7 de 10 camareras de piso consumen fármacos para poder trabajar

Jacinta lleva 16 años trabajando como camarera de piso. Las “lumbalgias”, “las manos deformadas” o las molestias en los hombros son tan habituales en el día a día de estas trabajadoras como las sábanas o los productos de limpieza. Para aguantar el dolor, muchas toman analgésicos o relajantes musculares. Precisamente en este consumo se ha centrado la jornada “La salud laboral de las camareras de piso” que CCOO ha organizado este jueves en la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas y en la que se han expuesto varias conclusiones. Entre ellas, destaca el policonsumo al que se someten estas trabajadoras: “7 de cada diez camareras de piso consumen fármacos para paliar el dolor muscular”, según el análisis del sindicato.

En este caso, Jacinta es delegada sindical y reconoce las enfermedades derivadas de la sobrecarga de trabajo en un empleo físico, pero asegura que muchas de sus compañeras no identifican siempre las patologías, especialmente, cuando son psicológicas. “Te dicen que duermen mal, que se levantan a comer o que se ponen a llorar”, explica. A veces, la presión por limpiar más habitaciones (hacen una media de 20 a 25 por jornada) hace que aparezcan también la ansiedad, el estrés o, en última instancia, la depresión, tal y como ha explicado en rueda de prensa José María Martínez, secretario general de la federación de Servicios de CCOO.

Publicidad

En su estudio, CCOO se encontró con que el 95,9% tenían síntomas de ansiedad, un 74% problemas de concentración o que un 70% refería dolor muscular entre cuatro y siete zonas. Este cúmulo de circunstancias interfiere también en el descanso de las camareras de piso: 73,2% duerme menos de 8 horas al día y el 9% menos de 5 horas.

Para conocer más en profundidad la realidad de las camareras de piso, CCOO ha realizado seis grupos de discusión y 15 entrevistas en profundidad entre personal del sector (camareras de piso, médicos del trabajo, servicios de prevención, representantes sindicales…). Las conclusiones de los encuentros revelan que los fármacos más consumidos son los relajantes musculares, los analgésicos o los antiinflamatorios para paliar el dolor muscular, los ansiolíticos para reducir el estrés y la ansiedad y los protectores gástricos. Además, aseguran que “la mayoría de los fármacos no son recetados por un profesional, sino que se los recomiendan y se los proporcionan unas a otras”, según ha informado el sindicato.

Pedro Linares, secretario Confederal de Salud Laboral, ha recordado que algunos de estos problemasafectan en mayor medida a las mujeres” y que, además, hay un sesgo de edad: “a mayor edad, mayor consumo”. La presión por producir más, la sensación de aislamiento en un trabajo cada vez más individualizado o la falta de una evaluación de riesgos ergonómicos deriva en problemas que acaban solucionándose por la vía rápida del consumo de fármacos. 

Años de lucha

Estas observaciones, unidas a la concienciación social que se ha creado en los últimos años respecto a las condiciones de las camareras de piso, han hecho que el sindicato haya diseñado una campaña para este sector, que ya puede reclamar como enfermedades profesionales el síndrome del túnel carpiano, el dedo resorte, la epicondilitis (codo de tenista) o la bursitis, entre otras muchas.

Los sindicalistas han querido desplazar el foco desde la situación individual de cada camarera a la causa general: las malas condiciones laborales. Por eso, José María Martínez ha ido más allá y ha apuntado a la derogación de la reforma laboral, que ha “restado capacidad de acción a los trabajadores” y que ha facilitado las externalizaciones.

En este punto, Jacinta coincide en que la crisis y la rebaja de los derechos laborales ha tenido consecuencias nefastas para este sector, incluso en aquellas empresas que no han externalizado sus servicios: “Están intentando que se haga el número de las habitaciones que la empresa considera que se pueden realizar en un tiempo inviable . Les da igual que la habitación sea de una cama, dos, una suite o una familiar”.

Otro de los efectos secundarios de “ir corriendo todo el tiempo” para hacer el mayor número de habitaciones es el “envejecimiento acelerado”, “un desgaste estructural” del cuerpo. Por eso, preguntamos a Jacinta cómo es la jornada de piso de una camarera de 64 años, unos meses antes de poder jubilarse: “No llegas, te vas antes”. Esto se traduce en que, tras años trabajando, estas mujeres pueden ver reducida su pensión si su aguante se agota antes de que llegue la edad de jubilación.