Las fuerzas de Seguridad en Irak, en imágenes

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Un soldado norteamericano patrulla el distrito sur de Kirkuk. "Su fuerza aérea es lo único que puede disuadir a Al Qaeda", dicen los responsables de la Seguridad iraquíes. / Reportaje gráfico: Mónica G. Prieto

La presencia de la potencia invasora norteamericana, legalizada gracias al SOFA, el acuerdo de Seguridad firmado por Washington y Bagdad a finales de 2008, se ha convertido, a juicio de muchos, en un elemento de estabilización para Irak. "Su fuerza aérea es lo único que puede disuadir a Al Qaeda", dicen los responsables de la Seguridad iraquíes, que se consideran incapaces, hoy por hoy, de garantizar la estabilidad de su país cuando EEUU abandone la antigua Mesopotamia.

Soldados kurdos y árabes levantan una barricada en una carretera de Kirkuk.

Las organizaciones que se agrupan tras la marca de Al Qaeda no son el único riesgo para la estabilidad de Irak. El riesgo que estalle una guerra étnica en el norte del país, en la llamada 'línea de detonación' -marcada por las 16 zonas árabes tomadas por las fuerzas kurdas, los peshmergas, para intentar integrarlas en un futuro Kurdistán- ha forzado a Washington a crear patrullas conjuntas en las que peshmergas, Policía y Ejército iraquí trabajan como un solo cuerpo. Sus integrantes iraquíes dudan de su continuidad una vez que EEUU abandone el país.

Miembros de una patrulla conjunta cantan en el interior de un blindado norteamericano.

Pese a que en Mosul el experimento resultó un fracaso -en el primer mes de vida, los peshmergas se retiraron durante tres semanas del proyecto en protesta por detenciones de kurdos implicados en un tiroteo contra el gobernador árabe de la región, Nínive-, en otras zonas como Kirkuk las patrullas conjuntas son un modelo. Sin embargo, sus oficiales temen que una decisión política disuelva la cooperación entre fuerzas y les deje, de nuevo, al borde del enfrentamiento étnico.

Un puesto de control de una patrulla conjunta.

Para la población de las llamadas 'zonas en disputa', sin embargo, la presencia de patrullas conjuntas es una buena noticia. No sólo se trata de más efectivos garantizando la seguridad y evitando la infiltración de explosivos en sus áreas: también un ejemplo de cooperación entre kurdos y árabes que ahuyenta el espectro del conflicto étnico.

Un grupo de peshmergas patrulla un suburbio kurdo de Kirkuk.

En Irak, hubo un momento en que daban más miedo las fuerzas de Seguridad que los grupos armados. Ocurrió en 2005, cuando estalla la guerra civil larvada que llevaba un año librándose en voz baja y la Policía y el Ejército -sobre todo la primera, compuesta mayoritariamente por los seguidores de dos milicias religiosas, las Brigadas Badr y el Ejército del Mahdi- participaban activamente en el conflicto sectario secuestrando, torturando y asesinando. De aquellos tiempos se ha heredado la costumbre de llevar el rostro tapado cuando se sale de patrulla. "¿Teméis por vuestra seguridad?", le pregunté a un oficial peshmerga. "No, es que está de moda", respondió.

Un policía iraquí, en la provincia de Diyala.

Hoy, la presencia de milicias en las fuerzas de Seguridad es mucho menor, si bien sigue existiendo sobre todo en las provincias de mayoría chií. En el resto, la situación es diferente. Frente a la preparación y el equipamiento de los peshmergas, limitados a la Región Autónoma del Kurdistán y a las 'zonas en disputa', contrasta la presencia de la policía regular Sus medios son limitados, su armamento insuficiente y su dedicación, en muchos casos, es dudosa.

Antiguos tanques soviéticos del Ejército iraquí, 'decorados' por soldados norteamericanos.

En Mosul, las tropas norteamericanas me hablaron orgullosas de su último proyecto: rehabilitar los antiguos carros de combate soviéticos del Ejercito de Sadam Husein, que datan de los años 60 y 70, para devolvérselos al nuevo Ejército iraquí. El 'plan renove' me pareció un regalo envenenado, dado que con la actual teconología de los países vecinos, eso dejaría al Ejército iraquí -otrora el más poderoso de Oriente Próximo- convertido en una sombra de lo que fue,  incapaz de enfrentarse a cualquier enemigo externo.

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