Joseph Pérez, el abanderado de España

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Imagen de archivo (mayo de 2004) del hispanista francés e historiador Joseph Pérez. / Paco Torrente (Efe)
Imagen de archivo (mayo de 2004) del hispanista francés e historiador Joseph Pérez. / Paco Torrente (Efe)

El Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de este año, Joseph Pérez, es francés por casualidad –de padres y hermanos valencianos- y elección propia, pero su alma intelectual está situada en la España del Siglo de Oro y en las naciones hispanoamericanas que lucharon por su independencia. Es una buena elección y –conocidos los otros aspirantes al premio- me parece sin duda la mejor decisión del jurado.

Quizás lo más característico de Joseph Pérez sea su capacidad de desmontar los estereotipos sobre este brillante periodo de la historia española, cultivados fervientemente por las atemorizadas naciones de Europa, que se sentían amenazadas por una nación –más bien, una dinastía, la de los Austria- que se sentía on fire y capaz de zamparse el Orbe conocido. Tan eficazmente diseñada, la llamada Leyenda Negra ha durado hasta nuestros días y persiste, a pesar de la amable opinión del historiador, en parte gracias a la crisis financiera mundial que ha acrecentado los prejuicios y los temores en todas partes. Pero, a lo que vamos.

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Joseph Pérez acaba de presentar en Madrid su último libro, Cisneros, el cardenal de España, en el que elogia la figura del que fue arzobispo de Toledo e Inquisidor Mayor, además de confesor de la Reina Isabel la Católica. Una figura a la que, a pesar de los esfuerzos de la retórica franquista o precisamente por eso, no nos han enseñado a querer. Su semblante aparece ceñudo en los retratos o quizás en la imaginación de los que estudiábamos historia en el bachillerato de hace años.

Para Pérez, sin embargo, Cisneros es el estadista más moderno que hubo en su época en todo el mundo. Un hombre preocupado por el bien común y público, cuando a los poderosos sólo les importaba lo que incumbía directamente a su bienestar y su acopio de riqueza. Ya sé que a algún lector le parecerá algo paralelo esto que cuento con lo que está pasando, pero hay que salvar distancias, a pesar de los pesares.

Lástima que, en opinión del recién premiado, el buen clérigo llegara demasiado viejo al poder, de modo que no tuvo tiempo de modernizar las estructuras sociales de la nación. “Si Cisneros hubiera vivido diez años más, el panorama de España habría cambiado radicalmente”, ha dicho.

En mi modesta opinión, Pérez es, junto a Bartolomé Benassar y Sir John Eliot, los tres hispanistas vivos más interesantes y que han mostrado más acierto en descabalgar las tonterías y los prejuicios antiespañoles, a pesar de que, entre nosotros mismos, algunos de estos prejuicios sigan luciendo como si nada. Está bien que se pida –por ejemplo- una autocrítica a la conquista de América por parte de los españoles, como clamaba Rafael Argullol el otro día en El País. Pero al mismo tiempo, habrá que recordar los escritos de Bartolomé de las Casas, por decir un nombre, que relató crítica y minuciosamente los hechos de tal conquista en el momento en que se producían, que tiene más mérito. Y que la Reina Isabel fue rigurosa en el castigo a los infractores llegando a encarcelar al propio Cristóbal Colón,  a pesar de la fe que le tenía, cuando éste cometió abuso de poder en las Indias.

En cuanto a la Inquisición –de la que también pide Argullol pública penitencia- hay que saber, como dice Pérez, que la española fue la menos asesina de todas las inquisiciones europeas, y que si todos hablan de la española es porque es la de mentalidad más moderna y registró todos y cada uno de sus actos meticulosamente, como correspondía a un país serio. Cosa que no hicieron la francesa, la italiana, la inglesa, la alemana, la belga, la holandesa, etc., etc. Aclaro, en todo caso, que el articulo de Argullol me gustó mucho.

Entiéndanme, no quiero parecer abogada del diablo, sólo tratar de llevar las cosas a un lugar más justo. Eso nos ayudaría también a entender nuestra historia y los capítulos más dolorosos, como la Guerra Civil, de la que aún no nos hemos recuperado.

Así que, si queremos saber más y mejor de nosotros mismos, leamos a Joseph Pérez, en sus obras más renombradas, además de la última ya mencionada: La revolución de las comunidades de Castilla, La España del siglo XVI, Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, Crónica de la Inquisición en España, Mitos y tópicos de la Historia de España y América, Los judíos en España, Carlos V… Asegurada la lectura del verano y un sorprendente divertimento histórico.

 

 

3 Comments
  1. estrella says

    Decir que la inquisición española fue la menos asesina de todas las que ha habido…y por haber — digo yo– no la redime en absoluto de sus atrocidades. En cuanto a que “registró todos y cada uno de sus actos meticulosamente”… Es absurdo pensar que cualquier régimen dictatorial, llámesele como se quiera, registre “todos sus actos”, cuando todos están caracterizados por el secreto y el uso de la mano derecha sin que lo sepa la izquierda. No comparemos, y si lo hacemos hagámoslo con los mejores .

  2. Brigham says

    “The Ogre does what ogres can,
 / Deeds quite impossible for Man,
 / But one prize is beyond his reach,
 / The Ogre cannot master Speech.” Versos de W.H. Auden, de “September 1, 1939.” En realidad, no es así. Lo que sí puede hacer cualquier ogro es llevar buena cuenta de sus atrocidades, narrarlas cuidadosamente, apuntar nombres y palabras de los procesados y victimas La Inquisición española “registró todos y cada uno de sus actos meticulosamente, como correspondía a un país serio . . . “ Desgraciadamente lo mismo puede decirse de otros muchos régimenes represivos (en la URSS, el KGB), que no son menos culpables por haber mantenido unos archivos meticulosos.

  3. Elvira Huelbes says

    Gracias por los comentarios, Estrella y Brigham, aunque insisto en que no soy la defensora del diablo, ni mucho menos. Ojala no hubiera habido inquisición en España. Pero me parece interesante saber que si es de la que más se habla es porque es de la que se puede encontrar registros. De las otras se sabe menos, ergo se habla menos. Recomiendo la lectura de «El abogado de las brujas», de Gustav Henningsen. En España se quemó a herejes, sí; terrible. En Europa se quemó a brujas, a miles de pobres mujeres que nada tenían de amantes del diablo. Es un tema apasionante.

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