La soledad de la lectora del Quijote

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La novelista, ante el presidente de la RAE, durante el acto de ingreso en la Academia. (Manuel H. de León / Efe)

Una vez más tengo la impresión de que todo lo que no ha sido dicho es lo importante de verdad”, concluía anoche la escritora Soledad Puértolas su discurso de entrada en la Real Academia Española como miembro de número de la institución.

Es la misma impresión que se tiene, a veces, al leer una buena novela. Late fuertemente en las líneas sencillas, sin aparatosidad ni efectismos, la carga de profundidad de una vida vivida o de un pensamiento lúcido. Lo principal se agazapa a menudo en lo secundario.

Por eso, Puértolas ha elegido a los personajes secundarios de Cervantes para diseñar su discurso, a los personajes secundarios de la novela por excelencia, y más aún, a las mujeres de esa muchas veces incomprendida aventura. Dorotea, lectora voraz de novelas de caballerías y mujer inteligente. Marcela, la hija de los venteros, ser libre y celoso de su autonomía, muy por encima del ideal caballeresco. Dulcinea, naturalmente.

Recordó SP que a Cervantes le gustan los personajes que no encajan en los moldes sociales, y cómo los hace aliados del caballero de la triste figura, fugaces unas veces, duraderos otras. Sonaba dulce en la expresión de SP la tortuosa aventura del Quijote, como si las manos invisibles de su creador velaran por su suerte y al mirar atrás, la vida no se mostrara tan ruin, tan adversa.

La nueva académica recordó que ocupa ahora el sillón g minúscula que antes usó el científico Antonio Colino, muerto hace dos años, y que la ciencia, con su método paciente y tenaz de hipótesis y pruebas, resulta complemento necesario de la imaginación y los sueños: el vasto mundo de los misterios.

Con razón destacó el también escritor José María Merino, el académico que contestó su discurso, de la literatura de SP su concisión y “una misteriosa naturalidad”, quién sabe si sobrevenida del recuerdo de los cuentos infantiles que le leían de niña y que mostraban las adversidades de la vida pero también el valor de la amistad.

El cuento de Cervantes es tan potente que cuando hablamos de sus personajes: Quijano, Sancho, Dulcinea, el Caballero del Verde Gabán, el bandolero Roque Ginart –dice Soledad Puértolas- acabamos hablando de Cervantes, de su empeño por la inmortalidad. ¿No es ése, acaso, el empeño de todos? La literatura como metáfora de vida.

Ha sido una fiesta este “entronamiento” de la escritora como académica, a la que han asistido ilustres invitados, aunque ninguno salido de un cuento, no estaba la gallina Marcelina, por ejemplo, pero sí el secretario de Organización del PSOE. No estaba el lobo feroz pero sí Mister Pesc. Y así. Han envuelto con su amistad a la debutante sus viejos compañeros y muchos amigos. No es bueno estar sola. Hay que dejar que los aliados te secunden.

Y la nueva académica ocupó su sillón, junto a sus compañeros. Y aquí paz y después, gloria, aunque siempre echo en falta en estas ceremonias la presencia de la música. Una pompa y circunstancia, un violoncello de Bach, una guitarra de Rodrigo o un padre Vitoria... En fin. Frustra un poco tanta austeridad en esa sala solemne. Como si el pobre Cervantes no tuviera oídos, como si en su literatura no sonara música celestial.

Con todo, da gusto venir a Madrid y encontrarse con estas fiestas tan gratas.

2 Comments
  1. estrella says

    Me alegra mucho ese nombramiento y más aun que S.P. haya pensado en las mujeres del Quijote para celebrarlo. Qué poco relucen ellas. Cervantes dio la luz al caballero y, hasta su humilde escudero brilla más que Dulcinea. Gracias, Elvira.
    Pero no estoy de acuerdo contigo en cuanto a la música. Esa austeridad hay que conservarla…hasta que me muera, luego ‘que me quiten lo NO bailao’.

  2. celine says

    Cervantes destaca a las mujeres del Quijote. Son los Rico Manrique y otros estudiosos los que no reparan en ellas.

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