Azul, pero oscuro

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EMPUNA PUNA

La vida del autoenviado especial es, la mayoría de las veces, pura incertidumbre. Uno va a los campos y no sabe muy bien lo que se va a encontrar por allí. Un sitio donde sentarse suele haber siempre, eso es casi seguro, pero quizá no "ese sitio" que estás buscando para hacer tu trabajo lo mejor posible. Hoy tuve suerte.

Pensaba ir a Pretoria sin el ordenador, escarmentado por las experiencias pasadas, pero llevaba un día tan perro que me dije "por algún sitio tiene que salir el sol" y, al final, me lleve la maquinita, encontré un hueco libre en la zona oportuna del estadio y allí que me senté. La alegría duró 23 minutos exactamente, lo que tardó el "propietario" del asiento en ir a reclamar su legítimo sitio. Ya me estaba levantando cuando, de repente, ¡¡¡Milagro!!! El amable compañero me reconoció gracias a ese bendito invento llamado Twitter, me cedió gustosamente parte de su espacio vital y ahí supe que ya no se nos escapaba el triunfo.

No obstante, dicen que dos buenas noticias nunca suelen venir juntas y, quizá por eso, el partido que hizo ayer España me llenó de dudas. Hasta el regalo de Claudio Bravo y la obra de arte de Villa, Chile nos pasó por encima. Les valía el empate, pero salieron, admirablemente, a por la victoria, con un estilo "kamikaze" (Del Bosque dixit) y, para mí, brillante. Por eso me alegré tanto por su clasificación. La merecieron de largo y tengo la firme convicción de que Brasil las va a pasar canutas ante La Roja de Sudamérica.

LA BIZCOCHETA

Los jugadores de La Roja, ayer de azul, celebran el gol de Villa. / Shawn Thew (Efe)

No es nada habitual ver a la selección española vestir de azul y blanco. De hecho, después de 576 partidos internacionales en el historial de nuestro combinado nacional, sólo en 10 ocasiones habíamos jugado con la indumentaria de hoy. La cosa se puso interesante al descubrir que sólo uno de esos diez encuentros no había sido amistoso, que éste se jugó en una Fase Final del Campeonato del Mundo y que nuestro rival de aquel día fue ¡¡¡Chile!!! A veces, las coincidencias te conducen a premoniciones absurdas, pero aquel encuentro del Mundial de 1950 había acabado 2-0 al descanso y al final y, por eso, hoy, tras ver el resultado del primer tiempo, me pareció estar situado en medio de un mágico conjuro que, en cierto modo, desactivó el gol de Rodrigo Millar. Mejor así, porque ese malintencionado zapatazo hizo justicia y alejó definitivamente del objetivo a Suiza, permitiendo que las dos mejores selecciones del grupo pasaran a Octavos.

No obstante, me gustaría destacar un dato que habla bien a las claras del estilo de juego de España. No me refiero específicamente al partido de ayer, sino, en general, al modelo que viene puliendo nuestra selección, durante los últimos 4 años. Con el de anoche, España ha ganado, uno detrás de otro, los últimos 40 partidos en los que ha marcado el primer gol. El día que Ribery nos cazó a la contra, en Hannover, cerca del descanso y con ventaja en el marcador, alguno de los nuestros debió pensar aquello de "una y no más, Santo Tomás". El tiki-taka que inventó el negro Montes es un regalo para los ojos, pero, con ventaja, es, además, un seguro de vida a todo riesgo.


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