PASCUAL SERRANO | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 19:28

Una imagen de la película.
Una imagen de la película.

El director de El Protector, Gary Fleder, que ha estado últimamente sobre todo dedicado a la televisión, tiene en su haber algunas cintas interesantes rodadas en los años 90 y principios de los 2.000, como Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto, El coleccionista de Amantes o El jurado. En el caso de la película que nos ocupa demuestra que mantiene su talento para las escenas de acción, pero le ha abandonado el gancho narrativo de los trabajos mencionados, y nos sentimos un poco despistados en algunas tomas subjetivas.

En realidad, hay que entender a El Protector como un producto lucrativo, meramente comercial, casi televisivo. Y tratar de encontrar en él alguna cualidad artística más allá del estándar en las películas de acción de tiros, puñetazos y cierta intriga es tan difícil como ver sonreír o emocionarse sin sonrojarse al protagonista de la película, Jason Statham (The italian job…), quien se ha alejado bastante de sus interesantes inicios en el cine con Guy Ritchie (Natch. Cerdos y diamantes…) y cada día se parece más a la versión joven, y ya no tanto, del propio Stallone y algún que otro compañero suyo musculado como Van Damme o Schwarzenegger.

La película nos cuenta la vida retirada de un ex policía de narcóticos en un pequeño pueblo de Los Ángeles, donde se refugia con otra identidad tras haber conseguido, en una peligrosa operación en la que resultó muerto el hijo del capo, desarticular una peligrosa banda de narcotraficantes en la que se había infiltrado. Se da la circunstancia que este agente es viudo y también tiene una hija de 10 años.

El guión y la producción es responsabilidad de Silvester Stallone, a quien los años parecen llamarle a labores más intelectuales y menos físicas, a pesar, o además, de las rentables incursiones en productos promovidos por él como la saga de Los Mercenarios. Lo que pasa es que sus limitaciones, o mejor dicho, sus peculiaridades interpretativas no están demasiado lejos de las narrativas y, partiendo de la novela Homefront del ex combatiente en Vietnam Chuck Logan, ha trabado un libreto bastante ligero, previsible y poco profundo. Es decir, un producto de consumo inmediato y sin demasiadas expectativas que, para no desentonar, incluye ciertos guiños patrióticos y de culto a las armas –el último plano, el cual pueden ver sobre el texto, es antológico-, en el que lo que más llama la atención -en mi caso me incomoda- es la exposición sin ambages a la violencia de una niña de 10 años a través de la figura paterna. Precisamente la trama de las relaciones del padre viudo con su hija, y de ambos con la psicóloga del colegio, queda totalmente desdibujada y desaprovechada en el guión.

También llama la atención, todo hay que decirlo, que actores de cierta talla y fuste interpretativo, como Winona Ryder (Drácula de Bram Stoker, Looking for Richard, Eduardo manostijeras, La edad de la inocencia…) y James Franco (127 horas, Harvey Milk…), participen en esta película. No todo ha de ser trabajos brillantes, y seguro que hay bastantes gastos que afrontar a fin de mes.

En resumen, una película de acción y violencia con cierta voluntad, sólo voluntad, de dotarla de implicaciones emocionales, con un guión bastante flojo que termina en alegato a las fuerzas vivas (policías, bomberos y ambulancias), un producto confuso, entre thriller de serie B y telefilme rosa, apto para ser consumido cualquier noche en las televisiones privadas dentro de un par de años.

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