Julián Gayarre, la leyenda española del siglo XIX

Cubierta de la obra.
Cubierta de la obra.

Llama la atención que dos de las glorias musicales españolas, por más señas navarras, Julián Gayarre y Pablo Sarasate, sean motivo de orgullo patrio pero que, a la hora de la verdad, por carecer hasta carecen de unas biografías acordes con la excelencia de su arte. Pablo Sarasate llegó a ser inmortalizado en una obra de Sherlock Holmes, ya que el detective cocainómano era aficionado al violín y ferviente admirador del músico que fascinó a la Europa de aquellos años con la maestría con que tocaba su instrumento. De Gayarre poco hay que decir, salvo que fue uno de los grandes de la ópera del siglo XIX, el siglo de la misma, y que tuvo una infancia, como cabrero en el valle del Roncal, que le hubiese hecho, de haber nacido en los Estados Unidos, país del self made men, una figura poco menos que mítica.

Gayarre tiene Fundación, tiene estatua, hasta ahí podíamos llegar, y de Benlliure, pero hasta ahora ha carecido de una biografia que le rindiera justicia. Por contarse se cuentan con los dedos de la mano -todo hay que decirlo- los estudios a él dedicados, desde los realizados en los años 70 a los más recientes, desde el libro que le dedicó Florentino Hernández Girbal en 1970 al de Julio Enciso o la biografía de José María Sanjuán, además de la primeriza de Óscar Salvoch, Julián Gayarre, como el de casa ninguno y, finalmente, la de Marta Herrero Subirana, que, hasta la presente, es la biografía última y data ya de más de una década.

Publicidad

La escasez de biografías no es algo nuevo en España, al revés, es crónica la anemia respecto al género, pero últimamente se ha desatado una ola de biografías -sólo de Valle Inclán han salido dos en el espacio de pocos meses- que nos obliga a mirar el panorama con cierto optimismo, ya que es género que representa una impronta en la cultura patrimonial, que es lo que ha hecho grandes en este sentido a países como Inglaterra, Francia o Alemania, ya que la biografía es el marchamo de investigación con que se inviste la memoria y ya sabemos lo que ocurre cuando a un pueblo le secuestran la suya.

De ahí que sea motivo de felicitación, y de sorpresa, la publicación de Julián Gayarre, la voz del paraíso *, de Óscar Salvoch, en Ediciones Eunate, porque es una biografía muy completa, desde luego la mejor hasta la fecha, porque supone un paso adelante muy importante del autor respecto a su libro anterior dedicado a Gayarre y porque, amén de ser un libro importante en el género, lo es también desde un punto de vista editorial pues, como objeto, resalta por la gran aportación de fotografías, algunas raras de encontrar, por el claro diseño de diferenciación de las distintas partes y, por último, por la belleza del mismo, algo extraño en un libro biográfico, por lo que bien podemos afirmar que nos hallamos ante un hallazgo en el género, pero también ante un libro que hay que resaltar como objeto.

Gayarre en su primera temporada en San Petesburgo. / Colección-Archivo Oscar Salvoch
Gayarre, en su primera temporada en San Petesburgo. / Colección-Archivo Oscar Salvoch

La biografía es claramente cronológica, pero aporta una serie de elementos al margen que hacen al libro precioso: desde la nota de Lina Huarte, que hizo de Adelina Pati en la película de Domingo Villadomat dedicada a Gayarre y donde Alfredo Kraus interpretó al tenor navarro, hasta los testimonios de contemporáneos de Gayarre o los escritos que le dedicó Antonio Peña y Goñi, dentro de la sección de Anexos. Y lo de la secuencia cronológica es algo más que una sucesión de acontecimientos, pues el libro se detiene en cada año de la carrera del tenor. De hecho, cada año representa un capítulo, por lo que bien podríamos calificar esta biografía de exhaustiva, al modo en que lo son esas grandes que han hecho al género digno de consideración: leyendo esta biografía de Salvoch creí, por momentos, que nada tenía que envidiar a esas, como la de Richard Hellmann, sobre James Joyce, o la de Georges Painter sobre Proust o la de Joseph Blotner sobre William Faulkner, famosas porque tras la información enorme que aportan se esconde una estructura de investigación filológica muy intensa que hacen de ellas referentes casi definitivos.

Esa vocación es la cualidad primera que deberíamos tener en cuenta a la hora de enfrentarnos con esta biografía definitiva de Gayarre. Los momentos grandes, como cuando triunfa en San Petersburgo con La favorita, su ópera predilecta, están convenientemente recogidos, claro, así como todo lo referente a su labor fuera de las tablas, financiando escuelas en su pueblo natal. A destacar la información que Salvoch aporta sobre la muerte de Gayarre por una bronconeumonía a los 46 años o los avatares referentes a la extirpación de su laringe, que actualmente se conserva en el Museo Julián Gayarre, en el Roncal.

El libro, pues, es fundamental porque nos recrea de nuevo la figura del llamado en su tiempo Rey del canto, El sin rival y demás epítetos que conformaron su leyenda, a la que contribuyó su temprana muerte. Salvoch, además, se cuida mucho de conjeturar con las teorías en torno a Gayarre, como la de los registros fonográficos de su voz, motivo de debates sin fin. Salvoch lo deja pendiente porque hay registros fonográficos de su tiempo pero, hasta ahora, no hay pruebas de que la voz de Gayarre fuera realmente registrada.

Fiable, definitiva, referencial, esta biografía es la que estaba buscando sobre el tenor navarro. Biografía que trasciende incluso al biografiado para convertirse en referente del género. Un logro.

(*) Julián Gayarre, la voz del paraíso, se presenta el lunes 19 de octubre, a las 20.00 horas, en la sala del  Teatro Real que lleva el nombre del tenor navarro.