Pablo Neruda y sus excelentes poemas inéditos

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Portada de la obra.

Seix Barral ha publicado Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos, un libro que ha causado cierto revuelo en el mundillo literario porque nos trae de nuevo obra no conocida de Pablo Neruda, uno de los grandes poetas en español del siglo XX, lo que es decir mucho. No es para menos. El libro contiene poemas de excelente factura, fueron escritos entre 1952 y 1973, y han sido descubiertos gracias a la labor de Darío Oses, director de los archivos de la Fundación Pablo Neruda y autor de una introducción a la edición que tiene su lado divertido y esclarecedor pues termina confesando que este libro se mantuvo inédito porque Matilde Urrutia, mujer del poeta, no se enteró de su existencia, permaneciendo, no se sabe muy bien la razón, casi escondidos a la mirada de la viuda que se encargaba con ojo certero y vigilante a velar por la memoria del poeta muerto en la Isla Negra, paisaje depositario del imaginario de Neruda hasta el extremo de revelar gran parte de sus referencias poéticas.

Los poemas están escritos en menús de restaurante, hojas de los conciertos que se daban en los barcos, incluso alguno hay creado en un avión, como uno donde Matilde Urrutia ha escrito al lado: “Día 29 de Diciembre 1952, 11 de la mañana, volando a 3500 metros de altura entre Recife y Río de Janeiro”. Ni que decir tiene que los manuscritos son fácilmente reconocibles: todos están escritos con la tinta verde de estilográfica que siempre empleó el poeta. El color, también la letra, manuscritos que se reproducen para que la edición justifique un número de páginas suficiente para atraer al lector. Lo agradecemos. Casi otorga una cortesía antigua que se hacía con los viejos maestros y este libro lo merece con creces.

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Neruda y el amor. Probablemente no haya poeta en la literatura en español del siglo XX que haya escrito más sobre el amor, sobre su celebración. En eso Neruda se mostró siempre impecable, desde su temprano Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Tiene gracia que aquel libro contuviera el mismo número de poemas que éste publicado ahora y da al asunto un matiz casi místico que, tratándose de Neruda y su concepción del amor, no tiene nada de extraño. En Neruda el amor lo es casi todo y ello impregnaba todo su entorno: Matilde Urrutia, su viuda, hablaba de que no le importaba morir porque el objeto de su amor ya no existía. De ahí ese aspecto solar que poseen todos estos poemas. Al fin y al cabo esa fascinación que Pablo Neruda ejerce entre el público, y que no ha decaído, es la de su enorme vitalidad, que se escapa de cada poema a raudales, un poco al modo torrencial de un Balzac, otro enorme fascinador. La comparación no es baladí: esa vitalidad tiene que ver todo con la potencia creadora y ésta es capaz de transmitirse a través de la lectura del poema en un lado indefinible e indetectable al análisis, pero que sabemos existe. Es probable que a esta cualidad mágica, por inasible, aludiera Octavio Paz cuando afirmó que en el futuro Pablo Neruda sería grande por su poesía y no importaría nada su ideario político y, esto es de agradecer en Paz, a continuación deseó que eso mismo le pasara a él y su obra. Frase certera en un poeta que fue descubierto por Neruda cuando era muy joven pero que luego, por circunstancias sobre todo políticas, aunque no sólo, se distanciaron hasta no dirigirse la palabra.

Pablo Neruda y el amor... Neruda, es sabido, repartió su leyenda amatoria en tres mujeres: María Antonieta Hagenaar, con la que tuvo una hija, Malva Marina, que murió de niña: Delia del Carril, con la que convivió veinte años y que bien puede ser considerada la destinataria de muchos de sus más celebrados poemas, y Matilde Urrutia, la última, que vivió los años en que el poeta era figura reconocida en todo el mundo, que asistió a los fastos del Nobel en 1971, pero también a los terribles días del golpe de estado del general Pinochet, cuando Pablo Neruda no pudo aguantar aquellos sucesos aunque hay quien afirma que en realidad no murió sólo por la enfermedad del cáncer, agravado por la quiebra emocional, sino envenenado por los servicios secretos chilenos. Algo que la exhumación de los restos del poeta desmintió pero que el secretismo de estos poemas, algunos escritos por aquellas fechas, favorece de nuevo. Ya se sabe: esa tendencia a la conspiración.

Y todo ello, de nuevo, debido al amor. No sabemos a ciencia cierta los destinatarios de los poemas contenidos en el libro, pero es probable que entre ellos se encuentre Alicia Urrutia, la muy joven sobrina de Matilde a quién ésta pilló en la cama con el poeta. Alicia Urrutia es la única superviviente de este callado drama amoroso, pero que ha salido a la palestra porque ella ha confesado su relación amorosa con el poeta del amor.

En cualquier caso los poemas mantienen una excelencia probada. Muchos, entre ellos Pere Gimferrer en el prólogo al libro, han celebrado uno sin título, al que llamaremos “el número cuatro”. Pertenece a ese orden fascinante de vitalidad desbordante, de plasmación de lo que es la creación de la vida y su celebración, que se hallan en el mejor Neruda, el de las Odas elementales, pero también al de algunos destellos memorables del Canto General, como el dedicado al general Miranda al que imagina por las nieblas del San Petersburgo de Catalina. Pero hay otros, en realidad son seis los que puede ser catalogados como poemas de amor, como el dedicado al viajero chileno que enlaza directamente con el universo de caracolas del que estaba llena su casa de Isla Negra, o el catorce, que parece rondar la idea de muerte, al igual que el diecinueve, escrito cuando el cáncer estaba muy avanzado. En él , titulado Del incomunicado, se habla del teléfono como tabla de salvación para poder entablar relación con el Otro: “Mi ansiedad resistió medicamentos / doctores, sacerdotes, estadistas / el desprecio que me consagrarán / cuando yo ya no sirva para nada / es decir, para que hablen / a través de mi cuerpo las avispas” Premonitorios versos pocas fechas antes de su muerte.

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