Incertidumbre tras la victora cantada en Crimea

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Un hombre hace el signo de la victoria en la plaza de Lenin de Simferópol (Crimea) tras conocerse los sondeos a pie de urna que dan la victoria en el referéndum a los partidarios de la adhesión a Rusia. / Hannibal Hannschke (Efe)

La tregua acordada por Rusia y Ucrania para que la gente votara sin problemas en el referéndum se amplía hasta el 21 de marzo mientras escribo esto. El resultado del referéndum no sorprende a nadie ya que la mayor parte de los votantes son, en esta península, históricamente muy cercanos al sentimiento ruso. Puede que la cifra abrumadora del 93 % de partidarios de unirse a Rusia deje un atisbo de sospecha de cierto pucherazo, aunque aún nadie ha reportado tal cosa.

Crimea lleva casi un mes siendo un galimatías de soldados rusos uniformados, soldados rusos de incógnito, milicias uniformadas de Crimea, cosacos propios y procedentes de Rusia, grupos organizados de autodefensa crimeos, miembros de las fuerzas especiales de la policía ucraniana. Dicen que incluso ya hay otras fuerzas policiales del Cáucaso, y hasta voluntarios serbios y del Báltico. Festival a favor de Rusia en el día en que los habitantes de la región autónoma de Crimea han votado que desean unirse a la madre patria.

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Temiendo este resultado, Estados Unidos y Europa han preparado ya sanciones inmediatas contra Rusia. Pero, ¿qué hay detrás de esto? ¿En qué se parece este caso al que se planteó en Kosovo hace unos años? ¿Qué les hace comunes? Una cosa: la intención de EEUU de plantar en la sala de estar de la casa rusa una base militar de OTAN con sus paraguas antimisiles y su canesú.

Una diferencia importante –al menos, por el momento- es que Estados Unidos y su fiel Europa no piensan bombardear Moscú. Menos mal. Pero, tras la crisis de la banda de los Lehman ya sabemos que hay otras formas de hacer la guerra, de desgraciar países, personas y cosas. Qué talento el humano para crear infelicidad.

Y detrás de todo eso: el miedo. Como lo muestran las pelis USA cargadas de violencia, amenazas y desgarradoras muertes sanguinolentas, abusos y atronadores ataques que incitan subliminalmente –es un decir- al miedo, a la resignación, a la sumisión a los dictados de los poderosos que seguirán mangoneando y saliéndose con la suya contra la inmensa mayoría de la humanidad de corderitos silenciados.

Vladimir Putin no es santo de devoción, en general. Pero no se fíen de las autoridades ucranianas porque igual algo de razón lleva el ex KGB acusándolas de neonazis. Echen una ojeada a la historia y comprueben el apoyo decisivo que obtuvo la Alemania de Hitler en Ucrania. Esas cosas no deben olvidarse. El lenguaje del nuevo ministro ucraniano, Arseniy Yatsenyuk, tampoco produce mucha confianza en cuanto a deseos de entendimiento: “Los encontraremos a todos ellos [a los separatistas] -aunque eso tome uno o dos años- y los pondremos ante la justicia. La tierra arderá bajo sus pies”. La tierra arderá bajo sus pies: toda una declaración de pacifismo.

Los rusos están hartos de ser machacados por los medios y las potencias desde que se disgregó la URSS hace 23 años. Y la opinión pública mejor informada sabe lo que pasó en –por ejemplo- Afganistán, hace 25, cuando la CIA logró sacar a los invasores rusos del territorio. Sobre lo que es ahora Afganistán, ¿para qué incidir en ello?

Por otra parte, si se observa la evolución del lenguaje oficial ucraniano, se ve que ha pasado de la moderación –“No se recurrirá a la fuerza en ningún caso”- a la amenaza actual: “Ucrania tomará las medidas que hagan falta para rechazar la invasión rusa”. Se ha pasado del “Ucrania no se enfrentará con Rusia porque las fuerzas son muy dispares” a “Bueno, bueno… déjenme que lo piense mejor porque quizás sí se pueda…

Llámenme paranoica, si quieren, pero a mí me parece que entre un lenguaje y el otro están los envíos de apoyo armamentístico y logístico de la OTAN. Inevitable recordar lo que pasó en la antigua Yugoslavia, cómo se mintió y se asesinó sin mala conciencia para inventar un país fallido, del que ahora nadie habla, Kosovo. Y, qué casualidad, en ese territorio -que fue la cuna de la nación serbia- se encuentra la mayor base militar estratégica de Estados Unidos y la OTAN. No la busquen en Google porque no sale, naturalmente.

Dejémoslo claro; si tengo que elegir entre vivir en Rusia o en Estados Unidos, seguramente me conformaría con lo segundo. O no. Pero es que no creo que el ser humano tenga que elegir de esa manera tan lineal y restrictiva. Si sirve de algo evolucionar a mejor debería empezarse por la libertad de elegir sin que tenga que salir nadie muerto en la batalla diaria de la vida. Y por la libertad de elegir el que lenguas maternas diferentes convivan sin tener que caer en el trogloditismo caníbal. Pero, qué sabremos de eso en España.