Dinamarca dispersa y castiga doblemente a barrios con alta concentración de inmigrantes

Dinamarca dice tener guetos. Así es como denomina oficialmente a algunos de los barrios donde se concentra una alta población de inmigrantes o de daneses de ascendencia no occidental. Ahora el Gobierno danés se ha propuesto acabar con ellos. Para ello tramita esta semana en el Parlamento algunas de las últimas medidas que le quedan por aprobar de un plan cuyo objetivo es hacer desaparecer estas áreas y dispersar a sus vecinos.

El nombre que ha recibido el paquete de medidas es “Una Dinamarca sin sociedades paralelas, ningún gueto en 2030” y, aunque gran parte de su contenido fue aprobado el pasado mayo gracias a una alianza de varios partidos de todo el arco parlamentario, su contenido continúa provocando un profundo debate en la sociedad danesa. Entre las medidas que más polémica han creado destacan las dirigidas a separar a niños de sus padres unas horas a la semana, multiplicar las penas por delitos cometidos por los residentes de estas áreas o posibles retiradas de ayudas sociales.

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“En una generación nuestro país ha cambiado y eso supone un reto para nuestra cohesión”, dijo el primer ministro danés Lars Løkke Rasmussen al presentar el plan ante la prensa. “El Gobierno está preparado para tomar este nuevo camino y llegaremos lejos”.

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Sin embargo, un reciente estudio publicado por la universidad danesa de Aalborg ha encendido aún más el debate en el país escandinavo al contradecir al Gobierno y concluir que experiencias similares en países vecinos han sido muy costosas y apenas han supuesto cambios significativos. La investigación ha mostrado que, en los casos estudiados, la salida de vecinos de sus barrios de residencia solo ha llevado a que se trasladen a barrios de una composición similar, por lo que la dispersión no ha conseguido los resultados que ahora pretende alcanzar el Gobierno de Rasmussen.

Vecinos y organizaciones de las zonas afectadas también han criticado al Ejecutivo, acusándolo de no entender las necesidades que existen en estas áreas y advirtiendo de que, si el plan acaba siendo puesto en marcha por completo, se sumará a los problemas sociales ya presentes e implantará una clara discriminación de sus residentes frente al resto de habitantes del país.

“El Gobierno y la mayoría del Parlamento danés no ha entendido para nada a las minorías étnicas en Dinamarca”, explica Kristian Schwarz, quien trabaja con inmigrantes en proceso de integración en la organización Danish Immigration Counselling. “El Parlamento ha adoptado una actitud de coerción irracional y una discriminación estatal estructural que, además, no tendrá resultados”, añade.

El plan está dirigido a zonas que cumplan dos de estos tres requisitos: más del 50 por ciento de sus vecinos tienen un origen no occidental, más del 40 por ciento están fuera del mercado laboral o del sistema educativo y más de un 2,7 por ciento han sido condenados por algún delito. En total, el Gobierno danés dice que en el país hay unas 25 áreas que entrarían dentro de esta clasificación. En ellas viven unos 60.000 habitantes y no recibieron aviso previo sobre la elaboración del plan.

“Es una extraña manera de hacer las cosas en una democracia cuando no hay diálogo con la gente a la que verdaderamente afecta el proyecto y que vive en estas áreas”, dice Muhammad Aslam, presidente de la asociación de vecinos de Mjølnerparken, una de las áreas de Copenhague que se verá afectada.

Niños más daneses

Entre las medidas que el Gobierno del liberal Lars Løkke Rasmussen quiere implantar, una de las que más polvareda ha levantado es la que afecta directamente a los más pequeños. De aprobarse el plan, los hijos de los inmigrantes de entre 1 y 6 años estarán obligados a pasar al menos 30 horas a la semana separados de sus padres. En ese tiempo, en el que tendrán que asistir a la guardería obligatoriamente, recibirán clases de danés y se familiarizarán con las costumbres del país. En cambio, el resto de niños daneses podrá quedarse en casa y no ingresar en escuelas de educación infantil si así lo desean sus padres.

Otra diferencia que afectará a los habitantes de estas zonas frente a sus vecinos será el castigo que recibirán si cometen un delito. Según estipula el documento en el que el Gobierno ha detallado su plan: “El castigo por, por ejemplo, vandalismo, robo o amenazas se incrementa significativamente dentro de [lo que el Gobierno denomina] la zona de castigo aumentado”. Estas zonas son las que han recibido la etiqueta de guetos.

“En un principio se considerará doblar la pena. Aunque la pena para ciertos tipos de crímenes castigados ya con una condena alta aumentará un tercio. Además, ciertas infracciones que a día de hoy se castigan con multa se podrán castigar con cárcel en casos de reincidencia”, añade el documento.

Esto preocupa a Schwarz y a su asociación porque puede suponer pasos atrás en el proceso de integración de los vecinos de estas zonas: “Inmigrantes de las áreas de gueto que cometan delitos no mejorarán su integración porque, simplemente, estarán el doble de tiempo en prisión”, explica Schwarz sobre lo que él considera una completa contradicción.

Además, para cambiar definitivamente el perfil de los residentes, el Gobierno plantea vender parte de la vivienda pública que hay en estos barrios. Para ello hará más flexible la cancelación de los contratos de los inquilinos y, en los casos en los que sea viable, demolerá directamente algunos edificios.

Una Dinamarca electoral muy diferente

Aslam, que lleva toda una vida viviendo en Mjølnerparken donde ahora representa a sus vecinos, achaca este plan y su contenido a las elecciones generales que se celebrarán antes del próximo verano. “Encaja en el contexto político que estamos viviendo”, dice. “[Los políticos] se han dado cuenta de que es útil ser duro en inmigración, así que ahora es una competición sobre quién es el más duro”.

La actual legislatura está a punto de acabar y el Gobierno tiene que convocar elecciones antes del próximo verano. El partido del primer ministro Rasmussen se juega renovar mandato después de cuatro años con un Gobierno muy frágil. Su partido fue el tercero más votado por detrás de los socialistas, que ganaron las elecciones, y del partido de ultraderecha DF, por lo que ha tenido que ir haciendo equilibrios para sacar adelante las reformas de esta legislatura.

Al igual que ha ocurrido en Suecia, todo apunta a que la campaña electoral girará en torno a la inmigración. Lo que aumentará aún más la presión sobre estos barrios.

“Las familias con más recursos se marcharán, pero las que no tienen recursos tendrán que quedarse porque no tienen más opciones”, se lamenta Aslam sobre el futuro de su vecindario. Y añade: “La Dinamarca que está poniendo este plan en marcha es muy diferente a la Dinamarca que yo conocí cuando llegué con siete años de Pakistán. Ahora siento que nos discrimina y nos excluye de la sociedad”.