El siete, el cinco y el quince

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EMPUNA PUNA

Hoy ha sido, para mí, un día único. Por primera vez desde que aterricé en Sudáfrica, me separé de mi querido Twitter, durante un partido del Mundial. Las dificultades tecnológicas reinantes en el mítico Ellis Park, escenario sublime en el que se gestó el germen que acabó con el maldito apartheid, fueron la excusa perfecta para separarme de mis bases de datos y disfrutar de un partido de fútbol, en toda su dimensión. Hacía años que no me lo permitía, pero la experiencia ha sido tan gratificante, que, más temprano que tarde, tendré que volver a repetirl

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Acompañado por Raúl Espínola, el ilustre técnico del RadioEstadio, ambos nos perdimos en la grada, para presenciar, con los cinco sentidos, la primera victoria de España en este Mundial, respecto de la cual, dicho sea de paso, he oído ya todas las versiones posibles. Os contaré la mía: no es La Roja que nos ha deslumbrado en los últimos tiempos, pero es que las circunstancias tampoco eran las más propicias. Eso sí, disfruté con la portentosa exhibición de Villa en la primera media hora de partido y con un más que aceptable segundo tiempo del equipo de todos. Y sí, también sufrí un buen rato, sobre todo, por el insoportable sonido de las puñeteras vuvuzelas.

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Igual me equivoco, pero se me ha metido en la cabeza que el partido del viernes, ante Chile, será el último o, en su defecto, el primero de los cinco más que vamos a jugar en este Mundial.

LA BIZCOCHETA

Villa ejecuta el penalti que falló en el partido de ayer frente a Honduras. / EFE

Ha vuelto a pasar. Para mí, es un misterio incluso mayor que el de la Santísima Trinidad. David Villa, el indiscutible "7" de España, ha vuelto a fallar un penalti con La Roja. Uno más y ya van cinco, de los siete que ha lanzado. Resulta realmente complicado, por no decir imposible, encontrar a un depredador del área, de la categoría del guaje, con semejante porcentaje de fallos desde los once metros. Sólo por eso, ya la historia merecería la categoría de, cuanto menos, intrigante. El siguiente estadío, el que va de la intriga al mayor de los misterios, nos llega cuando comprobamos que David Villa es, con muchísima diferencia, el mejor lanzador de penaltis de Primera División. Lleva, nada más y nada menos, que quince seguidos, sin mácula alguna.

Podemos decir, por tanto, que David Villa sólo está gafado desde el punto de penalti cuando viste de rojo, hasta tal punto, que hoy llevó ese mal fario hacia su límite máximo cuando España, 80 años después de la creación del Campeonato del Mundo, falló su primer penalti en este torneo, después de convertir los 14 anteriores que había ejecutado, uno detrás de otro.

No obstante, la curiosa relación amor-odio de Villa con el punto fatídico se torna, si cabe, aún más rocambolesca, cuando comprobamos que, en todos y cada uno de esos cinco partidos en los que falló una pena máxima, el asturiano se desquitó marcando, al menos, un gol. Y digo, al menos, porque, en tres de ellos, incluyendo el de Honduras, el desquite fue doble.

1 Comment
  1. David says

    Si ganamos será porque Del Bosque despierta y se entera de cómo ganó España la Eurocopa. Es lo que tiene jugar con nombres y no con una idea futbolística.

    Por ejemplo, Xabi Alonso como medio centro es un fracaso en España. No guarda la posición, no cubre, sólo tapa huecos, y a excepción de unos impresionantes cambios de juego, su aportación es mínima. Las dos o tres veces que Busquets se animó al ataque, Alonso estaba pensando en no se sabe muy bien qué. Porque los hondureños eran unos mantas, sino nos hacen un cuadro.

    Luego la insistencia en Navas es desesperante. Para romper un partido puede estar bien, no lo niego, algo a lo Walcott, pero de inicio nada tiene que ver con lo que España necesita. Además, en el primer partido sirvió de focalizador y destructor del juego español. Esta vez hizo lo mismo. Por suerte Villa estaba en la otra banda para ofrecer una maravillosa alternativa. Navas carece de la habilidad y la técnica para asociarse con los delanteros. Era desesperante ver todos los movimientos de Torres que se quedaron en nada porque el chico no suelta la bola si no ha hecho un regatito antes. Torres estuvo muy bien sin balón, con balón muy fallón, pero está en pretemporada, así que se le perdona.

    Por otra parte, Xavi es buenísimo, nuestro mejor jugador, pero necesita alguien a quien asociarse, si no es facilísimo anularlo, porque no hay más que ponerle un jugador que lo marque y ya se nos han ido todas las posibilidades de construcción de juego. Alonso no se asocia nunca con él y Navas menos. Silva, Iniesta o Cesc son imprescindibles, por mucho que Del Bosque no se entere.

    Lo principal aquí es que Del Bosque no confía en la idea de la Eurocopa. Está enamorado de jugadores de forma individual, sin pararse a pensar si ayudan al colectivo o por el contrario chirrian. No se trata de poner a las majores individualidades, sino de poner a los que mejor lleven a cabo la idea de juego pensada. Por ejemplo, si Llorente no jugó contra Suiza, ya no juega en todo el mundial. Y si lo hace, será por politiqueo de plantilla, porque si tienes un partido tan cerrado en el que recurres a colgar balones al área y no piensas en tu jugador más alto y fuertote, es para mirárselo.

    La suerte de Del Bosque es que la plantilla española es de las mejores del mundial, y por ellos mismos se asocian de memoria o por puntos de genialidad. La preocupación del seleccionador debería de ser la de potenciar esas comunicaciones, pero está claro que es otra muy distinta.

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