Agricultura marroquí: ¿problema o solución?

2
Secadero de pimientos en Beni Mellal (Marruecos). / J. Mayordomo

Los agricultores españoles no deberían enfadarse con Marruecos a pesar de que las declaraciones demagógicas de algunos políticos inviten a ello. Las hechas por José Antonio Griñán, presidente de Junta de Andalucía, o por Diego Valderas, coordinador general de Izquierda Unida en esta comunidad, sólo son dos ejemplos de cómo, con sus ambigüedades y opiniones confusas, se pueden acrecentar los desencuentros con nuestros vecinos del sur. El país magrebí no tiene culpa de que el Parlamento Europeo haya aprobado un acuerdo agrícola que perjudica claramente los intereses del campo andaluz, Levante español y Canarias, sobre todo. Es a ese Parlamento, y en última instancia a la Comisión Europea, a quiénes hay que pedirles cuentas. Porque si los españoles se enfadan con Marruecos porque exporta tomates, fresas, pepinos, judías verdes, calabacines o clementinas a Europa, ¿por qué se enfadan también cuando no les deja pescar en sus aguas territoriales? ¿O es que sólo interesan los peces marroquíes, pero no sus frutas y verduras?

Sí, ya sé que puede explicarse; pero no por eso deja de ser injusto ese “discurso interesado” de organizaciones agrarias y de algunos políticos que hace que aparezcan  en Internet y en las redes sociales graves comentarios atizando el rencor contra nuestros vecinos del sur. Aunque, como digo, el Acuerdo (sólo por tres años, de momento) sea fácilmente explicable y, a poco que se adentre uno en los entresijos económicos europeos y conozca quiénes manejan los hilos de las relaciones político-comerciales entre Europa y el país magrebí, se entenderá. La agricultura marroquí sí es bienvenida en la Europa comunitaria porque le permite comer más barato verduras y frutas a los países del centro y del norte, a la vez que estos “engordan” sus arcas con las exportaciones comerciales que hacen a Marruecos. En este intercambio, la vieja Europa, a cambio de frutas y verduras frescas, le da salida a sus excedentes de carne, cereales o derivados lácteos, y de paso se benefician franceses, alemanes, holandeses y daneses, principalmente. Por eso, en este contexto, el acuerdo es inevitable; lo demás es pataleo. Mientras que “el asunto de la pesca” no interesa “a nadie”; bueno, sí, a España, claro; y un poco a Francia. Pero a nadie más.

Entonces, ¿por qué enfadarse con Marruecos? Mejor aliarse con los marroquíes (que para eso somos vecinos, y como ellos suelen decir, “hermanos”). Mejor aliarse para, juntos, hacer más fuerza y gestionar mejor ese “casi monopolio” de los vegetales frescos y frutas. Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que las grasas animales del norte europeo (mantequillas y derivados) eran la panacea de la salud, mientras el zumo de la aceituna (el aceite de oliva) era vilipendiado y proscrito. Ahora es al revés; entre otras cosas, porque se ha demostrado que el aceite de oliva es una fuente de salud. Marruecos es, precisamente, el país que más está incrementando la producción de este zumo en los últimos años. Pues bien, que marroquíes y españoles se unan en la producción y comercialización de su aceite y pongan sus reglas. ¿Sería posible? Este es sólo un ejemplo de esa colaboración que propongo, y de cómo debería primar siempre entre ambos países la unión frente al desencuentro.

Que los españoles no se enfaden con los marroquíes como parece desprenderse que ocurre a tenor de los comentarios que se leen a diario en la prensa, insisto. Que el Gobierno español se pelee con la Comisión Europea; que le apriete las clavijas para conseguir las máximas compensaciones; que le amenace, si quiere, con convertir a media España en desierto (algo que no es imposible); o con inundar a los países más ricos con miles de agricultores hambrientos en una nueva versión de Las uvas de la Ira de John Steinbeck, dado que no puede tener una agricultura rentable... Que le hagan ver que se pierden “un millón de jornales” al año, como dice Griñán, o “15.000 puestos de trabajo”, como señala Valderas, o “300 millones de euros anuales”, como auguran las distintas fuentes que representan a las organizaciones agrarias ASAJA, COAG o la UPA.

Pero, mejor que enfadarse, reitero, sería que los españoles estrecharan lazos con los marroquíes y se viniesen aquí a crear riqueza. Mejor invertir y promover nuevos acuerdos comerciales que liarse a tortazos, si se me permite la expresión. Que la condición de vecinos sea una oportunidad, no un problema. Es decir, lo inteligente no es exhibir la queja a todas horas, el resentimiento o el rencor, en definitiva, el miedo, sino ser positivos, abrir horizontes y caminar en esa dirección. Porque nunca podrá España con la Unión Europea de los ricos ni vencer a sus lobbys. Que los españoles (o el Gobierno) se enfaden con quienes tengan que enfadarse en Europa y le pidan cuentas por imponer “sus” condiciones en las transacciones agrícolas con Marruecos, mientras les da igual que la agricultura de media España se coloque al borde del precipicio.

En este escenario, ¿el Acuerdo Agrícola con Marruecos, es un problema o una solución para Europa? Pues habrá que esperar. Ejemplos cercanos tenemos en la deslocalización de la industria textil o del sector automovilístico. No son pocos los que reclaman ya que las fábricas de antaño vuelvan a Europa; pero la realidad es que Renault, por ejemplo, acaba de inaugurar hace unos días una planta en Tánger de la que van a salir 170.000 coches al año, fundamentalmente para la exportación. De modo que no parece que la rueda de la historia dé marcha atrás por ahora. Así que, en lo que a la agricultura se refiere, habrá que pensar que el Acuerdo es “la mejor solución”; al menos mientras los inversores franceses, alemanes y holandeses, entre otros, tengan claro que tienen que seguir produciendo tomates, judías, pepinos o naranjas en Marruecos. Además, y lógicamente, querrán llevarse estos productos a sus respectivos países.

También los agricultores españoles —no nos engañemos—, que se cuentan por cientos aquí, piensan y hacen lo mismo. Han pasado casi dos décadas desde que huertanos de Murcia y Levante le vieron las orejas al lobo en su tierra y emigraron a Marruecos en busca de mejor fortuna. Algunos, con el tiempo, se instalaron confortablemente aquí mientras les seguían andaluces y de otras regiones. Todos piensan lo mismo: exportar sus productos a Europa al mejor precio y con la máxima rentabilidad. En cambio a muy pocos (por no decir a ninguno) les conmueve los bajos salarios que pagan, las jornadas de sol a sol, ni las condiciones, a veces inhumanas, a las que someten a los jornaleros del campo marroquí.

Los discursos grandilocuentes que se exhibieron para justificar el rechazo en el Parlamento Europeo al Acuerdo de Pesca —que eran riquezas saharauis y que no repercutían los beneficios en esta población— se han olvidado fácilmente escasas semanas después, cuando ha tocado hablar de agricultura. Y también en aquella región del sur se están implantando cultivos intensivos que, como se dice de la pesca, no benefician a los saharauis. Podría esgrimirse, pues, que los mismos argumentos que sirven para una cosa significan lo contrario para la otra. Europa ahora calla porque en el caso de la agricultura sus intereses son otros: comer buena verdura y fruta fresca a buen precio. Confiemos al menos en que, como dice el el presidente de la Confederación Marroquí de Agricultura y de Desarrollo Rural (COMADER), Ahmed Uayach, el acuerdo agrícola “abra una nueva página” en las relaciones entre Marruecos y la Unión Europea y sirva para mejorar las condiciones de vida del pueblo marroquí.

De modo que, para cerrar este círculo, sólo cabría reiterar lo ya dicho: que, mejor que crearse enemigos, a los españoles lo que les conviene es hacerse amigos de los marroquíes para, trabajando juntos, ser más fuertes frente a esa Europa poderosa a la que le importa “un pepino” (nunca mejor dicho) el agro español.

2 Comments
  1. inteligibilidad says

    Lástima que no pueda encontrar un artículo fantástico que leí hace cosa de un año en Telesur (sí, sí, la de América Latina) sobre los futuros acuerdos comerciales con Marruecos y cómo afecta eso a la agricultura española y marroquí: no nos confundamos, los marroquíes van a sufrir tanto o MÁS que nosotros. Grandes compañías (locales o europeas –incluidas españolas–) están comprando tierras en Marruecos para la explotación agraria que a ellos les conviene. Los pequeños agricultores se están viendo obligados a vender las tierras donde cultivaban para su subsistencia y con suerte para el mercado local y ahora tendrán que trabajar la ajena por un salario que os podéis imaginar. El mercado local quedará desabastecido y tendrán que IMPORTAR mientras las mejores tierras son explotadas por gigantes de la agriculutura (insisto, muchos españoles) para producir fruta y verdura para EXPORTAR al norte mientras los agricultores españoles sufren también las consecuencias de todo esto. Señores, aquí sufren los pequeños agricultores de los dos lados del Estrecho y la soberanía alimenticia de Marruecos. El señor Mayordomo tiene razón, DEBERÍAMOS UNIRNOS con nuestros vecinos y parar el acuerdo.

  2. inteligibilidad says

    Lo he encontrado: Acuerdo EU-Marruecos, tres mitos y un destino

    http://www.bilaterals.org/spip.php?article18933

Leave A Reply

Your email address will not be published.