Las pesadillas son mucho más que miedo

El sueño de la razón produce monstruos
'El sueño de la razón produce monstruos'. Capricho nº 43 de Francisco de Goya. / Wikimedia Commons

Si la ciencia aún no tiene claro que son los sueños, con las pesadillas anda perdida. La Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño la define más por su resultado final, el despertar, que por sus propias características. Durante años han sido consideradas fenómenos aterradores aunque el miedo es sólo uno de sus posibles temas. Incluso, la mayoría de las investigaciones que se han hecho se han basado en casos clínicos. Ahora, un estudio empírico desvela casi todos los secretos de las pesadillas.

Durante varias semanas unas 600 personas tuvieron que escribir en un diario lo que habían soñado nada más levantarse. Tenían que apuntar la fecha, la principal emoción presente en el sueño, puntuando su intensidad, y clasificarlo como sueño lúcido, sueño volador, mal sueño o pesadilla. Hasta ahora no se había hecho un experimento tan amplio y sistemático para entender las pesadillas.

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Los impulsores del trabajo, dos investigadores de la Universidad de Montreal (Canadá) descartaron a un tercio de ellos porque, en las cinco semanas que duró su investigación, no habían tenido ni un mal sueño. El resto había recogido en sus diarios 1.016 malos sueños y 281 pesadillas. A los científicos les interesaban ambos, ya que los consideran fenómenos de un mismo continuo donde la mayor intensidad emocional y el hecho de despertarse marcan la diferencia.

La primera gran sorpresa, que contradice a las películas de Hollywood y a mucha de la literatura científica, es que supuestas situaciones recurrentes como la sensación de caerse, la de parálisis o de sofoco apenas aparecen. De hecho, los dos segundos no salen en ningún diario y sólo el 1,5% de los casos hablan de que el protagonista caía. De los 12 grandes temas clasificados por los expertos en trastornos del sueño, los más presentes fueron las agresiones físicas y los conflictos personales, seguidos de la sensación de desamparo.

Pero la recurrencia de estos grandes temas varía entre los malos sueños y las pesadillas. En los primeros, destacan los conflictos personales, donde interactúan dos personajes entre los que se producen situaciones de hostilidad, enfrentamiento, humillación o infidelidad. Mientras, en las pesadillas prevalecen las agresiones físicas, situaciones de captura o rapto, intervención de alguna fuerza maligna o accidentes.

"Muerte, preocupación por la salud o agresiones son temas comunes en las pesadillas. Pero sería un error pensar que caracterizan todas ellas", dice Geneviève Robert, coautora del estudio publicado en la revista Sleep. "En otras ocasiones, se trata de una sensación de amenaza o una atmósfera inquietante lo que provoca que una persona se despierte", añade.

Otro mito que desmonta este estudio es la omnipresencia del miedo. Los investigadores clasificaron los episodios en función de la emoción dominante, desde ira a tristeza, pasando por el asco, la confusión o la culpabilidad, entre otros. Aunque en el 65% de las pesadillas, el miedo fue la principal emoción, en los malos sueños (que son la mayoría), sólo está presente en el 45% de los episodios narrados. La tristeza y la furia o ira son las que le siguen. Hay incluso un respetable 4% de emociones positivas.

Como era de esperar, la gran mayoría de las pesadillas acaba mal, algo que no sucede siempre en los malos sueños. También se diferencian en su grado de fantasía. Las primeras suelen ser más extrañas y alejadas de la realidad. Son menos racionales, ignorando con más libertad las leyes de la física o la factibilidad de las escenas o los personajes que intervienen en el sueño. Además, aunque ambos comparten los principales temas (agresión física, conflicto interpersonal y desamparo), no lo hacen en el mismo orden. El porcentaje de pesadillas protagonizadas por una agresión dobla al de los malos sueños.

Los investigadores encontraron pocas diferencias de género pero significativas. En sus pesadillas, los hombres sueñan el doble de veces más con desastres, accidentes, guerras o insectos. Además, aunque los temas de conflictos personales se dan a partes iguales en los malos sueños de ambos, en las pesadillas de ellas doblan a los de ellos. Para los autores, esto podrían indicar que estos conflictos despiertan una mayor respuesta emocional en las mujeres.

"¿Por qué soñamos? ¿Qué son las pesadillas? Estas preguntas aún no tienen respuesta", recuerda el psicólogo Antonio Zadra, coautor del estudio. Y su trabajo, a pesar de tanto dato, no intenta responderlas. Unos mantienen que los sueños son una especie de catarsis de lo que nos ha sucedido en el día o días anteriores. Otros apuestan por considerarlos un subproducto de la desconexión del estado consciente del cerebro. Pero ninguna de las dos alternativas ayuda a entender porqué y para qué surgen las pesadillas de entre los sueños. Ese es el secreto que queda por desvelar.