Que tus besos sepan a besos, no a ceniceros

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Cartel de la campaña de la Asociación Española contra el Cáncer.

Si el tabaco es veneno... ¿por qué se desea tanto? Si en España provoca más de 50.000 muertos al año, ¿cómo es que hay tantos españoles reacios a su eliminación? Si es desagradable su sabor, estropea la piel, molesta su olor, pudre los pulmones, obstruye las arterias... Si atrofia los sentidos —el olfato y el gusto casi desaparecen—, ¿por qué la publicidad lo presentó siempre, y lo sigue presentando todavía, como uno de los elixires de la felicidad?

Pero aún hay más. Que unos empresarios, dueños de una industria tan importante para España como es la de la hostelería y el ocio, sigan emperrados en dar al traste con la ley antitabaco, que sólo persigue el bienestar general, y en consecuencia la felicidad de la mayoría de españoles, dice muy poco a favor de este gremio al que bien podría tildarse, de entrada, de poco práctico. Sí, poco práctico; porque, si aceptaran la ley de buen grado y se pusieran a trabajar a favor de la misma, mejor le irían a los empresarios las cosas. Seguro. Si en lugar de quejarse, empezaran a promover acciones positivas que mejorasen su industria, promocionando sus locales como lugares maravillosos y sanos, sin humo, dónde “puede disfrutarse, en un ambiente de aire limpio, de una grata comida, una copa, un café...”, con unos clientes que salen contentos del trato recibido, y no haciendo ascos por la ropa que apesta a tabaco o quejándose de su garganta irritada, de tan alto como han tenido que hablar, si esto fuera así, no cabe duda de que el resultado económico sería mejor para ellos.

Si estos hosteleros cambiasen de estrategia, y, en lugar de estar ‘contra todo’, trabajasen de la mano de la ley antitabaco, por ejemplo, su éxito profesional y “el adiós” a la crisis estaría más cerca para todos; también para ellos. Porque en un país como España, donde la fiesta es piedra angular de la vida, y nos atrevemos a decir que de una buena parte de nuestra felicidad, mejorar el servicio, la atención y la calidad de la hostelería y de los locales de ocio no es más que remar a favor del negocio. Y de paso contribuirían al progreso social, a elevar el concepto de ciudadanía entre la población y a promocionar la salud pública que es el mejor garante de una mayor calidad de vida. Es seguro, pues, que si desde el principio hubieran optado los dueños de bares y restaurantes por posturas y formas de actuar más positivas, no sólo no habrían perdido clientes como dicen (algo que aún está por demostrar), sino que habrían mejorado en todos los órdenes los resultados de su industria; también su relación con la clientela y, desde luego, con la vida social española en general. En definitiva, su actitud positiva les hará cuando ocurra —lo habría hecho ya— remontar en poco tiempo todos aquellos “parámetros comerciales” que tienen que ver con la ocupación, consumo y gasto por persona en la hostelería; seguro que si actúan de esta forma, con actitud de crear y no destruir, verán muy pronto mejorar los resultados.

Empecinados como están en negar la mayor y propiciar la catástrofe, gastan tiempo y energías inútilmente, perpetuando una lucha contra unos molinos de viento que ya son el pasado. Los hosteleros españoles no hacen otra cosa que tirar piedras contra su tejado, parece. Los datos que machaconamente repite la Federación Española de Hostelería y Restauración (FEHR), —53.000 despidos, una caída del empleo en el sector entre un 3 y un 3,5%, y decenas de establecimientos cerrados desde que entrara la ley en vigor el 2 de enero pasado— no se antojan reales si nos atenemos a los facilitados por la Administración, que asegura que al final del primer trimestre de este año el número de afiliados a la Seguridad Social contabilizaba 453 afiliados más, a la vez que en abril, con la Semana Santa por medio, han sido 45.550 personas las que han encontrado trabajo en el sector. Y esto lo dice la Administración que reconoce haber dejado de ingresar, a causa de un 25% de descenso en la venta de cajetillas, más de 130 millones de euros.

Puede que una y otra parte (Administración y FEHR) estén arrimando el ascua a su sardina, según les convenga. Pero de lo que no hay duda ya es de que una amplia mayoría de españoles está a favor de la prohibición de fumar en estos establecimientos públicos. Y lo que no parece muy razonable es pensar que haya gente que vaya a dejar de ir a un restaurante a almorzar, o a tomarse una copa en un bar, porque se le prohíbe fumar. A decir verdad, hay un amplio grupo de fumadores que en su fuero interno piensa ‘que les hacen un bien’; les agrada que el Estado haya decidido por ellos en esa pelea que mantienen a brazo partido con el tabaco. Esto no quiere decir que no les moleste el que se les haya prohibido echarse un cigarrillo durante o al final de de una buena comida en un restaurante.

El tabaco no es solamente causa/efecto en la vida. También es uno de “esos universos” que la envuelven. Al individuo fumador, el tabaco le afecta y condiciona, para bien y para mal, en casi todo lo que hace. De ahí la importancia que cobra impulsar la prevención.

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Por eso una nueva campaña de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) (ver vídeo) pretende que al menos un millón de jóvenes, entre 16 y 24 años, deje el tabaco. Los eslóganes elegidos son elocuentes y no admiten dudas sobre la “maldad” de este hábito. “Que tus besos sepan a besos no a ceniceros”,te aseguro que los dientes amarillos nunca han estado de moda”, “acaba con tus rivales, no con tus pulmones”, son algunos de estos eslóganes elegidos para acompañar un lema rotundo: “Rompe con el tabaco”. A esta iniciativa se han unido deportistas y artistas de élite (Alejandro Sanz, Ricky Rubio o Diego Forlán) e instituciones como el Instituto de la Juventud (Injuve) o la Comisión Permanente del Consejo de la Juventud en España.

La actitud de los jóvenes respecto al tabaco es tan preocupante que, no sólo no están dejando de fumar, sino que se ha incrementado el porcentaje de fumadores entre ellos, además de que se ha reducido su edad; prácticamente, uno de cada dos jóvenes españoles empieza a fumar antes de cumplir los 16 años. Y esto sabiendo —los jóvenes suelen estar bien informados de los efectos perversos del tabaco— que 1 de cada 3 va a sufrir consecuencias clínicas graves por esta causa; principalmente cáncer de pulmón o una Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).

Menos mal que datos recientes, procedentes de un informe del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT), demuestran que los ingresos hospitalarios de niños asmáticos han disminuido ya en un 15% desde la entrada en vigor de la ley antitabaco. Y también los ingresos por infarto de miocardio. El CNPT calcula que el consumo de tabaco se ha reducido en un 5% con la nueva ley, lo que supondrá unos 1.000 muertos menos.

Cuando se trata de proteger la salud, asociar la acción de prohibir con una “castración social” como pretenden algunos, no parece acertado ni justo. Tampoco es de recibo que los hosteleros les nieguen a sus empleados el derecho a un “aire limpio”, sin humo. La guerra que se traen con el Estado (con el lobby tabacalero en la retaguardia apoyando sus acciones con generosa logística) tendrá algún día fin. Y entonces se darán cuenta de ¡cuántas energías y tiempo han perdido!

6 Comments
  1. kraven2000 says

    Que bonito… te ha faltado poner una foto de un arcoiris en el tercer párrafo. Ahora igual podrías mirar cuantos clientes tienen los bares con terraza en la que se puede fumar y cuantos los que no tienen terraza.
    Todo eso que comentas es muy bonito, pero cuando un hostelero tiene que pagar la hipoteca y el colegio de sus hijos, si para poder hacerlo depende de que se pueda fumar en su bar o no… de parte de quien crees que se va a poner??
    Está muy bien hablar de muertos y demás, pero los coches matan un montón de personas al igual que el alcohol y no están prohibidos.

  2. Runaway says

    Si un hostelero tiene que pagar la hipoteca y el colegio de sus hijos que no lo haga, compitiendo en ofrecer buenos productos de calidad, con buen servicio y a un precio asequible…y no atentando contra la salud de sus clientes y trabajadores.
    Yo soy un trabajador de la hostelería y tengo el mismo derecho a la prevención de riesgos laborales y a que no atenten contra mi salud mientras desempeño mi actividad laboral igual que cualquier otro trabajador de los demás sectores. Y cuando voy de cliente a algún sitio, ya sea una oficina, una tienda o un restaurante cerrado nadie tiene derecho a joderme la salud. Yo también pago mis consumiciones.

  3. celine says

    Besar ceniceros es asqueroso. Cuando se abandona el tabaco, además, la piel del rostro se va iluminando. Buenísimo para el cutis.

  4. Patronio says

    Sostengo una teoría propia basada en mis propias observaciones a lo largo de varias décadas. A quienes no fuman ni beben alcohol les hiede el aliento que tumba de espaldas. Tanto el humo del tabaco que se inhala como el alcohol que va a parar al estómago forman una barrera física que impide que el hedor de los fluidos gástricos y los restos de comida en descomposición emerjan por la boca. Además los abstemios están siempre como amargados. Prefiero mil veces un beso con sabor a cenicero que a bilis putrefacta. Y ahora me voy a fumar otro cigarro para celebrarlo.

  5. Aleve Sicofante says

    Pero qué cantidad de tonterías se pueden decir en unos pocos párrafos.

    O usted no ha fumado nunca o sabe de sobra que ni se pierde el olfato ni el gusto. O usted ha besado alguna vez realmente un cenicero, o no ha besado nunca a una fumadora (o un fumador, no veo su nombre en el artículo y desconozco sus costumbres sexuales).

    Las innumerables patrañas sobre las que se sostienen todas las leyes contra los fumadores en el mundo, son una colección de conjeturas sin confirmación científica alguna (no puede darse tal confirmación cuando un estudio se basa esencialmente en preguntas y respuestas sin contrastación posible).

    A ver si se pasa esta fiebre estúpida y podemos volver a fumar tranquilamente en los lugares privados que nos apetezca, como bares y restaurantes que no sean de titularidad pública. Holanda ya ha retrocedido. Bélgica también. Alemania o Austria nunca entraron de verdad en esta locura persecutoria. Es sólo cuestión de tiempo que la gente deje de creerse las trolas de fanáticos como usted y vuelva el sentido común.

    Son ustedes -los talibanes anti-fumadores- verdaderamente infumables.

  6. ddaa says

    ¿Por qué hay tantos ingenuos que piensan que basta con prohibir algo para que desaparezca como por arte de magia? La eliminación del tabaco es imposible, contraproducente e injusta.

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