Las “Tres caras” de Irán: cómo una película puede convertirse en un símbolo de resistencia femenina

  • En esta ocasión, Panahi centra su objetivo en las mujeres, en la pérdida de derechos y en las contradicciones (retratadas a veces de forma esperpéntica) que arroja un país como Irán.
  • Como contrapeso a estos tres personajes femeninos están algunos hombres que representan una masculinidad caricaturizada y asfixiante.

“Mi sobrina está estudiando en la universidad. Su madre acudió a preguntar por el horario y le contestaron que no podían darle esa información. Solo se la darían a su padre”. Es una de las situaciones con las que Fariba Ehsan, presidenta de la Asociación Iraní Pro Derechos Humanos de España, ejemplificaba cómo es la vida de las mujeres en Irán. Lo hacía ante quince actrices españolas, desde Nathalie Poza a Natalia de Molina, que acudieron a los cines Golem Madrid el pasado lunes al homenaje que el director iraní Jafar Panahi no recibirá en su país, donde está condenado desde 2010 por “conspiración y propaganda”.

Un 'frame' de la película 'Tres caras'.
Un ‘frame’ de la película ‘Tres caras’.

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Hace casi 40 años, la revolución iraní barrió con los derechos civiles de los ciudadanos y despojó a las mujeres de sus libertades. La ola represiva barrió incluso lo más básico. Ehsan recibe información de Irán y alguna amiga cirujana le cuenta cómo las pacientes necesitan “permiso de un familiar” hasta para ser operadas en las situaciones más graves y urgentes. Para acabar con el terror, esta iraní llevará su mensaje donde haga falta. Como acto simbólico, comenzaron la semana destapando las estrellas del cineasta y las tres protagonistas de su nueva película, Marziyeh Rezaei, Behnaz Jafari y Shahrzad, en ese”paseo de la fama prohibida” en el que se convirtió la madrileña calle de Martín de los Heros.

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El mejor homenaje, ver la película

Es difícil ver la película ‘Tres caras’, del director iraní Jafar Panahi, y salir con una sola lectura del cine. Es la propia circunstancia del cineasta -este es el cuarto filme que produce en la clandestinidad- la que hace que sus películas hablen de la represión. En esta ocasión, el director de Taxi Teherán y Esto no es una película rueda en el exterior y centra su objetivo en las mujeres, en la pérdida de derechos y en las contradicciones (retratadas a veces de forma esperpérpéntica) que arroja un país como Irán. El cineasta que no puede hacer cine conquistó Cannes el pasado mayo con este guion y desde este viernes también ha venido (aún sin salir de su país) a conquistar los cines españoles.

Las primeras escenas del filme enganchan rápidamente al espectador. Una joven Marzieh Rezaei graba un vídeo amenazando con suicidarse en una cueva de Irán porque su familia no le permite ser actriz. La destinataria es la famosa intérprete Behnaz Jafari que, angustiada, no duda en desplazarse hacia el norte del país en busca de esa vocación muerta. Conduce Panahi, que en una de las escenas para el coche para asegurarle a su madre que no está haciendo otra película. El filme está lleno de metáforas, juegos con el público y situaciones con un punto absurdo que ponen en evidencia a todo un régimen a base de escenas sencillas y sutiles.

Jafari escoge a tres mujeres para simbolizar la resistencia, la modernidad y el talento. Son el pasado, el presente y el futuro. La joven Marzieh ya ha nacido en el Irán de los ayatolás, con sus derechos cercenados por la sharia (la ley islámica). En esta chica, ya casada, que reside en un pueblo brota una vocación artística que intentará castrar su familia. Pero no podrán. Marzieh representa la esperanza incansable.

Behnaz Jafari es una actriz consolidada y exitosa que acude a esa llamada de auxilio en busca de la verdad. Es la que se adentra en esta aventura de la mano de Panahi donde chocarán con las paradojas de ese mundo rural, tradicional y a la vez extremadamente hospitalario. Esta famosa intérprete es alabada por sus coetáneos, los mismos que rechazan a Marzieh por tener esa misma vocación que califican de “frívola”. El camino que recorre Behnaz Jafari es el de la sororidad.

Un 'frame' de la película 'Tres caras'.
Un ‘frame’ de la película ‘Tres caras’.

La tercera cara de esta historia es Shahrzad. El personaje más enigmático. Era una estrella del cine antes de la revolución iraní y, desde entonces, ha sido condenada al ostracismo. Las mujeres ya no pueden cantar en público. Sin embargo, esta ciudadana libre, cuyo rostro nunca llegamos a ver, funciona como un faro para Marzieh, que pasa horas con ella. Las tres mujeres acaban encontrándose en la casa de esta vieja gloria. Es el único espacio al que ni la cámara ni Panahi podrán acceder. Shahrzad es la libertad y los derechos arrebatados a las mujeres.

Como contrapeso a estos tres personajes femeninos están algunos hombres que representan una masculinidad asfixiante. Esta virilidad, retratada de forma a veces esperpéntica, toma forma en la brutalidad irracional del hermano de Marzieh, en la ausencia de su marido o en las creencias disparatadas de uno de los vecinos del pueblo, que confía el futuro de sus hijos al lugar donde estén enterrados sus prepucios. Solo la presencia de Panahi, que actúa como compañero, espectador y a veces guía de la famosa actriz, equilibra esa convivencia.

Ellas tres componen un relato de resistencia femenina. Pero también es un aviso contra el régimen iraní: la libertad, como en el poema de Miguel Hernández, “hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada”. En la escena final, un camino y un pañuelo blanco.