24M, el día de las mujeres

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La candidata a la Alcaldía de la capital por Ahora Madrid, Manuela Carmena, en el Mirador de la Cornisa, en Madrid, el día después de las elecciones. / Juan Carlos Hidalgo (Efe)

Para bien, sin duda, el 24 de mayo de 2015 fue el día de las mujeres. Y, por ende, de la esperanza (no de Esperanza Aguirre, que apareció en TV con el colmillo retorcido y echándole la culpa a los otros). Fue el día de la comprensión y el diálogo (valores muy femeninos), de la sencillez, de la ilusión y de las personas. Palabra ésta que inundaba de gozo a Manuela Carmena y Ada Colau cada vez que la pronunciaban ante sus electores, y que son la síntesis, creo, de lo que ocurrió durante esa jornada en España; un día histórico, quizá el día más importante desde aquel lejano 14 de abril de 1931 cuando se proclamaba la II República.

¿Por qué? Porque otra vez la gente (las personas) tomó la palabra frente a las estructuras de quienes han ostentado, hasta ahora, el poder (el PP y el PSOE, principalmente); y libres de ataduras han acordado elegir para que les representen a personas sencillas y justas que aún creen que se puede gobernar y vivir de otra forma.

Pero, ¿qué ocurrió realmente para que fuera un día tan importante? Lo que yo entiendo que podría ser el resumen de tan significativa jornada, en lo que a la ‘derecha española’ se refiere, lo vi en la Sexta TV —en una de esas paradas…, mientras hacía zapping por los distintos canales que estaban siguiendo el recuento electoral—, cuando Manuel Cobos, exconcejal del PP en el Ayuntamiento madrileño, se aferraba a que “hemos vuelto a ser el partido más votado”, frente a las explicaciones sencillas, pero con argumentos profundos, que le daba Inés Arrimadas, diputada en Cataluña por Ciudadanos, que le vino a decir, que eso del cortijo se acabó, eso de que España es nuestra y sólo nuestra, se acabó… Y que frente a los tiempos y estilos del caciquismo, el clientelismo, la imposición, el engaño, o el pacto con el cheque por delante… llegaba una época en la que el diálogo y el compromiso, la transparencia y la justicia en el ejercicio del cargo, eran imprescindibles, ya, para gobernar.

Al escucharla pensé que por fin llegaba una nueva derecha a este país, capaz de entender la pluralidad, lo que significa gobernar un Estado tan complejo como el nuestro y con sensibilidades tan distintas y, a veces, contrapuestas. Frente a los argumentos de Arrimadas, Cobo seguía con su erre que erre… Y no había quien le sacara de ahí. Lo viejo y podrido, frente a lo nuevo.

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Pero… y con la izquierda, ¿qué ha ocurrido? Al margen del PSOE, que representa, como el PP, el conservadurismo y las formas arcaicas de la gestión del poder, lo que en estas elecciones municipales ha sucedido ha sido que las personas han perdido el miedo y, librándose de ataduras de siglas y cansadas de oír mensajes huecos o que nunca se cumplen, hartas de corrupción y chanchullos, se han puesto a trabajar por su cuenta, por y para ellas. Y el éxito, a la vista está. Ada Colau, en Barcelona, y Manuela Carmena en Madrid, sintetizan perfectamente lo nuevo que nace frente a lo viejo que se agosta, aunque tenga todavía millones de votos que le respalden. Pero eso, pasará. El ser humano es miedoso, y conservador por naturaleza; así que nada que objetar al resultado. Se entiende. Pero no se olvide que también la especie está en evolución permanente. Y es por aquí por dónde se agrieta lo viejo para dar paso a la esperanza, al anhelo que entraña el saber que este país ha dado un paso al frente para iniciar un camino que a muchos españoles les invita a soñar con que será un país mejor; sobre todo, más justo.

Que el 24 de mayo ha sido el día de las mujeres; no caben dudas. Frente a las “derrotadas” Esperanza Aguirre, Rita Barberá o Rosa Díez (mujeres sí, pero sustentadas por valores y talante de hombres, a poco que indaguemos en ellas aplicándoles el manual sexo-género), resultaba emocionante ver cómo llenaba las pantallas de televisión la figura de Mónica Oltra, candidata de Compromís a presidir la Generalitat valenciana, saltando sin parar, como una niña pequeña que no se puede creer lo que le está ocurriendo. Esta ingenuidad estética es, en mi opinión, la expresión de una mujer feminista con una entrega absoluta a la causa que ha defendido y defiende, con una voluntad férrea, y convencida de que las cosas pueden cambiar. Ella y su partido, en parte lo han conseguido; verdad.

Esta irrupción de ‘nuevas’ mujeres —nuevas, no por la edad, sino por los valores que aportan— es lo que va a hacer que la política española dé un vuelco de aquí a no mucho tiempo. El binomio que, casi seguro, va a gestionar importantes cotas de poder —en Madrid y Barcelona, por ejemplo— formado entre una sociedad civil responsable, de ciudadanos activos, aliados con sus representantes, como en el caso de Carmena y Colau, va a ser, confiamos, un crisol en el que se mire el país y trascienda. Sin duda, se anuncian nuevos y hermosos tiempos para barceloneses y madrileños.

Y para terminar, dos apuntes:

  • La desaparición de IU de muchos de los escenarios políticos en los que hasta ahora tenía representación, en algún caso importante, es coherente con lo que está sucediendo. Y yo afirmaría que positivo que ocurra, si se me permite decirlo. Me explico. Igual que cuando alguien me dice que se ha separado y yo le felicito porque entiendo que por fin ha conseguido ponerle fin a una historia que era un fracaso, con IU ocurre algo parecido. Sus electores, hartos de vaivenes, de personalismos, de pactos a derecha e izquierda, de discursos rígidos… Sus electores, conscientes y activos, comprometidos sin duda, han buscado aportar su grano de arena allá donde creían que era más útil. Y ya está. Creo que es imposible que IU vuelva a ser lo que en algún momento anunció que podría ser, porque está atrapada en las telarañas y formas de los viejos partidos.
  • De Podemos, ¿qué decir? Por el momento, han salido airosos con la fórmula elegida para concurrir a la cita electoral del pasado 24 de mayo. Pero Podemos ya no tendrán más tiempo de prórroga. En las próximas elecciones generales deberán afrontar con todas las consecuencias el reto y mostrarle a la gente, claramente, qué ofrecen y, sobre todo, si las fórmulas de gobierno que proponen son las que ahora, a nivel municipal y autonómico, la ciudadanía ha expresado que quiere.

Finalmente, una guinda:

Desde que hay elecciones, siempre se ha dicho que el problema de la izquierda, aparte de su atomización, es que no vota; no sólo está dividida, sino que, además, se queda en casa a la hora de votar por un “quítame de ahí esas pajas”. Pues bien, el pasado día 24, en ese carrusel televisivo que seguí zapeando, oí varias veces que “los votantes del PP se habían quedado en casa” y con eso justificaban su derrota. ¡Santo Cielo! Pero si el elector del PP, es vox pópuli, acude a votar, si hace falta con muletas o en camilla. Seamos serios. Una mera reflexión, si se quiere simplista y sencilla, nos llevará a argumentar que, mientras el votante de izquierdas se ‘entretiene’, y no va a votar, mirando a ver quién defiende argumentos tan sólidos e inmutables para él como la Libertad, la Justicia, la Igualdad, la Solidaridad o la Ética, el votante de derechas (al margen de su ideología, que la tiene) lo primero que piensa es a ver quién defiende mejor sus garbanzos, aunque sea dicho de una forma vulgar. Al final, lo que ocurre es que quien es de derechas vota, y quien es de izquierdas, se ‘distrae’ por el camino. Pues bien, parece que el 24M todo ocurrió al revés; por primera vez y contra toda lógica, “los votantes del PP” se abstuvieron. Lo que hay que oír.