La Comuna de París y la pervivencia del espíritu revolucionario

  • Se cumplen los 150 años del inicio de la última revolución francesa del siglo XIX
  • Pese a su brevedad, la insurrección de 1871 sigue presente en el imaginario de la izquierda
  • “Gracias a su brevedad, la Comuna es una revolución más pura”, afirma el historiador Marc César

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PARÍS (FRANCIA).- Solo fueron 72 días de democracia radical, pero su recuerdo sigue influyendo en el imaginario revolucionario. Este jueves 18 de marzo se cumplen 150 años del inicio de la Comuna de París de 1871. El legado de la última revolución francesa del largo siglo XIX —según la terminología del historiador británico Eric Hobsbawm— resulta menos concreto que las de 1789 o la de 1848. Mientras que la Revolución Francesa de 1789-1794 tuvo como insignia las distintas Declaraciones de Derechos del Hombre y del Ciudadano y la de 1848 supuso el final del régimen monárquico en Francia, ¿qué herencia dejó la Comuna?

La gran medida social de la Comuna fue su existencia y acción”, escribió Karl Marx en el libro La guerra civil en Francia. Esta revuelta fue sinónima de utopía. Un oasis de democracia radical en medio de la era del capital. El hecho de que fuera reprimida con brutalidad perpetuó su memoria entre los anarquistas y socialistas (y más tarde los comunistas) a finales del siglo XIX y buena parte del XX. Desde la revuelta zapatista de Chiapas hasta los ecologistas de las Zonas Autónomas a Defender (ZAD), pero también en la Nuit Débout de 2016 o en las protestas de los chalecos amarillos, abundaron recientemente las reminiscencias a la Revolución de 1871.

La memoria de la Comuna representa un puente difuso que conecta el presente con el espíritu revolucionario del republicanismo decimonónico. “La Comuna es la última revolución en Francia del siglo XIX. Forma parte del mismo hilo histórico que une 1793 —momento de mayor intensidad social de la Revolución Francesa—, 1848 y 1871”, explica a cuartopoder la historiadora Mathilde Larrère, profesora en la Universidad Paris-Est-Marne-la-Vallée. Según recuerda esta especialista en las revoluciones del siglo XIX, “esta revolución tiene muchas más similitudes con aquellas que la precedieron que con las revoluciones bolcheviques y comunistas del siglo XX”. “El sujeto revolucionario era prácticamente el mismo que a finales del siglo XVIII: el pueblo de las tiendas y los talleres industriales”, añade.

Marx, que siguió desde Londres los acontecimientos revolucionarios, elogió la revuelta del pueblo parisino en 1871. No se mordió la lengua para exaltarla: “El París obrero, con su Comuna, será celebrado como el precursor de una sociedad nueva”. Un pronóstico contestado actualmente por la historiografía. “La Comuna resultó más bien un crepúsculo que un despertar”, sostiene Éric Fournier, profesor de historia contemporánea en la Universidad de París I Sorbona y autor del libro La Commune n’est pas morte. El anhelo de una república social de los communards estaba más cerca de los postulados republicanos de un Maximillien Robespierre que de las interpretaciones marxistas que hicieron Vladimir Lenin o Léon Trotski.

La insurrección del 18 de marzo

La última revolución francesa estuvo estrechamente relacionada con el desenlace de la guerra franco-prusiana. Las tropas del Segundo Imperio de Napoleón III habían sido derrotadas en la Batalla de Sedán a principios de septiembre de 1870. Pocos días después era proclamada en París la III República. Esta se fundamentaba, sin embargo, en un frágil equilibrio entre una Asamblea Nacional dominada por sectores monárquicos y un pueblo de París mayoritariamente republicano. Unas tensiones que cristalizaron con la insurrección del 18 de marzo.

Ese día los vecinos de Montmartre y la guardia nacional formada por ciudadanos parisinos se opusieron al hecho de que el ejército nacional se apoderara de unos cañones instalados en el norte de la capital. Esto forzó al ejército y el Gobierno central a huir de París e instalarse en Versalles, donde estuvo históricamente la corte de los reyes de Francia. En esa misma ciudad se encontraba el Parlamento francés, con una mayoría conservadora, desde principios de 1871.

Los revolucionarios aprovecharon esta huida a Versalles para ocupar el Ayuntamiento parisino. Convocaron unas elecciones municipales en la capital para el 26 de marzo. Los candidatos más de izquierdas se impusieron y formaron una de las cámaras representativas con una mayor presencia de obreros en la historia. Esta fue bautizada con el nombre de Comuna, una referencia a la asamblea municipal y popular de París que en el verano de 1792 lideró la revuelta que acabó con la monarquía de Luis XVI.

Una de las asambleas con mayor presencia de obreros en la historia

Mientras que en las Asambleas revolucionarias de 1793 y en 1848 la presencia de categorías populares era minoritaria, estas representaban más de la mitad de los cargos electos en la Comuna”, recuerda Larrère. Con una población total de 1,8 millones de personas, el 45% de los habitantes de París eran obreros. Era la capital por excelencia de las revoluciones europeas. Entre los revolucionarios de 1871 coexistían diversas tendencias, pero que se podrían sintetizar en dos corrientes: por un lado, los republicanos que se consideraban herederos de los sans-culottes y los montagnards de Robespierre; y, por el otro, los miembros de la Primera Internacional de trabajadores, en la que había socialistas y anarquistas.

Su programa consistió en hacer realidad los principios de la República social. La Comuna estableció el sufragio universal (solo masculino), la separación entre la Iglesia y el Estado o una educación gratuita para todos. También prefiguró una democracia más directa en que los cargos electos eran revocables y se favorecía la auto-organización popular a través de las asambleas de distrito y los clubs políticos. Además, impulsó ambiciosas medidas sociales, como una moratoria en el pago de los alquileres, la requisa de talleres y viviendas vacías o la prohibición del trabajo nocturno de los panaderos.

La Comuna estuvo marcada por una doble dimensión patriótica e internacionalista”, afirma el historiador Marc César, profesor en la Universidad Sorbona París Norte y coautor de La Commune de 1871: une relecture. En la Revolución de 1871, cohabitaron el orgullo nacional herido tras la derrota ante Prusia con la aceptación y la solidaridad respecto a los otros pueblos europeos. Una fraternidad simbolizada por la relevancia que tuvieron revolucionarios como el húngaro judío Léo Frankel, representante de la Comuna y miembro destacado de la comisión de Trabajo.

La revolución más pura”

Aunque hubo otras insurrecciones comunales en otras localidades de Francia, aquella que duró más tiempo fue la de París. En su defensa férrea tuvieron un papel destacado las mujeres. Sobresalieron figuras como la trabajadora de imprenta Nathalie Le Mel, la profesora Louise Michel o la joven internacionalista rusa Élisabeth Dmitrieff, fundadora de la Unión de Mujeres para la Defensa de París. “El rol de las mujeres fue importante, pero no más que en otras revoluciones precedentes”, asegura Larrère. Aunque la igualdad de género estuvo presente en la Comuna con reivindicaciones de equiparación salarial y la abolición de la prostitución, la aprobación del voto femenino estuvo ausente del debate. 

La Comuna logró resistir 72 días, hasta finales de mayo. Entonces, el ejército francés recuperó el control de París y reprimió a los revolucionarios con brutalidad. La historiografía discrepa en las cifras, pero se calcula entre 5.000 y 20.000 communards abatidos. Hubo unos 40.000 detenidos y miles de ellos fueron deportados a Nueva Caledonia, a unos 17.000 kilómetros de la metrópolis francesa. Una represión feroz que creó un cierto mito en torno a la Comuna y favoreció que su memoria estuviera muy presente en las distintas familias de la izquierda francesa, tanto los socialistas, los comunistas como los anarquistas.

“Gracias a su brevedad, la Comuna aparece en el imaginario como una revolución más pura”, afirma César. Al haber durado solo 72 días, no desembocó en controvertidos episodios de Terror revolucionario. Esto favorece que siga siendo evocada en el presente. Y así permite recuperar la rica tradición revolucionaria del republicanismo francés del largo siglo XIX.

1 Comment
  1. LUCIANO MEDIANERO MORALES says

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    APUNTES SOBRE MARXISMO Iñaki Gil de San Vicente // LE CONTESTARÁ ALGO Lmm/LukyMÁ. 29006 ¡¡.
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    https://elsudamericano.files.wordpress.com/2020/06/216.apuntes-sobre-marxismo-ic3b1aki-gil-de-san-vicente.pdf

    APUNTES SOBRE MARXISMO Iñaki Gil de San Vicente

    • PRESENTACIÓN

    • EL MARXISMO

    • SOCIALISMO Y COMUNISMO UTÓPICOS

    • DE 1848 A 1871

    • 1871-1889

    • LA SEGUNDA INTERNACIONAL

    • EL MARXISMO Y LOS MARXISTAS

    • EL REVISIONISMO Y EL REFORMISMO EN LA ACTUALIDAD

    • REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE

    • EUROCENTRISMO Y LIBERACIÓN DEL TERCER MUNDO

    • LA IMPLOSIÓN DEL SOCIALISMO REALMENTE INEXISTENTE

    • DE LA CRISIS AL COVID-19: 1987, 1991, 1994, 1996, 2007

    • COVID-19, TEORÍA DE LA CRISIS Y REVOLUCIÓN SOCIAL

    14 APUNTES SOBRE MARXISMO PRESENTACIÓN

    Este pequeño libro se compone de doce capítulos escritos por el autor entre el 2 de abril de 2019 y el 17 de junio de 2020, como una serie de artículos publicados con una periodicidad de entre 20 a 30 días. Fueron escritos para el programa de formación teórica del Colectivo Internacionalista Pakito Arriaran. Para facilitar su comprensión, se intenta simultanear en la medida de lo posible, la explicación histórica con la explicación lógica.

    El primer capítulo es de presentación general de los temas tratados.

    El segundo trata sobre el socialismo utópico, hasta la revolución de 1848 y la publicación del Manifiesto del Partido Comunista. O sea, lo que podemos definir como la fase en la que el socialismo utópico entra en agotamiento, pero todavía el marxismo no ha adquirido la fuerza suficiente para ocupar su lugar.

    El tercero trata sobre el grueso del desarrollo del marxismo, que se inicia tras la derrota de la revolución de 1848, seguida por la fase expansiva del capitalismo que permite un desarrollo tremendo en la teoría, y concluye con la Comuna de París de 1871, período en el que el marxismo realiza sus más decisivos avances, aunque siga siendo claramente minoritario.

    El cuarto trata sobre el período abierto por el impacto de la Comuna en el desarrollo posterior del marxismo, impacto reforzado por el hecho de que ya previamente se había creado la I Internacional, se había editado el Libro I de El Capital, de 1867, al que seguirá la Crítica del Programa de Götha en 1875, el Anti-Dühring de 1878, La mujer y el socialismo de 1879, El origen de la familia.. en 1884. Este capítulo cuarto llega hasta la II Internacional en 1889.

    El quinto comienza con el significado contradictorio de la II Internacional de 1889 y se extiende hasta el estallido de la guerra de 1914 y la revolución de 1917, años en los que el reformismo toma cuerpo teórico de manera definitiva, pero en los que también irrumpe la segunda generación de marxistas que recupera la Crítica del Programa de Erfurt de 1891, la primera edición inglesa Del socialismo utópico al socialismo científico de 1892, por citar solo algunos textos. 15 Iñaki Gil de San Vicente

    El sexto es una exposición más detallada del método marxista, la dialéctica, en cuanto tal, y de cómo se desarrolla en la crítica de la economía política capitalista. Aunque todavía en 1917 había textos fundamentales del marxismo sin conocerse, como veremos, ya estaba teorizado gran parte de lo necesario para saber qué era el capitalismo del momento y cómo destruirlo.

    La séptima será una exposición del reformismo en todas sus expresiones: política, sociología, economía, relaciones internacionales, sindicalismo, etc., porque es en este período cuando apareció definitivamente tal cual era. Es necesario dedicarle un capítulo porque el reformismo, y en especial el de la socialdemocracia ha sido y es una de las decisivas bazas del capital para doblegar a la clase trabajadora.

    El octavo desarrolla el período que va de la revolución bolchevique de 1917 al final de la II GM, 1945, que pudo haber supuesto un salto cualitativo en la emancipación humana porque llevó al extremo la lucha de clases entre el capital y el trabajo a escala mundial, pero concluyó en pactos entre las grandes potencias que han salvado al capitalismo, hasta ahora.

    El noveno analiza las luchas de liberación nacional anticolonial y antimperialista que venían desde antes pero que tienen un tremendo impulso desde 1917 y sobre todo desde la fundación de la III Internacional en 1919 o Internacional Comunista. Luchas que en la II GM afectaron al meollo del imperialismo, y concluirá en 1991. Daremos una especial atención a Nuestra América.

    El décimo tratará con algún detalle la quiebra definitiva del “marxismo ruso” creado por la burocracia stalinista e incapaz de frenar la reinstauración del capitalismo en varios países. Los sucesivos intentos de reforma fracasaron unos tras otros arrastrando al fondo a toda una corriente política que ya estaba agotada para la década de 1970.

    El undécimo seguirá la lucha de clases teórica, política y económica desde el inicio de la contrarrevolución imperialista en la mitad de los 70’s hasta el presente, con especial atención a la tercera gran depresión de 2007 hasta ahora, y en Nuestra América.

    El doceavo y último, es un resumen centrado en la teoría de la crisis que es el nudo gordiano no sólo del marxismo, sino de la existencia humana, o para ser más precisos, de la antropogenia.

    APUNTES SOBRE MARXISMO

    Capítulo I

    EL MARXISMO “Ser marxista es algo muy difícil […] mide la temperatura de su propio país, su circunstancia más inmediatamente práctica, con el objetivo de aclararla y actuar sobre ella.

    ¿Actuar para qué?

    Actuar para reventar las estructuras de la sociedad actual.

    ¿De qué modo, con qué método?

    El marxista tiene un método teórico general, que es la lucha de clases, pero para cada caso concreto tiene que inventar un método, adaptarlo a la circunstancia particular. Según sea esa circunstancia, el método será violento o pacífico. Ya oigo venir a los que dicen: esto es una justificación del terrorismo. No:

    un marxista no justifica el terrorismo […] en los textos de Marx no hay nada, absolutamente nada que justifique la creación de un Estado totalitario, ideológica y prácticamente terrorista […] la “dictadura del proletariado” fue vista como una mera transición, no como un fin en sí; […] Los que no leyeron a Marcuse por moda, recordarán su modo de definir la sociedad industrial avanzada: “el terror dulce” […] la santa rabia del Che Guevara cuando habló del “terror planificado” […] tienen que desaparecer la división del trabajo, la propiedad privada (no sólo la material sino también la de las ideas) y la producción mercantil y monetaria […] los marxistas son pocos, pues no todo el mundo está dispuesto a adoptar una posición intelectual que representa prácticamente la guerra contra todo lo existente. […] la esencia del marxismo es la transformación, la revolución, el cambio de las condiciones históricas de esa masa humana, sea cual fuere su actual “signo ideológico”, Sé que todo esto, en el aspecto político, suena a anarquismo. Y lo es, si por anarquismo se entiende la voluntad de cambiar toda arché o poder existente. Y también es terrorismo, si por terrorismo se entiende defendernos con las mismas armas del adversario…”1 1 Ludovico Silva: “¿Y el marxismo?” Belleza y revolución. pp. 367-370. Vadel Editores. Caracas, 1979 17 Iñaki Gil de San Vicente Hemos escogido estas palabras como introducción a esta serie porque era Ludovico Silva venezolano, es decir, porque había desarrollado su aportación al marxismo en el interior de las luchas en este país y continente; porque destacaba por su defensa del derecho/necesidad de la crítica como una de las fuerzas del marxismo; porque en estas palabras toca cuestiones permanentes: ,…///…. SEGUIR EN BLOG MENCIONADO,…DE LUKYRH.b/s.COM @lucianomediane1 gracias portó,…¡¡¡¡.

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