Matteo Renzi, figura emergente de la política italiana

Lucia Magi *

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El joven alcalde de Florencia, Matteo Renzi, en una imagen de archivo. / Roberto Vicario (Wikipedia)

ROMA.– Algo se mueve aún en el estanque. La política italiana se parece a uno desde las elecciones del 24 y 25 de febrero, cuando la coalición de izquierda ganó sin lograr la mayoría en el Senado y su líder Pierluigi Bersani no pudo formar un gobierno que cosechara la confianza de las dos Cámaras. La parálisis del nuevo Parlamento – dividido esencialmente en tres: el Partido Democrático a la izquierda, el Pueblo de la Libertad a la derecha y el Movimiento 5 Estrellas en los escaños altos, como para controlar– favorece a nuevos protagonistas. Personajes que insisten en hacer borrón y cuenta nueva y que encuentran en la inmovilidad actual el enésimo argumento para dar vigor a su crítica contra la clase política. Estos dos protagonistas son Beppe Grillo y Matteo Renzi.

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Grillo es el líder carismático del Movimiento 5 Estrellas (M5S), que con el lema 'Todos fuera' agita el Parlamento con sus 162 escaños, entre diputados y senadores, que prefieren llamarse “ciudadanos portavoces” y prometen “abrir el hemiciclo como si fuese una lata de atún”. El cómico genovés no fue elegido porque no se presentó a las elecciones. No quiere ser definido como líder o jefe, no es secretario ni presidente del Movimiento que no tiene dirigentes, congresos o asambleas, y ni siquiera dispone de una sede.

Todo el mundo, incluidos militantes, electores y elegidos del M5S se preguntaban qué papel tendría Grillo después del voto. Lo está dejando claro: es quien dicta la línea. Fue él quien acompañó a los dos portavoces de Congreso y Senado a la entrevista con el jefe del Estado, cuando Giorgio Napolitano tenía que escuchar a todas las sensibilidades presentes en el Parlamento para decidir a quién entregarle el mandato de formar un gabinete. Fue él quien se enfureció cuando el Parlamento eligió al exmagistrado antimafia Pietro Grasso presidente del Senado y a la excomisaria de la ONU para los refugiados Laura Boldrini, presidente del Congreso. Ambos, de la coalición de centro-izquierda, salieron elegidos en escrutinio secreto, pero basta con hacer dos cuentas para saber que necesitaron los votos de, al menos, diez grillinos para ganar a los candidatos de la derecha. Otra vez es Grillo quien cotidianamente desde su blog – no está en Roma, sino en su casa de las afueras de Génova o en la playa toscana– grita contra la posibilidad de que siga esta convergencia con la izquierda, amenaza con la expulsión de quien ceda a las promesas de Pier Luigi Bersani, que busca pactar algunas reformas con los del M5S para crear un Gobierno. Lo que, desde el punto de vista del puro y duro Grillo, machaca al primer mandamiento de no llegar a compromisos con tal de quedarse en el poder.

Es evidente que sus gritos reflejan una creciente dificultad interna. Es evidente que entre las filas de sus “ciudadanos portavoces” cunde cada día más la duda de si tiene sentido quedarse mirando el estanque o no sería más “responsable” –palabra que abunda en la boca de los políticos en este momento– tirarse a él, mover las aguas, incluso si esto significa apoyar algunas propuestas de la izquierda. Grillo levanta la voz para que entiendan quién tiene las riendas bien cogidas en sus manos. Por supuesto, quiere evitar que buena parte de los suyos bajen del carro para socorrer a Bersani. Ayer bajó a la capital, reunió a los suyos alrededor de una comida típica y distendió la tensión. Por ahora.

La puesta en escena de la prueba del fuego se hará a partir del 18 de abril. Las dos Cámaras están convocadas en Montecitorio, sede del Congreso, junto a los representantes de las 20 regiones italianas y a los senadores de por vida para elegir al nuevo presidente de la República. El sucesor de Napolitano necesita los dos tercios de los votos o la mayoría simple a partir del cuarto escrutinio. Es obvio que alrededor de esta carrera se concentran las maniobras subterráneas que mueven apenas las aguas del estanque. Grillo sabe que no puede perder la posibilidad de entrar en el juego. No tiene los números para imponer a un candidato solo suyo. Pero si deja que los suyos converjan sobre el nombre propuesto por la izquierda crea las condiciones para alianzas futuras, a lo mejor sobre un programa de Gobierno. Justo lo que no quiere. La posición de los M5S en la elección del jefe de Estado es ahora la cuestión central para entender lo que hay bajo las aguas quietas del estanque.

El otro protagonista que emerge entre bastidores es Matteo Renzi. Alcalde de Florencia, 38 años, miembro del Partido Democrático, fue el antagonista principal de Bersani en las primarias abiertas para designar al candidato. Es el segundo respecto a Pierluigi Bersani, que es apoyado por el aparato del PD. Renzi se apartó de la primera plana. Participó solo a la fase final de la campaña electoral –cuando Bersani veía bajar los consensos y necesitaba engatusar a los moderados– pero se mantuvo casi en silencio tras la decepción del resultado. Sin embargo, en estos dos últimos días, Renzi ha vuelto a hablar. Esta semana ha arrancado su personal campaña electoral: hasta participa hoy en el programa de televisión de Mediaset Amici, puntero el sábado por la noche entre los jóvenes sin afición política. “Se está agotando el tiempo”, exclamó en Florencia frente a una asamblea de emprendedores. “Sin acuerdo, hay que volver rápido a las urnas”, consideró ante los micrófonos de una emisora comercial como Radio 105.

Renzi se salta las barreras. Sabe que ahora es su momento de salir al escenario: un joven espabilado, que predicó la urgencia de cambiar a los viejos dirigentes, pero también –por humildad o acertado calculo estratégico– supo retirarse tras la derrota más que honorable en las primarias. Bersani falló, adelante el segundo, adelante el hombre nuevo que levanta consensos en todos los bandos: el alcalde florentino pidió los votos de los decepcionados por Berlusconi. Le gusta al área moderada del centro izquierda pero también convence a parte del electorado de Grillo, porque quiere renovar la política y su partido desde dentro, sin los discursos a rajatabla del M5S. Podría ser el perfecto candidato a primer ministro: él solo hace inocuos, a la vez, a Silvio Berlusconi, demasiado viejo, a Beppe Grillo, demasiado gritón, y a Bersani, deslegitimado por las urnas.

(*) Lucia Magi es periodista.