ASÍ ES EL BURNOUT

Ni eres débil ni tienes poco aguante, tienes el síndrome de quemarse por el trabajo

  • El síndrome de quemarse por el trabajo, el llamado burnout, es "una respuesta al estrés laboral crónico" reconocido por la OMS
  • Se caracteriza por la pérdida de ilusión, el agotamiento psíquico emocional y la apatía. En otras ocasiones aparece el sentimiento de culpa
 

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Es el último día de la semana, pero es una jornada más en la residencia de mayores. Cada vez hay menos emoción y más agotamiento. La carga de trabajo es demasiada y hay que atender a los pacientes de manera rápida y eficaz, como si cubrir las necesidades humanas fuera como fabricar tornillos. No siempre se llega a tiempo, pero la preocupación de los familiares no puede esperar. "Oiga, señora, hace 30 minutos que la he llamado". Tensión, estrés y, además, malas caras. A los pacientes ya no les tratas como crees que se merecen y eso te hace sentir culpable. Dejas de poder dormir, a veces lloras. No eres una mala profesional, quizá sufras el síndrome de quemarse por el trabajo, el conocido como burnout.

Pedro R. Gil-Monte, catedrático del departamento de Psicología Social de la Universidad de Valencia, hace una primera precisión. Prefiere no hablar de "trabajador quemado", sino del síndrome de "quemarse por el trabajo": "La culpa no es del trabajador, sino del trabajo, no es porque la persona sea débil o no tenga recursos, es porque las condiciones del trabajo están mal diseñadas", explica. Este experto ha sido el encargado de coordinar el libro Prevención y tratamiento del síndrome de quemarse por el trabajo (burnout): programa de intervención, (Editorial Pirámide, 2019) donde también cuenta con la aportación de varios coautores.

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El burnout, también llamado síndrome de desgaste ocupacional, es "una respuesta al estrés laboral crónico, que sufren especialmente aquellos trabajadores del sector servicios que atienden a otras personas", explica el catedrático. Esto puede abarcar desde profesores hasta médicos, pasando por los trabajadores de las residencias de ancianos, un colectivo al que el experto pide prestar especial atención por sus malas condiciones laborales. Este fenómeno no es nuevo, se estudia desde 1974, cuando el psiquiatra Herbert Freudenberger lo introdujo en sus observaciones. Además, aparece en la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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El síndrome de quemarse en el trabajo tiene tres características. Una pérdida de ilusión por la actividad laboral, un desgaste psíquico y agotamiento emocional ("no tengo fuerzas", "no tengo ganas de escuchar los problemas de nadie") y un deterioro de las relaciones interpersonales, con el desarrollo de cierta despersonalización y apatía: "Este síndrome lleva a las personas a distanciarse del trabajo. Van todos los días a su puesto, pero se desentienden. Esta actitud les protege del malestar profesional", explica Gil-Monte sobre un primer perfil de empleado quemado por el trabajo.

Pero el investigador aporta luz sobre una nueva dimensión, que llevaría a las consultas médicas a un segundo perfil: aquellos que desarrollan sentimientos de culpa. Son personas muy implicadas en su trabajo, que empiezan a pensar que no llegan a todo y desarrollan remordimientos. "Puede ser ese profesional de enfermería que tiene que atender a 15 pacientes. Uno está en una situación delicada, otro tiene otra necesidad, otro tiene unos familiares que le aprietan para que les atiendan... Y eso al final provoca una sensación de no llegar. Además, cuando un familiar llama a un enfermero y no viene, se planta y puede provocar conflictos interpersonales", ejemplifica.

El experto cree que en torno a un 10% de trabajadores podrían corresponder al primer perfil, mientras que los casos más graves pueden ser entre un 2% a un 5%.

Sobrecargados y sin tiempo

En el libro, el plantel de expertos plantea varias técnicas para mejorar el estado de las personas que sufren este síndrome, pero Pedro R. Gil-Monte no esconde que la raíz está en la forma de organizar el trabajo en las empresas: "Una de las condiciones laborales que más pesa es la sobrecarga de trabajo", algo que también sufren los trabajadores sociales o los profesores que ven aumentadas las ratios de su clase.

Hay un caldo de cultivo que favorece este fenómeno. "Los trabajadores cada vez tienen menos control sobre sus condiciones. Hemos pasado de un periodo de mejora a una situación donde cada vez hay más mano de obra cualificada barata. La cualificación pierde valor". La precariedad ha traído más inseguridad laboral, más carga de trabajo y "unos ritmos cada vez más acelerados".

2 Comments
  1. Miguel says

    Finalmente hemos consentido que el «exitoso» reino de Españistan haya terminado conrtiéndose en una profesional picadora de carne humana.Ahora lo que toca es seguir festejándolo y sobre todo «disfrutarlo…» .

  2. Carlos says

    Uuuff. Tema complicado.

    Trabajo en Suecia (de médico), cuna del Burn out institucionalizado. Realmente tema muy complicado.

    Por aquí las estadísticas hablan de un 0,3-0,4 % de la población total por año de susodicho síndrome. Si lo reducimos a población activa nos acercamos al 1%. Síndrome con criterios absolutamente subjetivos sin posibilidad de objetivarlos. Tratamientos (psicoterapia, medicación y soporte económico mediante baja laboral) con tasas de éxitos bajos y recaídas, aquellos que mejoran, muy altas.

    En mi opinión enfermedad del primer mundo, inexistente en países en vía de desarrollo (seguro con poco foco en las sanidades de dichos países). Profundamente difícil de diagnosticar y diferenciar de gente que simplemente… no quiere trabajar. Supone una carga para el estado enorme de recursos, de gente especializada en cuidar a dichas personas, con una alta carga de contagio (dato curioso, aquellos que tratan con ellos suelen trabajar menos y darse de baja más).

    Si me preguntas, en una sociedad de los cuidados es un puerta peligrosa de abrir, cara y en mi opinión totalmente insultante con los países en vías de desarrollo. Pero me temo por aquí pasaremos todas.

    Un saludo y suerte con el proyecto!!

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