Sylvia Plath, cincuenta años

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Sylvia Plath. / Wikipedia

El 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath protegió la puerta del dormitorio de sus hijos con toallas mojadas, preparó sus desayunos y se suicidó acostando la cabeza en el horno, tras abrir la espita del gas. Tenía 30 años. Ultimaba su poemario Ariel que fue publicado tras su muerte. Hacía un mes que publicó su única novela La campana de cristal –con el pseudónimo de Victoria Lucas-, y cinco, que se había separado de su marido, el poeta Edward Hugues, después que éste la abandonara por Assia Wevill, también poeta.

Animada por la calidad del poemario que andaba preparando, nadie sospechó que la fragilidad de su salud emocional y física terminara por derrotarla. Tristemente, no llegó a saber la enorme repercusión de Ariel y, sobre todo, sus Collected Poems, editados por Hugues, que ganaron el Premio Pulitzer, en 1982. Así es la vida.

A Ted Hugues le tocó soportar mares de tinta contra su persona, fue acusado hasta de maltratar a la poeta, incluso físicamente. Se le acusó también de haber destruido parte de la obra de Plath, muy especialmente el último volumen de sus diarios. “Lo destruí –dejó escrito- porque no quería que sus hijos tuviesen que leerlo. En aquellos días, yo contemplaba el olvido como parte esencial de la supervivencia”. Llama la atención la referencia a "sus" hijos, cuando se trataba de hijos comunes, pero esta observación no pretende contribuir a la guerra contra el poeta inglés. Lo cierto es que siempre quedará la duda de en qué términos estarían escritas las referencias a su propia persona que Hugues eliminó al quemar ese diario.

Hugues publicó Cartas de cumpleaños (1998) un libro muy premiado en el que no incluyó una carta, The Last Letter, que fue encontrada entre sus legados a la Brittish Library,  en 2010. En ese poema, Hugues entra a fondo en lo que pasó días antes del suicidio de su mujer, y en los atormentados días que le esperaron a él.

Hugues y Plath habían vivido felices años juntos, tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña, y no parece justo achacarle a él la responsabilidad de la muerte de la poeta, quien, mucho antes ya había tenido intentos de quitarse la vida. El primero, a los 20, lo dejó reflejado en La campana de cristal, su única novela, muy autobiográfica, a través de su protagonista, Esther Greenwood. Con motivo de este aniversario, la novela acaba de ser reeditada por su editora inglesa en medio de cierta polémica por una portada que parece incitar a que solamente las chicas pizpiretas se interesen en leerla, dejando fuera a las otras y al sector masculino.

Detalle de la cubierta de Faber para "The Bell Jar", de Sylvia Playh / Faber&Faber

El caso es que se han vendido montones de ejemplares gracias a la portada de marras, según el editor Faber. Que se lean o no, ya es otra cuestión, aunque la frase que abre el libro incita a su lectura: “It was a queer, sultry summer, the summer they electrocuted the Rosenbergs, and I didn’t know what I was doing in New York”. En español, la traducción de Edhasa deja que desear y sería muy buena noticia que la revisara y sacara de nuevo la novela al patio.

Como si los peores augurios de Cuervos (obra muy importante de Hugues, de finales de los 60) se dispusieran a desfilar por su biografía, seis años después de la muerte de Plath, la segunda mujer de Hugues, Wevill, se quitó la vida, llevándose por delante la de la hija de ambos, de cuatro años.

Nicholas Hugues, hijo de Sylvia y Ted, se suicidó en 2009. Así que la sombra de ese hombre "grande y oscuro", como lo llamó Plath, planea tras su memoria como un peso insoportable.


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1 Comment
  1. me says

    El suicidio, en familias, no es necesariamente de caracter genetico sino un ejemplo a seguir.

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