Los asesinatos de mujeres se convierten en ‘serpiente de verano’

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Homenaje improvisado a Marina Okarynska y Laura del Hoyo en una calle conquense. / Efe
Homenaje improvisado a Marina Okarynska y Laura del Hoyo ante el domicilio familiar de esta última en Cuenca. / Efe

Marina Okarynska y Laura del Hoyo no son dos víctimas de un loco, del acto fortuito de un inconsciente. Marina Okarynska y Laura del Hoyo, 26 y 24 años respectivamente, son dos víctimas de la violencia de género (VG) ¿Es una obviedad? Pues no. Parece que en estos execrables asesinatos la cuestión fundamental del contexto se ha olvidado.

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El contexto de violencia de género se ha ido diluyendo, omitiéndose en las manifestaciones de los cargos políticos, en los tuist de pésame (que hace falta ser insensibles); en la falta de posicionamiento de las personas que ocupan puestos de referencia en la lucha gubernamental contra la violencia de género (¡Ah! ¿qué no hay?)… Y esto sólo se puede entender en el marco político en el que nos ubicamos, no vaya a ser que alguien pida explicaciones no sólo por éste, sino por la cadena de asesinatos que llevamos en lo que va de verano, de año, y haya que tomar posiciones.

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Lo que resulta alarmante, por la carga que tienen los medios de comunicación en la construcción de lo que denominamos “imaginario colectivo”, es la servidumbre de los medios, digamos, mayoritarios, que desde que se encontraron a Marina y Laura no han mencionado ni que los antecedentes de Sergio Morate son por violencia de género, ni la relación de estos dos asesinatos con la VG. También han obviado la inclusión del número de teléfono gratuito de información y asesoramiento en VG (016) y no han hecho ni una referencia al número que hace la víctima en el relato anual, en este caso sólo Marina, porque las estadísticas gubernamentales, siguiendo la propia definición de la ley, no recogen “víctimas colaterales”, por lo que el asesinato de Laura del Hoyo tiene otra connotación legal.

Desde distintos ámbitos, relacionados todos con las acciones contra la violencia de género, el movimiento feminista lleva años denunciando la ligereza con la que se informa de los casos de V.G. La inexactitud en el uso del lenguaje, que puede ir de la desfachatez de “crimen pasional” al tradicional “muere una mujer”. En este caso, aprovechando agosto, con “crimen” o “doble crimen” apañan.

Son indudables las connotaciones de VG, de crimen machista si me apuran. No es un caso de sucesos, como se está presentando, como otros del verano que señala un medio escrito de “influencia”. Responde a una dinámica distinta. Marina fue víctima de su exnovio, al que había dejado. Cómo estaría de temerosa de la actitud de él que para ir a recoger las cosas que tenía en su casa pidió a su amiga que la acompañara.  Él, su asesino, no tuvo un arrebato. Estos son comportamientos organizados, planificados. Ya tenía comprado la cal para deshacerse del cadáver. Como el otro, que fue a comprar la radial y preguntó !si cortaba dedos! No son unos locos que se les va la cabeza, son asesinos calculadores. Son delincuentes de la peor calaña.

A pesar de la crítica a los medios, basada en una realidad constatable que para algo existen las hemerotecas off line y on line, hay que reconocer que en estos últimos casos se han publicado las fotos de los “presuntos”, sus nombres y apellidos, sin mayor problema, no como en otras ocasiones. Aunque tengan deslices como los titulares sobre Marcos Cabo indicando su condición de concejal, como si esto le diera otro valor, o fuera lo más importante. No fue detenido por algo relacionado con su condición de concejal, sino porque vieron indicios claros de que había asesinado a su esposa. En otros casos no se habla de “el empresario”, “el parado”, “el expresidiario”, “el juez” o “el policía”, que de todo hay.

No cabe duda de la alarma social que ha generado este doble asesinato, este nuevo “crimen de Cuenca”, y puede ser que si la ciudadanía lo relacionara claramente con la VG se soltara la espita de la indignación. Puede ser. Así ha sucedido en otros países y la acción-reacción fue inmediata. Usar de manera torticera el lenguaje evita componer criterios, comprometerse.

Para algunos sectores, la violencia de género es un asunto ideológico que no comparten porque responde a otra “ideología”. Para mi también es una cuestión ideológica, por sus causas y sus consecuencias, que afecta a mujeres de derecha, de izquierda, radicales, neoliberales, librepensadoras…. Marina y Laura fueron asesinadas por ser mujeres, eso es lo que los grandes medios omiten, porque aquí está lo peligroso, que la sociedad reconozca que nos asesinan por ser mujeres. Y aquí mismo está el grave error del gobierno, no haber entendido que la violencia de género es una cuestión estructural en la forma de construir y vivir las relaciones de pareja en nuestro país y que la permisibilidad con la que se está actuando para erradicar estos comportamientos  está dando aliento a quienes los practican.

No es sólo este abyecto caso, es uno tras otro. Y cuando venga el siguiente, que lamentablemente vendrá, si no es más terrible apenas se le dará pábulo, y si lo es será otro crimen, invisibilizando las características evitables de las actitudes machistas que los provocan.

Marina y Laura, como Amaya y Candela, Laura, Teresa, Marián, Susana, Charo, Sonia, Lola, Nati, Gema o Encarna son las protagonistas de la cara más cruel y oscura de nuestra historia cotidiana, y serán las protagonistas del #7N, junto con las más de 1.000 mujeres asesinadas en los últimos años, aunque los medios de comunicación mayoritarios pretendan ocultarlo y el gobierno, ignorarlo.

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