Semilla republicana

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Sira Rego es candidata de IU por Unidas Podemos a las elecciones europeas

Una estrella de tres puntas destaca en el mural que preside el salón de plenos de la ciudad de Rivas. El símbolo de las Brigadas Internacionales forma parte del crisol de imágenes que componen el retrato de mi ciudad. Lejos de ser un elemento litúrgico o nostálgico, la estrella se integra en una composición que podría considerarse desconcertante, rodeada de centros públicos, cigüeñas y símbolos de una ciudad moderna y reciente, pero manteniendo en el anclaje de nuestra historia pasada como una pasarela al presente y al futuro.

Así hemos querido construir nuestra ciudad. Nuestros cimientos son la memoria republicana de España. No solo como algo folclórico, sino como incorporación efectiva de derechos, cooperación y entendimiento y por supuesto, de defensa de la res publica, de la cosa pública.

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Hagamos memoria. Estos días se conmemora el aniversario de la proclamación de la II Republica, uno de los momentos fundacionales de nuestra historia reciente. El 14 de abril de 1931, tras una periodo político marcado por la connivencia de la monarquía con la dictadura de Primo de Rivera y los efectos que la inestabilidad política había tenido, agudizando la precariedad en las cocciones de vida del pueblo, las elecciones municipales se convierten en un plebiscito en el que sale derrotada la monarquía, un símbolo de las relaciones políticas y económicas del momento.

Con todos sus matices y claroscuros, el periodo permitió plantear un horizonte democrático en nuestro país, poniendo en su eje vertebrador derechos y democracia, justicia social e igualdad. Años después, el Frente Popular ganaba las elecciones generales y sufría un golpe de estado a manos del fascismo, provocando una guerra civil y cuarenta años de feroz dictadura. Su herencia nos ha dejado un país amnésico, miles de desparecidos y de víctimas y generaciones enteras educadas en el terror y el dolor.

A diferencia de de la Constitución del 78, de la bandera “rojigualda”, de la transición y el consenso, la II República no forma parte de la historia pública de nuestro país, opera mas bien como un inconsciente colectivo, largamente propuesto. Apenas si ocupa un párrafo en los libros de texto de los colegios, la historia de España del siglo XX ha quedado reducida, en muchos casos, a las tres ultimas décadas.

Pero esa tensión entre el pensamiento de la emancipación humana y el pensamiento reaccionario, sigue empeñada en emerger fundamentalmente por dos razones: en primer lugar porque quienes dieron el golpe de estado y controlaron los resortes del poder económico y político siguen siendo, en muchos casos, los mismos que controlan el poder en la actualidad. Y en segundo lugar, porque aún no hemos resuelto la atrocidad que se cometió con la aniquilación, en muchos casos física, de la España republicana.

Nuestro reto es recordar y contarnos lo que sucedió, pero no sólo eso. Ahora tenemos que hacer incluso una labor de recuperación de la matriz esencial, de los elementos centrales de ese proyecto de país que dibujaba la II República y leyendo el momento actual, traducirlos y aplicarlos a nuestro contexto político. ¿Acaso pierde vigencia un proyecto que plantea la renuncia a la guerra como instrumento de política nacional? ¿O la cuestión del reparto justo de recursos y de la tierra? ¿O la defensa de la intervención pública como garantía de la justicia social? ¿Acaso no es una anomalía que una democracia tenga como jefe del estado a una persona que hereda el cargo?

Desde luego, no parece que la respuesta a estas preguntas sea muy distinta a la que en su momento dio el país, cuando el desborde popular permitió alumbrar la II República. Y en ese reconocimiento y empeño, algo se abre paso cuando de nuevo nos preguntamos si el viejo sueño de tener un país republicano tiene sentido ahora. Parece, sin embargo, que las semillas de lo que fue ese breve tiempo en España germinen a través de la experiencias del municipalismo, donde la batalla cuerpo a cuerpo por mantener a flote lo publico, por garantizar que ninguna familia se quede atrás, nos ha permitido avanzar en ejemplos concretos para la construcción de una sociedad distinta.

Así entendemos muchas mujeres y hombres la historia de lucha de este país y así reclamamos la memoria republicana. Es nuestra patria arrebata, es una parte de nuestro adn. Es la semilla de nuestras próximas cosechas.

2 Comments
  1. florentino del Amo Antolin says

    El municipalismo, Sira tiene doble sentido, por esa cercanía del Pueblo, esas gentes que odian la guerra; esa gentes que ven robados los sudores de tantos. Para mantener ídolos de barro, decorados con ropas militares, coronas y oropeles de siglos pasados; pero con las mismas intenciones del dictador… ¡ Un trágala que dura demasiado tiempo, llevándose nuestros recursos, empeñando la democracia, pluralidad cultural, e hipotecando el futuro de los que vienen por detrás en: Libertad, igualdad y fraternidad !. https://uploads.disquscdn.com/images/91c83429c8a9935ceb97df5c1479ce8836461a218ed7f9c8c6129ff540c066ac.jpg https://uploads.disquscdn.com/images/0387c3929eb389e1649bb41011dd0c938746daa3c1d6fbc18732e257f4b4b4bc.jpg

  2. ninja45 says

    Felipe VI el «enterao» al que nadie lo ha «votao» en el discurso de Navidad 2018:
    «La convivencia se basa en el repeto a las personas, a las ideas y a los derechos
    de los demás». Pues sí, que se lo pregunten a los más de mil heridos que hubo el
    1-O aporreados vilmente por los esbirros del Estado de Desecho, policía nacional
    y guardia civil por el terrible «delito» de querer votar. «La Constitución no es
    una realidad inerte, sino viva, que protege y tutela nuestros derechos». Una
    Constitución de la que se hace una lectura torticera según para que o para quién.
    «Debemos hacer lo posible para que las reglas que son de todos sean respetadas
    por todos». Y una m. pinchada en un palo: Son reglas hechas a medida para
    favorecer a la oligarquía que nos desprecia, humilla y esquilma descaradamente.
    «No podemos permitir que renazcan el resentimiento y el rencor, lo peor de
    nuestra historia». La historia se repite una y otra vez. Cataluña ha sido desde
    siempre considerada como una colonia de Spañistán y a las puebas me remito. A
    palos no van a convencer a nadie, al contrario. «Debemos ser capaces de alcanzar
    consensos cívicos y sociales que aseguren el futuro de España». Pues por el
    camino de la palabrería insulsa y la represión indiscriminada no vamos bien.
    A la m. con los Borbones ladrones y la Injusticia española prevaricadora, títere
    de los fascistas y corruptos, vergüenza de Europa y sus «valientes» esbirros
    aporreadores de viejecitas y gente indefensa. Si me pegan, me divorcio. Som
    República !!*!!

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