REFLEXIONES SABADESCAS

¿Tomate o sangre?

  • "El Polisario reclama la urgente intervención española ante la brutal represión que se está dando contra la población civil saharaui"
  • "Los grandes medios de comunicación españoles tienden a silenciar las constantes violaciones de los derechos humanos que las fuerzas marroquíes cometen contra la población saharaui"
  • "La legalidad internacional prohíbe el expolio de los recursos de un territorio no autónomo sin que estos negocios repercutan en la población autóctona"

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Plano secuencia. La cámara enfoca una habitación rota, todo está desordenado, los muebles por los suelos, los cristales de las ventanas esparcidos, la bombilla colgante, desnuda, se enciende y apaga a gran velocidad, las sombras aparecen y desaparecen. El operador de cámara se acerca a cada uno de los artículos que antes decoraban el habitáculo y que ahora nos hacen presagiar (la música añade tensión y también ayuda al spoiler) que estamos ante el escenario de un crimen o las consecuencias de una paliza. El encuadre se cierra y aparecen unos pies reposando sobre el suelo, las pantorrillas acarician la moqueta, también la parte trasera de los muslos. Cuando la filmación escala por el cuerpo tumbado boca arriba llega a los ojos, estos permanecen abiertos, hieráticos. Desde el labio, cuelga un hilo de líquido rojo que se encharca en la tela aterciopelada que cubre las baldosas. ¿Tomate o sangre?

Es sabido que en muchas películas u obras de teatro, sobre todo aquellas de baja producción o de serie b aficionadas a los efectos especiales sin recursos, la salsa de tomate, algo diluida con agua, es un buen sustitutivo de la sangre, da el pego. Sin embargo, en esta ocasión no hablamos de la producción de un filme, no es un artículo de esos que pretenden responder a la pregunta: “¿Cómo se rodó… tal película?”. En esta ocasión hablamos de la realidad, una situación terrible que, sin embargo, no está edulcorada con trucos dramatúrgicos o de cineastas.

Nos situamos en el Sáhara Occidental. La que fuera la provincia número 53 española suele quedar soterrada en el silencio mediático, la prolongación durante décadas de un conflicto inconcluso hace que sea difícil que obtenga un hueco en la actualidad. Además, los intereses de los propietarios de los grandes medios de comunicación españoles tienden a silenciar las constantes violaciones de los derechos humanos que las fuerzas marroquíes cometen contra la población saharaui en los Territorios Ocupados. Numerosas organizaciones internacionales describen el Sáhara ocupado como una gran cárcel a cielo abierto, pero las principales cadenas y cabeceras intentan no enemistarse con el régimen marroquí. A pesar de ello, el conflicto saharaui ha obtenido cierta atención en los últimos meses.

El Sáhara Occidental es hoy un verdadero campo de disputa a distintos niveles. Este territorio no autónomo es fuente de riqueza de diversos recursos naturales (energéticos, fosfatos y otros minerales, pesca, tomate…). Mientras la legalidad internacional prohíbe el expolio de los recursos de un territorio no autónomo sin que estos negocios repercutan en la población autóctona, numerosas empresas europeas (también españolas) lo llevan a cabo. Empresas que cambian aparentemente de nombre para actuar en ese limbo en el que se ha convertido la que fuera provincia española hasta 1975. Productos, con los que comercian, de los que resulta casi imposible seguir su rastro, la trazabilidad hasta su origen, que nos llevaría de regreso al Sáhara. Por esos se intenta ocultar, porque la sangre derramada por esta nueva forma de colonización sobre África causa estupor.

La situación se agravó el pasado mes de noviembre. Marruecos vulneró el alto el fuego atacando a una manifestación de civiles saharauis que se protestaba en El Guerguerat en contra de la construcción ilegal de una carretera por parte del ocupante. Tras esta acción y el silencio cómplice de la Minurso (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental), el Gobierno de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática) y el Frente Polisario, el movimiento de liberación nacional que lo sustenta reconocido como representante legítimo del pueblo saharaui por Naciones Unidas, declaró el estado de guerra en todo el territorio.

Las acciones bélicas, a pequeña escala hasta el momento, han sido ninguneadas por Marruecos, que ha emprendido una ofensiva diplomática que llegó a su culmen el pasado 10 de diciembre, cuando el expresidente estadounidense, Donald Trump, reconocía la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, contraviniendo el derecho internacional. La presión marroquí sobre países europeos para que sigan el camino del norteamericano es constante, en especial sobre el Estado español. Y es que España sigue siendo hoy la potencia administradora del proceso de descolonización del Sáhara Occidental, responsable ante los ojos del derecho internacional de lo que suceda en el territorio hasta que se culmine este proceso, según la legalidad internacional mediante un referéndum de autodeterminación en el que la población saharaui pueda escoger entre integrarse en Marruecos o la independencia. Presión que Marruecos ejecuta de diversas maneras: migratoria, comercial, en las fronteras de Ceuta y Melilla…

El pasado 8 de febrero, el Gobierno de la RASD difundió un comunicado por el cual reconocen que han llevado las acciones de guerra dentro de las fronteras marroquíes, en las montañas de Ouarkziz, en el sector de Agha, en territorio marroquí. Esto supondría un nuevo giro de guion en la contienda. El Magreb está viviendo una gran tensión estos meses, los anhelos expansionistas de Marruecos no terminan en el Sáhara, incumben también a Argelia (su gran rival por la hegemonía de la zona) y Mauritania.

El Estado español se encuentra en una situación incómoda por su papel como actor integrante del conflicto. El Gobierno de coalición se muestra dividido ante la actual situación. El PSOE, hasta ahora, sigue apostando por una resolución en el marco de Naciones Unidas mutuamente aceptada por las partes en conflicto, aunque muchos de sus dirigentes no han dudado en posicionarse a favor del plan de autonomía marroquí. Desde Unidas Podemos, se manifiestan a favor del referéndum de autodeterminación, en consonancia con la legalidad internacional. Buena parte de sus bases integran el movimiento solidario con el Sáhara que ha acompañado al Frente Polisario en sus reclamaciones durante más de 45 años.

El Sáhara se ha convertido en un caramelo para las potencias que quieren expandir su influencia geopolítica en el Magreb. Marruecos se posiciona en el tablero internacional y Argelia no se lo pone fácil. El ascenso de la tensión en la zona se ha convertido en un aumento de la opresión a activistas y periodistas saharauis en las ciudades ocupadas. La delegación del Frente Polisario en el Estado español reclamaba el pasado 13 de febrero la urgente intervención española ante la brutal represión que se está dando contra la población civil saharaui por parte de las fuerzas marroquíes. "Ante la ola de brutal represión ejercida contra la población civil saharaui por las autoridades del régimen marroquí en las zonas ocupadas del Sáhara Occidental, la delegación saharaui para España solicita la intervención urgente del Gobierno de España para exigir al Gobierno de Marruecos el cese inmediato de esta violencia y garantizar la protección de la población saharaui y el respeto del Derecho Internacional Humanitario", reclamaban.

Los periodistas de Equipe Media se juegan su vida documentando e informando de lo que acontece en esta cárcel a cielo abierto que son los territorios ocupados. Recientemente, la reconocida activista Sultana Khaya y sus familiares han sido víctimas de agresiones; Mohamed Lamin Haddi, preso político saharaui desde hace 10 años, inició una huelga de hambre el mes pasado, actualmente su madre no sabe si está vivo o muerto; Mohamed Nafaa Boutasofra fue detenido por unos encapuchados, supuestamente policías marroquíes

El pasado miércoles, un grupo de activistas saharauis residentes en el Estado español realizaban una performance frente al Ministerio de Asuntos Exteriores, en Madrid, también en otras ciudades españolas, como Alicante o Santander. Algunas jóvenes, vestidas con melfas, el traje tradicional saharaui, con caretas con el rostro de Khaya, se tumbaron en el suelo, simulando haber sido apaleadas por soldados y agentes marroquíes, tal y como sucede en su país. La acción se repitió en otras ciudades españolas. Quizás usaron salsa de tomate para simular la sangre.

En las últimas semanas, desde distintos medios de comunicación españoles, se ha dado cancha al relato de que España está quedando fuera del reparto de la tarta de los recursos del Sáhara Occidental que está en juego ante la inestable situación. Las relaciones entre el Gobierno de España y el marroquí no pasan por un buen momento y el Sáhara es uno de los temas candentes, como la inmigración o Ceuta y Melilla. Tribunas y tertulias critican al Gobierno por ceder ante el reparto colonialista de la última colonia de África. Empresarios españoles ansían su parte del botín de un territorio que fue español y que fue vendido a Marruecos y que ahora se ha convertido en una cárcel a cielo abierto.

En la antigua Villa Cisneros, Dajla, la producción de frutas y hortalizas crece cada año, destaca la producción de tomates. Los alimentos llegan a España en buena parte a través de Canarias, tal y como han denunciado diversas organizaciones sociales. Productos que proceden de un territorio no autónomo, empresas que participan en un expolio ilegal y legitiman una sangrienta ocupación. Quizás la metáfora no podría ser más macabra. ¿Lo que viene de Dajla es tomate o sangre?

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1 Comment
  1. Miguel says

    Sin embargo en el penoso y acabado reino de Españistan la sociedad que proteste o denuncie las inmundicias del tipo de país que es este ,se la reprime de forma más que violenta excediéndose con la brutalidad policial y judicial ;, eso si ; democráticamente Por lo que poca o ninguna ayuda vamos a poder prestar al pueblo saharaui cuando España continúa siendo la » reserva del fascismo de Occidente » ..
    Salud y solidaridad con el pueblo saharaui.

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