La cultura es un maldito adorno

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Imagen de archivo del ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert. / Efe

Sorprende la contundencia con que el mundo de la cultura se ha levantado en contra de unas medidas gubernamentales que, como poco, habría que calificar de torpes. A las concentraciones de actores en la calle se ha sumado un colectivo que hasta ahora nunca había actuado con espíritu de grupo; el de los periodistas culturales. El jueves pasado, en un seminario organizado por la FundaciónSantillana y la UIMP en Santander, un grupo de veinte periodistas culturales, entre los que se encontraban Jesús Ceberio, que fue director de El País, Sergio Vila Sanjuán, de La Vanguardia, Basilio Baltasar, director de la Fundación Santillana, Antón Castro, del suplemento del Heraldo de Aragón, Juan Cruz, Laura Revuelta, redactora jefe de ABC cultural, Antonio Lucas, Aurelio Loureiro, director de la revista Leer, y Winston Manrique, coordinador de libros de El País, pergeñaron un manifiesto que merece la pena ser trascrito en su totalidad porque resume  a la perfección el espíritu que anima a un gobierno que está dando palos de ciego.  Dice así: “Los periodistas culturales reunidos en el Seminario de Periodismo Cultural celebrado enla Universidad Internacional Menéndez Pelayo manifestamos nuestro rechazo hacia la decisión del Gobierno de gravar la asistencia a teatros, conciertos de música, y salas de cine con el 21% de IVA. Lo grave de la decisión es que no se trata de una subida del impuesto, sino de un cambio de categoría, ya que estas manifestaciones artísticas pasan de soportar el IVA intermedio a ser penalizadas con el IVA máximo del 21%. Queremos dejar constancia de que la cultura no es un privilegio, sino que forma parte indispensable del desarrollo intelectual y afectivo de las personas. Nos negamos a aceptar que se nos diga que pensar es un lujo”

Pocas horas después José Maria Lassalle se reunía con los directores generales de cultura, Jesús Prieto de Pedro y Teresa Lizarazu, la directora de la Biblioteca Nacional, Gloria Pérez Salmerón, el del INAEM, Miguel Ángel Recio y con Borja Villel, director del Reina Sofía, con la notable ausencia de un representante del Teatro Real, y les informó de que había que recortar 20 millones de euros de los presupuestos del 2012. No hubo aspavientos porque Lassalle, parece ser, se mostró bastante conciliador con las rebajas y en vez de meter un hachazo generalizado mirará la forma de reducir el gasto partida por partida. Vamos, con lupa.

Mientras, el ministro José Ignacio Wert advertía en un curso de la Universidad Complutense que va a ser el consumidor el que pague la mayor parte de la subida del IVA y confió en que los diversos sectores -cines, teatros, conciertos- absorban mediante convenios esa subida.  Nada más declarar esto, a las pocas horas, los representantes del mundo de la cultura se han reunido y han acordado crear la Unión de Asociaciones Empresariales de la Industria Cultural Española, una asociación que va a representar a 4.000 empresas del sector y que da trabajo a unas 150.000 personas, y donde están la Federación Estatal de Asociaciones de Empresas de Teatro, la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales, la Federación de Distribuidores Cinematográficos, Federación de Cines de España,  Asociación de Promotores Musicales de España, OPERA 21, Asociación Española de Orquestas Sinfónicas y la APAAC, que representa al sector del circo. Emilio Santamaría, director dela Asociación de Representantes Técnicos del Espectáculo, tiene muy claro por lo que esta asociación tiene que luchar, la baja inmediata el IVA al 10%, como en Europa, porque es la única manera de que la cultura española sea competitiva.

Y la verdad es que la aparición de esta asociación es importante, por insólita, como el manifiesto de los periodistas culturales. La cuestión estriba en la carga de sensibilidad nula de que han hecho gala nuestros acendrados representantes políticos del mundo de la cultura. Falta imaginación y ni siquiera somos capaces ya de copiar lo mejor de fuera. Por ejemplo, la desgravación fiscal aplicada en Francia a las librerías que tengan empleados con carreras universitarias. Aquí parecería que la cultura es un adorno, una parte del descanso del guerrero, y que cuando las cosas van mal se cercena y punto. Es parte indisoluble de nuestra tradición, una tradición de espaldas a la Modernidad y que el manifiesto de los Periodistas Culturales ha puesto de relieve: “ La cultura no es un lujo sino que forma parte del desarrollo intelectual y afectivo de las personas”, una manera de pensar moderna y democrática de la que nuestros representantes políticos están muy lejos de sentir.

Pero hay más. Por primera vez en muchos años, quizá incluso por primera vez, la industria cultural española se hizo fuerte desde los tiempos de Felipe González. Había un sentido muy claro de lo que ahora se llama marca España, bien que con edulcoramientos necesarios, como el de la Movida, porque había que dar salida a una cultura juvenil hecha deprisa y corriendo porque nuestro país demandaba de fuera una imagen renovada. Fueron los años en que España salía en las portadas de algunos semanarios norteamericanos y los que viajamos en aquellos años supimos de esa presencia, con sus dimes y diretes, con sus luces y sombras, con sus errores. Pero lo que sí estaba claro es que la idea de cultura se asoció a una idea de rentabilidad económica y en cierta manera ello se cumplió. La ceguera de nuestros representantes políticos actuales es notable porque están desmontando nuestra política cultural y ello puede llevar a un retroceso de décadas. El mundo de la cultura está en pie de guerra, lo que no es mucho decir porque el país entero parece estarlo. Lo importante es que las diversas instituciones del sector se están asociando para dar la batalla. Se espera un otoño caliente.

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