apretaba, la caverna mediática no dio respiro, reconocía el entonces ex secretario general socialista.

Más de dos años después, con un restituido Sánchez en el trono de Ferraz, este ha cambiado drásticamente su postura sobre Catalunya. El discurso de Felipe VI el 3 de octubre, dos días después de la celebración del referéndum en Catalunya, llamó a filas a los socialistas que no dudaron un instante en cuadrarse del lado de la Monarquía, de la sacrosanta Constitución del 78. Horas antes de que el rey abroncara a los catalanes que habían ido a votar el 1-O en su famoso mensaje televisado, la portavoz parlamentaria socialista, Margarita Robles, anunciaba que presentaría una reprobación a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría a la que tachaba de responsable de la brutalidad policial vivida en Catalunya durante el 1-O. Dos semanas después, el PSOE retiraba dicha reprobación. Cerraba filas. El PSOE plurinacional pasaba a mejor vida.

El 27 de octubre, tras la declaración unilateral de independencia expresada por Carles Puigdemont en el Parlament, el Senado, con el apoyo de los socialistas, activaba el 155: disolución del Parlament, cese del Govern, convocatoria de elecciones que se celebrarían el 21-D y que volverían a sentar a una mayoría absoluta independentista en el legislativo catalán. Desde entonces, hasta hoy, todavía no se ha conformado Govern. La toma de posesión de Quim Torra el pasado 17 de mayo y su voluntad expresa de integrar en el Govern a presos y “exiliados” no ha resuelto la crisis de gobernabilidad en la Generalitat. PP, PSOE y Ciudadanos se mantienen unidos en no levantar el 155, en endurecerlo.

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Durante todo este tiempo, el PSOE, y el PSC, han desarrollado un discurso cada vez más duro contra el independentismo. Sánchez ha sido el socio favorito de Rajoy durante las últimas semanas para enfrentarse al entuerto catalán, ante el meteórico ascenso de Ciudadanos en las encuestas. Sánchez ha endurecido mucho el tono con Catalunya: al actual president no ha dudado en tacharlo de “xenófobo” y “supremacista” por artículos y declaraciones suyas de poca altura ética y estética hacia el resto de los pueblos y ciudadanos del Estado.

Además, Sánchez ha pedido una reforma del Código Penal para revisar la definición del delito de rebelión y adecuarlo a la situación catalana, tras el fracaso, hasta el momento, de la doctrina Llarena. Ha pasado de solicitar la reforma de la Constitución como fórmula de resolver el problema territorial a solicitar la reforma del Código Penal. Sánchez, el PSOE más españolista, menos catalanista, inició ayer el trámite para una moción de censura a Rajoy.

Difíciles cuentas tiene que echar el PSOE para que esta salda adelante, pero es posible, en el Gobierno no descartan que Rajoy tenga que salir cabizbajo y humillado de la Moncloa. Sería la primera moción de censura que triunfara en nuestra democracia postfranquista. Dos opciones de éxito tiene Sánchez: o entenderse con Ciudadanos y Unidos Podemos; o hacer lo propio con el grupo confederal encabezado por Pablo Iglesias y con nacionalistas e independentistas periféricos. El PNV vuelve a ser clave para la gobernabilidad española, tal y como lo fue esta semana para aprobar los presupuestos del PP junto a Ciudadanos.

Ciudadanos, que ha convocado una nueva rueda de prensa hoy a las 13 horas y quizás sorprenda, se encuentra en la encrucijada y exige una moción “instrumental” para convocar elecciones de inmediato. En la encrucijada, cuando las encuestas le otorgan una clara tendencia ascendente, temen que Sánchez, en Moncloa, pueda capitalizar una buena parte de su posible electorado. Por otro lado, el partido naranja, que además de la bandera española empuña la de la regeneración política, recuenta qué desgaste puede tener que, por su acción u omisión. el PP, tras la sentencia de la Audiencia Nacional, permanezca en la Moncloa.

Quizás veamos a un Ciudadanos duro, hiperventilado, gesticulante con Catalunya. Ayer el teatro naranja volvió al Parlament cuando su portavoz Carles Carrizosa arrancaba un lazo amarillo de un escaño destinado a un conseller, vacío. Quizás veamos a un PSOE manteniendo su dureza contra el independentismo incluso desde la tribuna del Congreso durante la moción para hacerse con el apoyo naranja. Quizás Sánchez y Rivera, tal y como hicieron en los primeros meses del 2016, sean capaces de entenderse nuevamente, bajo la bandera española, un nacionalismo español rejuvenecido y moderno, frente al del PP. Unidos Podemos apoyará la moción sin contraprestaciones. Saldrían las cuentas.

Quizás veamos a un Sánchez “revolucionario”. Ese que reconoció que los poderes fácticos y mediáticos le defenestraron de la Secretaría General del PSOE en su anterior etapa. Un Sánchez reformista, que se atreva a jugar con una reforma de la Constitución en su 40 aniversario. Capaz de dialogar con nacionalismos periféricos e independentistas. Quizás la solución política al problema territorial, después del hasta ahora fracaso judicial, esté más cerca y las políticas progresistas se aproximen a la Moncloa. Depende, en gran medida, del PNV.

En Catalunya, los más mayores, recuerdan todavía los tanques entrando en Barcelona en la Guerra Civil. Los tanques entrando por la Diagonal. Una frase que algunos extremistas derechistas españoles han usado como anhelo durante los últimos años, cuando el secesionismo tomaba fuerza. Todavía el comunicador Jiménez Losantos balbucea desde su micrófono sobre futuros bombardeos sobre Catalunya. Una frase, la de los tanques y la Diagonal, que sectores del independentismo han repetido también para exacerbar y polarizar a sus seguidores contra todo lo que huela a España.

Nos movemos en el terreno de lo simbólico, de los tuits, de las frases cortas y los titulares, los dúplex televisivos. Ciudadanos ayer ya alertaba y tachaba a Pedro Sánchez de aproximarse al independentismo con el fin de llegar a la Moncloa. Rajoy, derrotado, en la rueda de prensa desde Moncloa, hacía lo propio. Editoriales y opinadores de grandes medios de Madrid ya alertan, de nuevo, a Sánchez de que no debe buscar a la izquierda y en las periferias.

Ahora los tanques son mensajes, son consignas, titulares. Y volverán los tanques a Catalunya, en los próximos días. Disuelta ETA, el enemigo interno es el independentismo catalán. Volverán los tanques a Catalunya para presionar a Sánchez. Ciudadanos levantará más alta su bandera española y su confrontación contra el independentismo subirá de nivel; el PP, más de lo mismo.

Pero, alerta, miremos el Barómetro del CIS del pasado mes de marzo. El principal problema de la ciudadanía española es el paro (41,1), después la corrupción y el fraude (14,5), en tercer lugar los políticos en general, los partidos y la política (12,2). La independencia de Catalunya es un problema menor (2,8). En los próximos días de negociaciones y de declaraciones, de sobreactuaciones y lamentaciones, nos harán creer que el independentismo es el principal problema de la opinión pública. La caverna está preparada, Ciudadanos y el PP ya se saben la lección… Y volverán los tanques a Catalunya… Y han comenzado. "A por ellos".