Cierra El Comercial, el café de Blas de Otero y de Tierno Galván

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Nota informativa colgada en el escaparate del Café Comercial tras su cierre. / Ismael Rivera (Efe)

Uno no quiere ponerse viejuno, ni caer en nostalgias que lo único que demuestran es que detrás de cada una de ellas se esconde la pérdida de la juventud, pero muchos de los que hemos desayunado con la noticia que han dado los dueños del Café Comercial por Facebook de que cerraban este lunes 27 de julio nos ha dejado estupefactos. Y eso que no había que ser un lince para imaginarlo ya que problemas de familia, sabidos por muchos de los que éramos clientes desde hace más de 40 años, daban paso al pesimismo, y eso que había logrado sobrevivir a la masacre sesentera del cambio de cafés por entidades bancarias, pudo con el Mayerling, al otro lado de la plaza, donde iba mi abuelo, y pudo con el Café Europeo, que se ubicaba frente al Comercial, en el número 1 de la Glorieta de Bilbao y lugar en el que Camilo José Cela se inspiró para su novela La colmena, no en el Gijón, como muchos han creído, quizá influídos por los interiores entrevistos en la versión cinematográfica.

Haber sobrevivido a la moda terrible de las entidades bancarias tuvo su mérito, pero ahora, después de 126 años el Café cierra, y suena a tópico decirlo pero no por ello es menos verdad: se cierra uno de los lugares emblemáticos de la política y de la cultura madrileñas, nos quedamos más huérfanos aun si cabe respecto al maltratado patrimonio cultural de la ciudad de Madrid. En pleno debate sobre la suerte del Edifico España, felizmente resuelto por la nueva Alcaldía, nos viene la noticia a través de las redes sociales, y uno no ha terminado de reponerse de asistir al lamentable espectáculo en que han quedado los viejos bancos que formaban el triángulo financiero del Madrid de principios del siglo XX, frente a la Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Ministerio de Hacienda, junto a Sol, y que afecta a toda la Plaza de Canalejas, cuando le llega esta noticia, que es eminentemente literaria, cultural, pero también política. Pues si es cierto que uno veía de vez en cuando a Blas de Otero, de esto hace mucho, mucho tiempo, y se dejaba caer cuando Tierno Galván se desayunaba sus churros en la barra cuando todavía no era alcalde, también lo es que en los años de hierro de la Transición no había día en que la zona se convirtiera en una batalla campal entre los de la CNT que venían de Malasaña y los de Fuerza Nueva de Blas Piñar que, agrupados cerca de la Cafetería California, subían por Génova y terminaban por dar caña justo enfrente del Comercial. Poesía y guerra. Una combinación que les habría gustado a los futuristas.

Digámoslo claro. El Comercial no era uno de los cafés más bonitos de Europa, sólo en Turín, no digamos Roma, Venecia o París son legión los que le superan, ni siquiera en Madrid, donde estaban Gambrinus, La Granja del Henar, Pombo, El Colonial, incluso la antigua cafetería del Hotel Nacional, en Atocha, si nos ponemos, es decir, también legión, pero era el más antiguo de los que quedan, quedaban, data de 1887, y a pesar de su aire estético no muy agraciado, el tiempo juega siempre a favor, lo cierto es que tiene la importancia que se merece, lo que quiere decir, el único, junto al Gijón, que queda del Madrid anterior a los años setenta.

Digámoslo claro, uno está tentado un poco de contar su vida con sucesos así. Como el día en que invité a Rafael Sánchez Ferlosio, vivía enfrente en aquellos años, a un café. Era la mañana de la primera huelga general contra el Gobierno de Felipe González y pillé a don Rafael en pijama, gabardina y bastón, calzado con zapatillas, que me dijo que se iba andando a Sol para ver el ambiente. No pudo ser. El café estaba cerrado. O las enormes tardes pasadas con el poeta Tomás Segovia que iba todos los días y con el que Elvira Huelbes y yo pasamos un fin de semana en Bilbao estupendo, o el haber conocido a Dorrell, el yerno de Jardiel Poncela, que me contaba de todo sobe su suegro, o el toparse casi cotidiano con Blanca Portillo, pero el gesto es absurdo porque por ese lugar han pasado tantas cosas que bien puede decirse que en ciertos momentos se convirtió en ombligo de la cultura madrileña. En la República ya frecuentaban el lugar Manuel y Antonio Machado, que vivía en la calle Fuencarral, y luego llegaron los periodistas de Arriba, que se habían quedado con el edificio modernista de El Sol, dos calles más abajo yendo por Sagasta, y también Alfonso Paso, que vivía al lado, su suegro Jardiel Poncela, que vivía ya casi en Gran Vía, desde luego Jaime Capmany, desde luego Cortés Cavanillas, esto por el lado del periodismo, pero también Rafael Sánchez Ferlosio y, sobre todo, la farándula, el gran Rafael Azcona, Celia Gámez, Antonio Casal, dibujantes como Mingote, músicos como el maestro Sorozábal, que vivía en la Plaza de Chamberí o el gran Carmelo Bernaola, que vivía en Malasaña o Javier Krahe, que se pasaba por allí antes de ir al Estar. E insisto en lo de vecinos porque la mayoría de los famosos que acudían al Café lo hacían porque era el del barrio, lo que le diferenciaba de otros, como el Gijón o el Teide o el citado Gambrinus.

Insisto. Tal y como está Madrid podríamos escribir una nota de éstas todos los días. El Mercado de Fuencarral, origen de la movida del barrio de Malasaña y promotor de la decantación hipster del barrio anuncia también su cierre, sin ir más lejos, pero hay sitios y sitios. No todos los lugares se han ganado ser título de un chotis.

Hay que decir que el Café no estaba inscrito en la Ley del Patrimonio Municipal, como no lo está el Gijón, pero que los dueños del establecimiento no habían pedido al Ayuntamiento ayuda alguna.

D.E.P.


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3 Comments
  1. Max says

    Lo han asesinado

  2. paco otero says

    Junto a lo expuesto,historia real y viva …lo que en verdad cierra termina se cae se desenmascara, se hunde es falso mito de aquella clase «media empresarial» surgida con los planes de desarrollo, del cambio de la autarquía a los planes de desarrollo timoneados por el OPUS DEI EN LOS PRIMERÍSIMOS AÑOS 60 del pasado siglo…esa clase media empresarial que sostiene desde hace 50 años a una España pacata que desprecia las bibliotecas y que ha confundido el gusto y el estilo con ese «mercadillo de marca» milanesa italiana en el vestir, que se llama ZARA …esa clase media que ha llenado durante varios decenios las universidades,no de gente con ansias y deseos de conocimiento,no en jóvenes que solo han llegado por aquello de asegurarse los «garbanzos» con algo menos de esfuerzo que sus padres…ESA CLASE MEDIA EMPRESARIAL es a la que simboliza el cierre de este CAFÉ:::los chinos y esos nuevos universitarios harán lo demás

  3. paco otero says

    aclaraciones :

    «…se hunde es el falso mito…»

    «…no, se llenan de jóvenes que solo han llegado por aquello…»

    esto me pasa por responder, por impulsos viscerales…sin ser un gramático, perdón

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