PASCUAL SERRANO | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 19:28

El director mexicano Alejandro González Iñarritu tras recoge el Óscar a la Mejor Película durante la 87 edición de los Óscar celebrada el pasado domingo en el Dolby Theatre, en Hollywood, California, Estados Unidos. / Efe
El director mexicano Alejandro González Iñarritu tras recoge el Óscar a la Mejor Película durante la 87 edición de los Óscar celebrada el pasado domingo en el Dolby Theatre, en Hollywood, California, Estados Unidos. / Efe

Adelantamos lo que decimos todos los años para justificarnos: nos gusta el cine, pero no hasta el punto de perder sueño por ver la gala de ntrega de los premios Oscar. Además, este año ya hemos tenido bastante con la de los Goya, que ha sido soporífera por extensa. Dicho esto, pasemos a analizar someramente los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de EEUU.

Este año Hollywood ha optado por la distracción del teatro y el entretenimiento y la propia vida para no mirar demasiado hacia la historia, la política o la justicia social, como venía sucediendo en las últimas ediciones, por ejemplo, y por no retrotaernos demasiado, el año pasado o el antepasado. En este sentido, cabe simplemente recordar que tras la polémica suscitada por la escasez de nominaciones (dos: película y canción) para Selma, la biografía de Martin-Luther King y la lucha por el derecho a voto de los negros en EEUU, la Academia se ha curado en salud entregándole el premio a Mejor Canción Original (Glory); o que El francotirador, la película de Eastwood sobre la vida del soldado Chris Kyle, héroe en la guerra de Irak, sólo se ha llevado el de Edición de Sonido. Por tanto, podemos afirmar que los derechos de los negros y el patriotismo, temas bastante recurrentes en los Oscar, se han quedado flotando en el aire, o como diría Bob Dylan: Blowing in the wind.

Los premios importantes (Película, Dirección, Guión Original y Fotografía) se los ha llevado, en nuestra modesta opinión, justamente, Birdman, de Alejandro González Iñárritu, quien ha logrado crear una intensa y emocionante historia sobre el teatro y la vida, demostrando, como ya hizo en Biutiful, que la ruptura con el guionista Guillermo Arriaga no ha hecho mella en su capacidad de creación. Y ello aunque Michael Keaton se haya quedado sin su merecidísimo Oscar a Mejor Actor en esta misma película, que ha ido a parar, creemos que injustamente, a Eddie Redmayne por su interpretación de Stephen Hawking en La teoría del todo. Incluso Steve Carrell (FoxCatcher) y Benedict Cumberbatch (The Imitation Game) se lo merecían más, pero ya se sabe que los papeles estereotipados y con limitaciones físicas son muy agradecidos para los premios. Que se lo digan a Javier Bardem con Mar adentro o No es país para viejos.
La excelente película de Wes Anderson, Gran Hotel Budapest, se ha llevado otros cuatro Oscar de los ocho a los que optaba, pero de los considerados técnicos (Banda Sonora, Producción, Vestuario y Maquillaje). Ya imaginábamos que los mundos de Anderson son demasiado imaginativos para una Academia tan conservadora.

Pero para nosotros las grandes perdedoras son The Imitation Game y Foxcatcher. La primera sólo ha conseguido el de Guión Adaptado, siendo una cinta que tiene bastantes cosas buenas, y la segunda se ha quedado sin nada. Si bien es cierto que es una película difícil, narrativamente hablando, encierra grandes y contenidas interpretaciones del mencionado Steve Carrell y Mark Ruffalo, quien no ha conseguido la estatuilla de Mejor Actor Secundario, pues ha ido a parar a J. K. Simmons por su exagerado papel de duro profesor de música en Whiplash.

Nada tenemos que objetar al premio a Mejor Actriz para Juliane Moore por su sentido papel de enferma de Alzheimer en Siempre Alice, ni al de Mejor Actriz Secundaria a Patricia Arquette por Boyhood, aunque esperábamos que esta atrevida y conmovedora cinta que Richard Linklater tardó doce años en rodar se llevase algún premio más. Tampoco tenemos nada que decir del premio a Mejor Película de Lengua no Inglesa para la polaca Ida, que ya se llevó el Goya a la mejor película europea, pero nuestro corazoncito estaba con la Argentina (y española) Relatos Salvajes, que precisamente se llevó el de mejor película iberoamericana de los galardones españoles.

En resumen, unos premios bastante repartidos, y en cierta manera justos, en una edición de los Oscar, la octogésimo séptima, con películas bien distintas y de mucha calidad. Digamos que ha sido un año de buena cosecha en el que la política ha quedado al margen y la protagonista de las historias ha sido la propia vida. El año que viene más.

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