Por un Madrid sin vidas precarias

Elena Hernández y Raquel Carrasco

Hace unos meses, Manuela Carmena anunció la creación del Faro de la Desigualdad, un observatorio que nos permitirá identificar las principales causas de desigualdad en esta ciudad para implementar las medidas y políticas sociales que se necesitan. Ante la amenaza de una derecha que, incapaz de plantear una alternativa económica, recurre al odio al diferente, las políticas sociales son la mejor herramienta para frenar la desigualdad. Podemos ha demostrado ser esa herramienta útil para mejorar la vida de la gente y disputar el poder a las élites. Lo hemos hecho demostrando que los números si daban para echar a M. Rajoy con una moción de censura que no hubiera sido posible sin movimientos populares como los pensionistas o el 8M, o con unos acuerdos presupuestarios con el gobierno que ponen a las personas en el centro de la política y permiten que los Ayuntamientos puedan invertir más y mejor en su ciudadanía.

Publicidad

Pero queda mucho por hacer ya que uno de los mayores retos que debemos afrontar desde Madrid, tras años de recortes, corrupción, privatizaciones o rescates de entidades financieras, es la lucha contra la desigualdad y la precariedad de las vidas de los madrileños y madrileñas. El paisaje de nuestra ciudad refleja esa precarización de la vida con alquileres desorbitados, la expulsión de los vecinos y vecinas de sus barrios por fenómenos como la turistificación, o los riders con sus bicis recorriendo las calles de la ciudad, en pésimas condiciones, con salarios precarios y con sus derechos laborales vulnerados.

Publicidad

La precarización de nuestras vidas es consecuencia de un modelo laboral que ha eliminado derechos y suprimido la capacidad de las trabajadoras y trabajadores a la negociación colectiva obligándolos a aceptar sueldos de miseria y relegando de nuevo los cuidados al ámbito privado. Esta devolución de los cuidados al ámbito privado a través de los recortes en inversión social, en sanidad o dependencia señala una realidad, la de que la pobreza tiene nombre de mujer. Somos las mujeres las que vemos más precarizadas nuestras vidas, la tasa de trabajo temporal o a tiempo parcial, la tasa de desempleo o el abandono del puesto de trabajo para cuidar de un familiar es mucho más alta entre las mujeres que entre los hombres, sin olvidar la brecha salarial.

Artículos relacionados

Además, la mal llamada “nueva economía” o “economía colaborativa” no es otra cosa que un fenómeno que profundiza en la precarización del mercado laboral, la utilización de falsos autónomos y la competencia desleal. Cada vez se extiende más la utilización del término de “uberización de la economía” para describir este fenómeno, resultado de la implantación por parte de empresas multinacionales como Uber, Deliveroo, Amazon o Cabify de un modelo de negocio basado en la explotación y el saqueo de la gente trabajadora.

Frente a la precarización de nuestras vidas, además de las medidas valientes que llevamos desde el Ayuntamiento de Madrid, como lo demuestran unos presupuestos municipales que blindan la gratuidad de las escuelas infantiles, es necesaria la articulación de procesos empoderamiento de los sectores populares. Son la fraternidad y la sororidad como, por ejemplo, la que se produce en los barrios a través de la organización ciudadana en asociaciones de vecinos, plataformas, AMPAS y otras tantas formas que adopta el tejido social en nuestros barrios, las que permiten poner en marcha el proceso de construcción de poder popular, haciéndonos capaces de comprender que los problemas del otro son también los nuestros, o que la forma de hacer frente a una situación de vulneración de derechos es el establecimiento de relaciones de colaboración, solidaridad y compromiso común.

Mañana como ayer, seguiremos trabajando desde las instituciones y en las calles contra la desigualdad y la precarización de las vidas de madrileños y madrileñas.

Elena Hernández, secretaria de relaciones con la sociedad civil Podemos Madrid
Raquel Carrasco, responsable de comunicación Podemos Madrid