Donde habita el cáncer femenino

  • La Asociación Española Contra El Cáncer estima que 1 de cada 8 mujeres pueden sufrir un cáncer de pecho a lo largo de sus vidas
  • Con el cáncer de útero y cérvix la detección precoz es bastante sencilla ya que cualquier anomalía puede detectarse a través de una citología

Cada año en España mueren más de 6.000 mujeres a causa del cáncer de mama, un escenario que sitúa a esta enfermedad como la más mortífera para la mujer. Para genera una idea global, alrededor de cada uno de nosotros habitan al año más de 25.000 afectadas por un tumor maligno en el pecho (26.229 en 2015). Sin embargo, la mujer se ve afectada por otros tipos de cáncer que solo ella puede contraer y que presenta escenarios distintos en cuanto a su prevención y diagnóstico.

La Asociación Española Contra El Cáncer estima que 1 de cada 8 mujeres pueden sufrir un cáncer de pecho a lo largo de sus vidas, pero con el tiempo los datos de supervivencia según la misma fuente son cada vez más esperanzadores, ya que cada año se eleva en un 1,4 % el número de pacientes que superan la enfermedad.

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Además del de mama, que encabeza el ranking de los cánceres que más afectan a la mujer, hay otros, en un segundo plano, que también desarrolla exclusivamente el sexo femenino. Estos se localizan en el endometrio, en el cérvix, o en el ovario, por ejemplo. Estos tres son los más frecuentes después del de mama según apunta La Sociedad Española de Oncología Radioterápica. Tal y como señala esta fuente, cada año hay un 6,7 % de mujeres españolas que padecen cáncer de endometrio, un 4,7 % de ovario y un 4,5 % de cérvix.

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En España, el cáncer de ovario supone casi un 5% de los tumores que presenta exclusivamente la mujer, diagnosticándose al año alrededor de unos 3.300 casos. El de cérvix es menos numeroso, con 2.100 casos anuales, aunque es el segundo más frecuente en el mundo según describe la Asociación Española Contra el Cáncer.

Si echamos la vista atrás y observamos la mortalidad española vemos que en 1995 fueron 6.011 mujeres las que no pudieron sobrevivir al cáncer de pecho. De ovario fueron 1.542 fallecimientos y de cérvix uterino 597. Si avanzamos 20 años, hasta 2015, las cifras de mortalidad son muy parecidas. Son 6.045 muertes por cáncer mama, 1.960 por el de ovario y 659 por el de cuello uterino.

En estas dos décadas el cáncer femenino ha experimentado cambios en cuanto a la prevención, diagnóstico y tratamiento. Si nos detenemos en el más mortífero, el de mama, encontramos las variaciones más significativas a la hora de tratar una paciente con esta enfermedad. Josep María del Campo (Barcelona, 1950), especialista en oncología médica, indica que desde inicios de los años 90 hasta hoy, solo se mantienen en el tratamiento del cáncer situado en el pecho 3 o 4 fármacos y procedimientos como la radioterapia, aunque en este caso el aparato y las técnicas han ido presentando mejoras.

Lo que ha dado un vuelco en la investigación de este cáncer, dice del Campo, es el conocimiento de alteraciones moleculares y la clasificación de los tipos de tumores que existen. El responsable de este fenómeno es un gen llamado HER-2, que está presente en el 30 % de los cánceres de mama que se diagnostican y que justifica un tratamiento específico para las pacientes que lo tienen.

Los datos de mortalidad se distribuyen por el país de forma muy diferente en estos dos años. Se puede observar que en 1995 el cáncer de mama, que se encontraba sobre todo en la parte norte de la Península, desde donde se ha desplazado hacia el este. Al principio del periodo de tiempo Huesca y Soria se ponían a la cabeza de las provincias que más fallecimientos causó la enfermedad, con 22 y 21 muertes por cada 50.000 mujeres en ese año. Y Jaén es la provincia que menos casos registra con 9.

Estas mismas provincias que destacaron en ese año ya no son protagonistas en 2015. La muerte por la enfermedad se desplaza hacia el este de la península situando a León como la región donde más mujeres fallecieron por cáncer de mama, con casi 22 casos, y La Rioja en la que menos, con casi 10 muertes por cada 50.000 mujeres en ese año.

El escenario que presenta el cáncer de ovario también cambia en esos 20 años. En 1995 se concentraban más muertes en el centro norte de la península, donde varias provincias de Castilla y León, como Soria y Palencia, registraron un número elevado de muertes. Sin embargo, es en Ourense donde más fallecimientos hubo con un ratio de 6,63 casos por 50.000 habitantes.

En esta enfermedad en concreto ocurre que tras 20 años su distribución en el territorio se dispersa. Presenta dos frentes en los que se acumula: la parte este del mapa, donde desde Asturias hasta Cáceres los datos son elevados, y otra zona frente a estas provincias donde se sitúa otro hilo de regiones que tienen cifras elevadas de mortalidad. Son Huesca, Teruel y Cuenca, donde esta última se pone a la cabeza de las regiones que más casos registraron en 2015. Al contrario que ocurría con el cáncer de mama, las defunciones por esa enfermedad se han elevado de forma más significativa en este tiempo, ya que en 1995 no se llegaba a 7 casos por provincia y en 2015 se rozan los 9.

En el caso de la mortalidad por cáncer de cérvix uterino, la ubicación de los fallecimientos también se desplaza. En 1995 fueron las Islas Baleares las que más registros anotaron. Y es curioso que Soria, que en ese año no tenía ningún caso de muerte, se convierte en 2015 en la mayor afectada por la mortalidad.

El cáncer que escuchamos

El lazo contra el cáncer de mama es una iconografía común, productos que lo llevan, carreras en las que miles de mujeres con camisetas y lazos rosas se unen para personificar la lucha contra la enfermedad. Este símbolo mundial fue creado en 1992 por Alexandra Penney y Evelyn Lauder, editora y vicepresidenta de Estée Lauder respectivamente. Entre ambas lanzaron este emblema para promocionar la lucha contra este cáncer. Hoy en día son numerosas las marcas comerciales que lo utilizan para vender sus productos y a su vez, destinar una parte de las ganancias a la investigación.

Sin embargo, ningún símbolo está asociado con el cáncer de útero o de ovario. Solo respiramos información sobre el de mama. Es lógico si nos fijamos en sus cifras de incidencia y mortalidad porque son menores en estas variedades, pero también merecen atención para que su prevención sea efectiva. A menudo se asocia útero con cáncer de cérvix, aunque este solo sea una parte y las cifras de incidencia y mortalidad sean más bajas que en el caso del endometrio, por ejemplo. Quizá esto ocurra porque se ha concienciado sobre la vacuna que evita el Virus del Papiloma Humano, responsable de casi el 100% de los casos de cáncer de cuello uterino, lo que ha provocado que el foco mediático se posara únicamente en esta variante.

La vacuna se implantó en España en 2008 y se aplica a niñas de entre once y catorce años. Hoy en día es pronto para detectar si ha contribuido a reducir los casos de cáncer de cérvix porque según informa el experto médico Del Campo, hace falta que pase una generación para tener evidencias claras. La situación en España de esta enfermedad está en aumento según el doctor, a causa, por ejemplo, de la inmigración por parte de Hispanoamérica, África o Asia.

El informe que presenta el Instituto de Salud Carlos III calcula que un 30 % de los cánceres de útero que provocan la muerte de la paciente son de cérvix, por lo que no es en cantidad el más importante pero se informa más sobre él por la existencia de la vacuna. “Hay más información en el de cérvix”, confirma Del Campo. Sin embargo, en términos absolutos, es evidente que el de mama se lleva toda la atención, ya no por campañas informativas, sino también por casos individuales que han llamado la atención, como ocurrió con el de Angelina Jolie. “Ha ayudado mucho a que muchas mujeres estén atentas a los controles y no se los salten”, manifestaba el doctor. En el caso particular de la actriz, que se sometió a una doble mastectomía, en su organismo habitaba el gen BRCA1, que motiva la aparición del cáncer de mama y que además puede provocar otros como el de ovario. Esta mutación, junto a otra de sus variedades, el gen BRCA2, conforman del 20 al 25 % de los cánceres de seno que se heredan, según apunta el Instituto Nacional del Cáncer.

Más vale prevenir

Durante años, el foco para superar con éxito el cáncer de mama se ha situado en la prevención. Detectarlo a tiempo es la clave. Por eso en España, desde la década de los noventa, cada comunidad autónoma lleva a cabo un programa de detección precoz para tratar cuanto antes a las afectadas. Este protocolo consiste en que las mujeres inscritas en el censo de una determinada edad se sometan a una mamografía cada dos años para prevenir tumores.

Al estar el área de salud en España descentralizada, es decir, que el Gobierno transfiere sus competencias a cada de las comunidades autónomas, el criterio de esta prueba en las regiones administrativas no es unánime en algunos aspectos. Por ejemplo, en La Rioja la mamografía de cribado, la prueba que consiste en una exploración radiográfica de las mamas, se realiza anualmente si la mujer tiene de 45 a 49 años, y cada dos si supera los 50. En el resto de comunidades es siempre cada dos años. Otra diferencia interesante se encuentra en los intervalos de edad. Algunas lo comienzan a partir de los 45, otras a los 50, aunque siempre la edad tope son los 70.

Lo que puede ocurrir en estas revisiones es que algunos tumores se escapen de los ojos de la mamografía, por lo que a veces es necesario complementar con una ecografía, para que el diagnóstico sea más eficaz. El doctor del Campo dice al respecto que muchos centros médicos utilizan las dos pruebas si existen dudas con la mamografía, al margen de los programas de detección precoz que realizan las comunidades autónomas.

Sin embargo, antes de llegar al médico y someterse a estos procesos de cribado, es importante que la mujer se palpe periódicamente el pecho. Del Campo señala que las mujeres “deberían auto explorarse semanalmente las mamas” porque “se diagnostican más cánceres de pecho a raíz de auto exploraciones de la mujer que por procedimientos radiológicos”. El doctor aconseja hacerlo en el momento de la ducha, por ejemplo. “La mujer sabe si ha tenido ese bulto toda la vida o no lo tenía antes”, explica.

Con el cáncer de útero y cérvix la detección precoz es bastante sencilla ya que cualquier anomalía puede detectarse a través de una citología, el procedimiento por el que se extraen células del cuerpo uterino para su posterior análisis y que tiene lugar en las revisiones ginecológicas que la mujer experimenta anualmente. Del campo señala que “es muy fácil de diagnosticar” y pone como ejemplo la población femenina de la India, donde son más de 600.000 millones de mujeres y los medios médicos son más limitados. Curiosamente, dice, “con una simple exploración consiguen diagnosticar la mayor parte de cánceres de cuello uterino”. Además, si se detecta a tiempo, “es un cáncer curable” porque “con virus o sin virus, un diagnóstico precoz permite la curación”, dice el doctor.

Con el ovario, sin embargo, las mujeres lo tienen más complicado. “Han pasado décadas y no hay forma de diagnosticarlo en su fase inicial”, lamenta el doctor, ya que por ejemplo, un cáncer de ovario se escapa de lo que muestra una ecografía. Lo que explica esto es que la enfermedad “crece hacia arriba desde la pelvis”, por lo que no se detecta. “El 75% de los cánceres de ovario que se detectan lo hacen en fase avanzada”, informaba. “Esto no ha cambiado desde hace 50 años”, añade.

La prevención tiene como objetivo reducir la mortalidad detectando a tiempo la enfermedad. Aunque en 20 años los resultados de mortalidad sean parecidos, lo cierto es que ahora las pacientes viven más tiempo, por lo que las mujeres que no logran superar la enfermedad, mueren a edades más avanzadas. “El diagnóstico puede ser en la misma edad pero mueren muchos años más tarde”, confirma el doctor, quien explica que en los tres tipos se ha doblado prácticamente la edad de supervivencia. “En mama antes las pacientes estaban enfermas 6 años, ahora pueden estarlo 10 o incluso 15”, ejemplifica.

Lo que empieza a calar en la conciencia en cuanto a la prevención es el estilo de vida que pueda llevar cualquier persona. Es cierto que en el caso del cáncer de mama hay factores que no se pueden evitar para contraerlo, como por ejemplo, el hecho de que sea hereditario. Tampoco podemos evitar que a partir de los 45 años se incremente el riesgo para cualquier mujer, ni tampoco que factores como haber tenido el periodo una edad temprana incremente nuestras probabilidades. Lo que sí se puede controlar es el hecho de llevar un estilo de vida sana. “La falta de ejercicio, la obesidad, los alimentos con muchas grasas, comer carne roja en exceso, el alcoholismo o el tabaquismo se consideran factores de riesgo hoy en día”, explica del Campo.

Cuando el cáncer roza a toda una familia

Mercedes Nalda Lomo (Logroño, 1965) fue una de las de las 25.000 mujeres a las que se les diagnosticó cáncer de mama en 2007. Merche, como la suelen llamar, recuerda sentada en el sillón de la casa de su madre lo que experimentó hace una década. Por aquel entonces tenía 42 años y le diagnosticaron un carcinoma ductal, el tipo de cáncer de pecho más habitual. No le sorprendió en absoluto, dice, porque llegó al doctor con “un diagnóstico muy claro en la cabeza” tras haberse palpado por casualidad un bulto en su pecho izquierdo.

La razón por la cual apenas tenía dudas sobre la enfermedad que corría en su interior, era que su madre, Tina Lomo, 50 años antes, había pasado por un cáncer de mama que hizo que las probabilidades se elevaran para ella y para su única hermana. En cinco décadas, los tratamientos contra este cáncer han cambiado significativamente, tanto que las historias de esta madre e hija comparten pocos aspectos.

Tina fue diagnosticada con un cáncer de mama en 1967. Sus hijas no saben qué tipo de tumor tuvo en el pecho ya que la familia, en aquel entonces, no llegó a tener ningún informe de su madre como paciente. A los 36 años, Tina se hacía cargo de la casa y de sus dos hijas. Merche tenía 2 años cuando su madre enfermó y su hermana tenía cinco. “El cáncer hizo que mi madre perdiera la alegría”, contaba su hija sobre los cambios psicológicos que más le afectaron. La pérdida completa de un pecho tras someterse a una mastectomía hacía que esta madre “dejara de sentirse mujer”.

En las décadas de los 60 y los 70 los tratamientos a los que se sometían los pacientes de cáncer eran muy distintos a los que existen ahora. Tina fue tratada con una bomba de cobalto, una máquina de radioterapia que se estilaba en aquella época y con la que logró hacerle frente a la enfermedad con éxito, a pesar de lo poco frecuente que era sobrevivir a un cáncer de mama.

Aunque Merche y su hermana no fueran conscientes del proceso por el que pasó su madre cuando eran pequeñas sí veían a su padre, Alberto Nalda, hacer cosas que un hombre de la época no acostumbraba a hacer en absoluto, algo de lo que se dieron cuenta y lo hablaron con su madre cuando fueron más adultas. “Mi padre tendía la ropa por la noche y sacudía el trapo del polvo con la persiana bajada para que no vieran que un hombre estaba limpiando”, decía Merche. Pero además del apoyo con las tareas del hogar, “fue un marido perfecto para ella”, describía. Lamentablemente, Alberto también fue tocado por un cáncer, en este caso de melanoma, y cuya vida se llevó hace tiempo.

Años después de la enfermedad de su madre, Merche no se planteaba demasiado que podría heredarla en el futuro. “No había mucha información. El cáncer nos quedaba muy lejano”, comentaba. Cuando fue más adulta sí que empezó a rondar aquella probabilidad en su cabeza y en el momento en el que se palpó un bulto en el extremo izquierdo de su pecho, no le costó imaginar cuál sería su diagnóstico. Sucedió en 2007 cuando disfrutaba de una degustación con su familia.

Ella fue al médico con “un diagnóstico muy claro en su cabeza”, por lo que las palabras de su oncólogo no le resultaron sorprendentes. “Yo solo le pedí un porcentaje. Él me dijo que tenía cáncer en un 90%, así que le dije que el 10% lo ponía yo”, decía con rotundidad. A raíz de aquel diagnóstico la noticia tenía que llegar a su casa. “A la que peor le sentó fue a mi madre porque de algún modo se sentía culpable”, lamentaba. Tina, que tuvo que revivir su pasado a través de su hija, fue la que peor encajó su situación. Su marido, Carlos, aunque fue más reservado con sus sentimientos, demostró quererla cada día; y sus hijos, de 10 y 13 años, no se enteraron porque ella no quiso contárselo. Prefirió no explicarles la complejidad del cáncer a esas edades. “Como me encontraba bien, no se notaba que estaba enferma. No se enteraron ni de cuando se me cayó el pelo”, relataba. “No quería que se notara que en casa había una persona enferma”, decía sobre lo que más le preocupaba entonces.

A diferencia de su madre, Merche solo perdió un cuarto de su mama izquierda. “Está tan hacia la axila que a la vista no se nota”, decía para explicar que no ha sido necesaria una reconstrucción después de la cirugía. Sobre los cambios físicos que experimentó durante el tratamiento, dice, la caída de pelo es lo que más le afectó, pero afortunadamente no tuvo que pasar por vómitos y por un aspecto decadente como para que fuera evidente que estaba enferma. También perdió algo de movilidad en el brazo izquierdo, al igual que su madre, a causa de la cirugía del pecho. Lo peor, reconoce, ocurre en la cabeza, porque a veces “te planteas que puedes morir”. Sin embargo, la enorme positividad con la que Merche afronta normalmente la vida, fue un factor clave para superar aquel cáncer con esperanza.

Tras haber superado el cáncer hace 10 años, ahora se plantea si su hija Patricia, de 20, podrá tenerlo en el futuro. Ya que tres de cada cuatro casos que se diagnostican resultan estar en sus etapas iniciales y resulta más fácil controlarlos, la enseñanza que pueda transmitirle a su hija es más que suficiente para quitarle sus miedos. Antes de ponerle sobre la mesa sus probabilidades decidió consultarlo previamente con su oncólogo, quien le tranquilizó diciéndole que tiene más probabilidades que otras mujeres, pero que no hay que tenerle miedo a la enfermedad porque ella sabrá que detectándolo a tiempo no hay ningún peligro y que los avances médicos de los próximos años le permitirán superar la enfermedad con menos secuelas que las que hay en nuestros días.

Ahora, revisando su historia de hace una década, reflexiona sobre las personas que le acompañaron durante la enfermedad. “Te das cuenta de quién está ahí y quién no”, porque hay algunos que “se acercaban para cotillear” y otros que no esperas, prestan un gran apoyo. “Es difícil darte cuenta así”, asumía. Después de aquella etapa, cuenta, aprendió a valorar la vida y el tiempo. “Cuando le ves las orejas al lobo es cuando lo valoras de verdad”, explica. “Puede sonar a tópico, pero es cierto”, advertía, “porque me he dado cuenta de que el objetivo es trabajar para vivir y no vivir para trabajar”, concluía.

Lo que queda por aprender

Más allá de las cifras que nos deja España sobre el cáncer femenino, lo que nos queda por aprender es que todavía no podemos eliminar el cáncer como uno de los principales problemas de salud en el mundo. Lo que sí podemos hacer, como nos enseña Merche, es aprovechar nuestro tiempo y estar alerta por si nos toca de cerca, dejar a un lado el miedo y eliminarlo como un tema tabú, sin quitarle la importancia que tiene.

El doctor del Campo opina que “posiblemente el cáncer no lo lleguemos a curar nunca, pero lo que sí se puede hacer es controlarlo”. En el presente, los tratamientos están logrando alargar la vida de las pacientes y cada cinco años la investigación nos deja grandes novedades, por ejemplo, en el cáncer de mama. “En el de ovario nos falta un poco más, pero estoy convencido que llegará”, sostenía.

Hoy en día la esperanza desde el punto de vista médico para combatir cualquier cáncer está en la inmunoterapia a través de fármacos, que en palabras del doctor consiste en “utilizar la inmunidad del propio individuo para combatir células tumorales”. Lo malo es que por el momento solo funciona en un porcentaje bajo de pacientes.

Si hace pocos años no podíamos prever que apareciera una alternativa como es la inmunoterapia, dice, “tampoco podemos saber qué avances van a producirse en los próximos 10 años”, por lo que nos deja un escenario positivo para plantarle cara al cáncer.

*Este reportaje se ha desarrollado durante el Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR).