La peligrosa fascinación de Estados Unidos por Corea del Norte

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El ciudadano estadounidense Matthew Miller, durante el juicio al que fue sometido en Corea del Norte el pasado domingo. / captura de vídeo de YouTube

¿Qué puede llevar a un ciudadano norteamericano a tratar de instalarse en Corea del Norte, una dictadura considerada uno de los principales enemigos de Washington? Los seis años de condena a trabajos forzados al ciudadano norteamericano Matthew Miller, sentenciado por el Tribunal Supremo de Pyongyang el pasado domingo, no han disuadido a uno de sus compatriotas de intentar llegar al país controlado por Kim Jong-un a nado por el río Han (una frontera fluvial que separa Corea del Sur de Corea del Norte, ambos enfrentados desde la guerra que terminó en 1953) en una de las aventuras más descabelladas que caben concebir. No sólo porque el afluente en sí es una zona de acceso fuertemente restringido y por el volumen de tropas que custodian ambos lados del Han –que divide en dos la península coreana- sino porque la experiencia dicta que el régimen norcoreano no se toma a bien las visitas de ciudadanos estadounidenses, incluso cuando éstos alegan pretender pedir asilo político.

Ese fue el caso de Miller, de 24 años y originario de Bakersfield (California) quien aterrizó en la capital norcoreana el pasado 10 de abril para, una vez en el control de pasaportes, romper su visado y pedir asilo político. La agencia oficial norcoreana KCNA indicó que el estadounidense llegó a Corea del Norte “tras elegir el país como refugio”, una versión que se habría visto parcialmente confirmada por el propio joven, quien en una breve entrevista concedida a la CNN bajo supervisión de oficiales norcoreanos aseguró haber violado la ley local.

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Según los fiscales, el norteamericano habría admitido su “ambición” de pasar tiempo en prisiones norcoreanas para poder así vivir de primera mano los abusos contra derechos humanos en la dictadura comunista, según informó la agencia AP. Si era así, no tardó en conseguirlo. Tras apenas 90 minutos de juicio, Miller fue condenado a seis años de trabajos forzados por “espionaje”. Los precedentes ya indicaban que esa sería su suerte: Kenneth Bae, misionero coreano-norteamericano de 45 años arrestado en noviembre de 2012, fue condenado a 15 años de trabajos forzados por proselitismo, el mismo delito del que se acusa a Jeffrey Fowle, de 56 años, arrestado por olvidar un ejemplar de la Biblia en lugar público.

El Departamento de Estado de EEUU ha pedido a las autoridades norcoreanas la liberación de sus tres ciudadanos, acusando a Pyongyang de un trato “criticable y angustioso”. “Esa es la forma en la que juegan”, aseguró Daniel Russel, portavoz del Departamento. “Usan seres humanos, y en este caso ciudadanos norteamericanos, como peones”.

A punto estuvieron ayer de sumar un cuarto nombre a esa lista. El Ministerio de Defensa surcoreano explicó que el osado nadador estadounidense, de unos 30 años y cuya identidad no ha trascendido, fue detenido en el río Han tras ser localizado por una patrulla fluvial cuando descansaba, exhausto, en una orilla. Según la agencia surcoreana, los investigadores han comunicado que el arrestado afirmó que su objetivo era conocer personalmente a Kim Jong-un.

Puede considerarse afortunado de haber salido con vida de su aventura: en septiembre de 2013, un surcoreano fue abatido por tropas de su propio país cuando trataba de atravesar el río Imjin en dirección a Corea del Norte. En 1996, un norteamericano protagonizó un incidente considerablemente más vergonzoso: Evan Hunziker cruzó –desnudo y aparentemente en estado de embriaguez– a nado el río Yalu, que sirve de frontera entre China y Corea del Norte, para ganar una apuesta a un compañero de juergas. Arrestado en el país comunista bajo cargos de espionaje, fue liberado gracias a la visita de un congresista de Nuevo Mexico. En agosto de 2009, dos periodistas norteamericanas fueron detenidas tras cruzar desde China sin visado y sentenciadas a 12 años de trabajos forzados. Una visita, dos meses después, del expresidente Bill Clinton les facilitó una amnistía del líder supremo.

Todos estos casos no disuaden a los turistas y aventureros estadounidenses de alcanzar el país comunista, con el cual Washington no mantiene relaciones diplomáticas. Según Koryo Tours, la principal agencia de viajes que facilita el acceso a Corea del Norte, el 25% de los turistas occidentales que viajaron al país de Kim Jong-un el pasado año provenía de EEUU.