Educación en España: eso es perder

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Bedera, secretario de Estado de Educación, en la presentación del Informe Pisa, el pasado día 7. / C. Luna (Efe)

Ganar es llevarse la copa del mundo de fúmbol y celebrarlo en loor de multitudes, ganar es ser supercampeón de tenis, de motos en sus más diversas cilindradas, de natación sincronizada, de fórmula 1, de hockey sobre hierba, ¡qué sé yo! España es campeona. Pero, ¿qué es perder? ¿Que este año Rafa Nadal se haya tenido que conformar con una bandejita muy mona ante el sonso de Federer? ¿Que los mercados amenacen la estabilidad de España a pesar de que supera, en algunas constantes, a los países más seguros?  O, quizás, que España siga obteniendo malas notas  del informe PISA...

Hace mucho tiempo que se sabe que los países dependen del nivel de educación de sus gentes. La España de Franco lo sabía, lo sabía la de la Segunda República y habría que retroceder hasta el siglo XVIII para deducir que a los gobernantes ilustrados no les interesaba que el populacho supiera poner la o con un canuto, pero sí que la clase dirigente fuera ilustrada. La máxima “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, atribuida a Federico II de Prusia, da idea de por dónde iban los tiros. Ha llovido desde entonces.

Sin embargo, cuando el ministro de Educación del lustroso primer gabinete socialista se puso a cambiar el estado de cosas, no advirtió que arramblaba con aspectos muy buenos de lo ya conseguido en gobiernos anteriores aunque no fueran tan brillantes ni tan glamorosos, ni siquiera democráticos. En ministerio de José María Maravall (1982-1988) quiso que los pobres también estudiaran y pensó que había que rebajar el nivel de exigencia para que las clases trabajadoras llegaran a la cima. Craso error: la experiencia enseña que los retoños de lo que se llamaba “las clases humildes” se esforzaban mucho más que los de las clases privilegiadas, porque querían salir de la pobreza, y sacaban las mejores oposiciones. Fue un error de cálculo y, de paso, un acto fallido que evidenció cierto clasismo del gabinete: dar por sentado que los pobres son más tontos que los ricos. Del mismo modo que los que estudiaron bajo el franquismo no aprendieron a ser sumisos sino todo lo contrario.

De modo que se proclamó el “todos a la universidad”, se inventaron palabros absurdos para denominar las asignaturas y se dieron órdenes de organización de los centros que han ido transformando la educación en España, con el tiempo, en un bicho deforme y peligroso al que a ver quién es el valiente que le mete mano. Por ahora, ni lo han considerado; deben de pensar -¿otro error?- que da pocos votos en una sociedad tan embrutecida.

Seguramente el plan de estudios del 57 no era perfecto –franquista y tal y cual- por lo que ministros como José Luis Villar Palasí (Ley General de Educación, 1970 y creador de la UNED), lo modificaron. Fue mi plan: ya no me tocó memorizar la lista de los reyes godos pero sí esforzarme en aprender, porque los aprobados no se conseguían con amenazas a la integridad física o moral del profesorado, como, a menudo, pasa ahora.

Cuando el ser humano es pequeño tiene que aprender a ser mayor. Yo lo veo en las golondrinas, cada verano. Disciplinada y ordenadamente, van aprendiendo de sus padres cómo levantar el vuelo, cómo evolucionar en el aire, dar la vuelta, descender en picado al agua para beber, cazar insectos al vuelo y aterrizar en el cable del teléfono, sin magulladuras ni sorpresas desagradables. Y lo hacen artesanalmente, sin grandes gastos en tecnología ni ordenadores para todos. Igual, las personas. Los encargados de la enseñanza son padres y profesores. Si los padres no saben, tienen que saber dejar la responsabilidad en manos de los profesores. Y éstos, tienen que poseer auctoritas (capacidad moral para emitir una opinión cualificada), y tener el apoyo de sus jefes y de la sociedad. Y una pizarra. El valor, como al soldado, se les supone.

Para que la sociedad entienda esto y lo practique, tiene que estar formada por individuos educados y responsables: ¿van viendo la dificultad del estado de cosas, ahora, en España? Una madre que le atiza un mandoble a un profesor porque éste ha regañado a su hijo delante de todos, “humillándole”, no responde a lo que se exige para avanzar. Un alumno que tutea al profe y tal, y le amenaza, en privado o en público, con sacarle un ojo si le catea, tampoco. Un padre incapaz de que su retoña abandone la cháchara con sus amigos en el ordenata, para estudiar algo o simplemente para hablar con su familia, y se queja en la radio, como si cambiar eso no dependiera de él, tampoco. Y así.

En España, la gente joven educada y preparada se va a trabajar donde se les aprecia y se les aprecia, no sólo porque se les da un puesto de trabajo decentemente remunerado sino porque se aplauden sus éxitos y se les ayuda en las dificultades. Dentro, se quedan los menos cualificados y la inmigración analfabeta y subdesarrollada. Y si alguien se atreve a afirmar cosas como ésta tiene que aguantar que le llamen de todo menos guapita.

Pues vamos mal.

Déjeme, paciente lector, poner una ilustración personal. Cuando estudiaba COU, en el Instituto de Enseñanzas Medias de Toledo, la directora empezaba a introducir innovaciones interesantes. Una fue la de crear un seminario semanal de música, voluntario, que impartía una compañera que había estudiado en el conservatorio. En la primera clase, a la que asistí con auténticas ganas, nuestra joven profesora quiso que supiéramos diferenciar las distintas formas de las composiciones: sonata, sinfonía, cuarteto, etc. Aparte de luchar contra el murmullo desconsiderado de los de la fila de atrás, la chica terminó por abandonar el aula debido a la actitud gamberra de unos cuantos cretinos que, al parecer, no sabían divertirse más que boicoteando la recién nacida experiencia.

Salimos perdiendo quienes sí queríamos desasnarnos, musicalmente hablando. ¿A quién habría que haber pedido responsabilidades? Sólo recuerdo que nunca más hubo seminarios de nada. Es una parábola de lo que pasa en nuestra querida patria.

Mario Vargas Llosa, en su discurso de recepción del Premio Nobel, empezó diciendo que el mayor regalo que ha recibido en su vida fue aprender a leer. Los chicos que en España leen sin poder comprender ni una línea de lo leído son multitud. Ellos no lo saben, quizá no lo sepan nunca, pero mucho mejor que un ordenador, mejor aún que un coche deportivo, más valioso que una temporada de entradas al FCB, es aprender a leer y entender lo leído. Les deseo eso como regalo de Reyes o de Navidad. De todo corazón.

13 Comments
  1. mazapán says

    Comparto con usted la opinión sobre la importancia de la lectura.
    Respecto a las afirmaciones genéricas y descalificativas repecto a los inmigrantes, estoy en profundo desacuerdo, son inaceptables.
    Si bien es cierto que parte de estos ninos tienen dificultades en la escuela con el idioma, creo que la solución a este problema no viene por colgarles sambenitos, ni a los chicos ni a sus familias, si no por darles apoyo y oportunidades desde nuestro sistema educativo y de paso respetarles desde la conciudadanía.
    Como usted afirma el nivel de un país depende del nivel de educación de sus gentes. Yo anadiría… de todas sus gentes, sin distinción de origen o procedencia.

  2. maireni nina says

    Buen dia,quisiera saber como estan los poryectos y facilidades para realizar doctorados,maestrias u otras especialidades.Para maestros del área de ciencias sociales.

  3. maireni nina says

    La deficiencia en la educación se supera cuando los gobernantes y funcionarios dejen de pensar en si mismos e inviertan ecomomicamente todo lo necesario.Que entiendan que una persona que no se educa ni conoce su historia tiende a repetir los mismos errores del pasado.No tiene la capacidad de saber elegir el goberante que mejoraría la situación sino que votaría por el simple hecho de votar, no conocería sus derechos, ni deberes como ciudadano.y si debe mejorar la calidad y el nivelde enseñanza a todas las clases sociales, pues si con unos son menos exigentes entonces donde vamos a llegar el asunto esta en que todos entiendan la necesidad de educaarse y tener un profesión para no ser dependiente de los favores del Estado o gobierno.

  4. Joselillo says

    Ante todo tengo que decir que soy u asiduo lector de «cuarto poder» y me ha sorprendido encontrar opiniones tan poco fundadas dentro de una de sus colaboradoras. por tato me permito dirigirme a usted directamente.
    Muy Srª mia, o suya, en primer lugar permitame recomendarle un par de lecturas: primero el Informe PISA complerto para no hablar de oidas, que parece que sólo escucha intereconomía o cualquier otra de la misma calaña. En segundo lugar le recomiendo que lea «Cuadernos de la Romana» una compilación de artículos del «Catedrático» D. Gonzalo Torrente Ballester y aquí se podrá enterar de lo que se pensaba en el año 73 de «su» COU. A su entera disposición Jose Luis Lopez Lillo Maestro.

  5. Elvira Huelbes says

    «…la inmigración analfabeta y subdesarrollada», significa eso precisamente. No hablo de los inmigrantes alfabetizados y que van progresando socialmente, mazapán. La frase quiere contrastar lo que ocurre con la emigración de jóvenes españoles preparados que salen a GB o a Francia o a Estados Unidos a trabajar: es una inmigración -para ellos- de lo más alfabetizada e idónea para hacer avanzar al país de acogida. De acuerdo con usted en que el nivel de educación de un país ha de ser de todas sus gentes, inmigrantes o no.

  6. Elvira Huelbes says

    Joselillo, gracias por la recomendación de Torrente, un escritor que admiro y he leído largamente. Lamento que el tono del artículo le parezca intolerante, no es mi intención. Apasionado, sí; lo admito. Le pido humildemente perdón por los inconvenientes.

  7. Elvira Huelbes says

    maireni nina: siento no poder ayudarle. Supongo que podría usted indagar en la secretaría de la Universidad Complutense, su página es muy competente.

  8. generación 0 says

    Me ofende que digas algunas cosas. Yo tengo una carrera con expediente brillante y un módulo superior pero como soy española no me dan las becas, se las dan a los de fuera. En mii familia mi madre cobra el sueldo mínimo y mi padre es inválido. Yo soy «demasiado buena» para cualquier puesto, esa es la excusa que me ponen SIEMPRE para no cogerme. Me ha pasado hasta con una editorial «no, es que escribes demasiado bien, a ti seguro que te publica una grande» ¡Venga ya! ¿Cómo me puedo permitir emigrar con estas condiciones? ¿Por qué me dices que soy no cualificada? El resto del artículo estaría bien si no fuera porque se generaliza. Pensemos en la gente que no tiene dinero para emigrar ¿vale? Gracias

    PD: ¿Habéis leído la última campaña del Santander que ofrece ayuda para trabajar A LOS INMIGRANTES? ¿Qué pasa, que los españoles no lo merecemos o qué? PATÉTICO

  9. Elvira Huelbes says

    Generación 0: ese «inconveniente» de ser buena sólo parece que suceda en España; creo que se debe a una sociedad crecientemente embrutecida en muchos órdenes: la basura televisiva merece más atención que los expedientes sobresalientes. Las generalizaciones siempre exigen puntualizaciones, es verdad, pero es la manera de poder decir mucho en poco espacio. Confío en la voluntad de entendimiento de los lectores para acotarlas.

  10. Jonatan says

    Pues con lo que se dopan algunos, debieran ser tan buenos en mates como lo somos en deportes.

  11. Orientadora says

    Los cambios de leyes tan continuados en función de los políticos de turno han hecho mucho daño a los españoles. Países más racionales han tenido mucho cuidado en no desballestar el Trivium y el Quadrivium, cuya estructura sigue vigente, pero totalmente actualizada poniendo en primer plano lo básico (escribir, leer, contar). Y fijémonos en que ninguna Ley ha tenido la brillante idea de preocuparse por la educación de padres. Una asignatura pendiente y muy necesaria, tal como están las cosas. Por eso me parece clave que Elvira insista en que la educación es responsabilidad, primero de los padres y, subsidiariamente, de los profesores. Educar la actitudy la competencia de aprender a aprender es justamente lo más importante en educación. Por otro lado, los informes PISA han de estar planteados con pruebas validadas que permitan la comparación entre muestras de diferentes países. ¿Quién redacta la pruebas?

  12. Elvira Huelbes says

    Gracias, orientadora, por sus aportaciones tan atinadas.

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