El Reina Sofía se pinta de Gris

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Manuel Borja-Villel, director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; Emilio Gilolmo, vicepresidente ejecutivo de Fundación Telefónica, y Guillermo de la Dehesa, presidente del Patronato del Museo, firman la cesión de la Colección Cubista de Telefónica al Reina Sofía. / Fundación Telefónica
Manuel Borja-Villel, director del MNCRS ; Emilio Gilolmo, vicepresidente ejecutivo de Fundación Telefónica, y Guillermo de la Dehesa, presidente del Patronato del Museo, firman la cesión de la Colección Cubista de Telefónica al Reina Sofía. / Fundación Telefónica

Hubo unos años, en los ochenta, que empresas españolas comenzaron a parecerse a sus homónimas europeas en cuanto a la inversión en obras de arte. Bancos e instituciones varias veían con buenos ojos ese tipo de inversiones, que, además, eran rentables por varios motivos. Todo esto se hizo por iniciativa, o impulso gubernamental, llámenlo como quieran, del entonces presidente Felipe González. Entre aquellas instituciones, Telefónica brillaba especialmente. Estaba asesorada respecto a la colección de arte que debía constituir por estudiosos como Simón Marchán Fiz, del que mi generación se nutrió con su libro Del arte objetual al arte del concepto, María del Corral, José Luís Brea o Eugenio Carmona. Se les ocurrió hacer una colección de arte cubista desde el preciso momento en que Picasso y Braque se habían retirado del mismo. La razón, en principio, parecía obvia ya que Picasso y Braque eran los cubistas más cotizados del mercado y el pescado estaba ya vendido, o casi. Pero había otra más sutil, y, si quieren, de una altura crítica considerable: comenzaron centrándose en Juan Gris porque éste, en realidad, es el mejor pintor cubista, el más estructural, el más teórico, el más coherente, según palabras del crítico Lionello Venturi, a los que se sumaron artistas como Marie Blanchard, Albert Gleizes o Jean Metzinger, responsables de que el cubismo se convirtiera en el movimiento tal y como se conoce.

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Esta colección se hizo enorme, importante, con el tiempo y está considerada una de las mejores en el género, de tal manera que el fondo ha viajado a exposiciones realizadas por todo el mundo, cosechando gran éxito. Ahora, se firmó la cesión esta semana, esta colección forma parte ya de los fondos del Museo Nacional de Arte Reina Sofía por un convenio de comodato que firmaron Manuel Borja Villel, director del MNARS y Emilio Gilolmo, vicepresidente ejecutivo de Fundación Telefónica. El acuerdo tiene una validez de cinco años, aunque es probable que pase finalmente a formar parte de los fondos del Museo, y está formada por 33 obras, fechadas entre 1912 y 1933.

Borja Villel ha recalcado la importancia de este acuerdo y se muestra eufórico porque razona que es la mayor colección de obras de Juan Gris reunidas en un mismo lote y que está aportación es fundamental para el desarrollo historiográfico del Museo. Cierto. Además, quiere que alrededor del Guernica se forme un anillo de obras maestras del mismo periodo en que fue concebido el cuadro. Borja Villel piensa que esta aportación es fundamental para entender aquellos años porque necesitamos completar el cuadro de Picasso con la concepción del mecanicismo inherente a la concepción del cubismo. Por otro lado no le preocupa la ausencia de picassos y braques en la colección porque éstos están ya muy bien representados en los museos franceses y esta colección pretendió recoger los frutos menos mediáticos del movimiento con artistas de una calidad más que probada.

'La ventana en las colinas', de Juan Gris. / Museo Reina Sofía
'La ventana en las colinas', de Juan Gris. / Museo Reina Sofía

Eugenio Carmona fue uno de los responsables, ya dijimos, de la creación de esta colección, y es el encargado de que la colección viaje por medio mundo. Incide en la importancia de los cuadros de Juan Gris, ese madrileño de verdadero nombre José Victoriano González Pérez, ya que resumió como nadie el movimiento cubista. El que mejor articuló el movimiento con sus obras y sus escritos teóricos, el que consiguió internacionalizar el movimiento, un movimiento que encuentra sus años de esplendor entre 1916 y 1923.

Pero aparte de Juan Gris, la colección tiene mucha importancia para el Reina Sofía porque aporta nombres de los que carecía el Museo, como Jean Metzinger, Louis Marcoussis o Huidobro, nombre que se extiende a la facción latinoamericana del movimiento, con artistas como Eduardo Torres García, el genialoide pintor uruguayo; el argentino Xul Solar, tan vinculado al nombre de Jorge Luís Borges, o el brasileño Rego Monteiro.

Esta cesión de algunas de las obras de la Colección Cubista de Telefónica no es la primera de las que se producen entre esa institución y el Museo. En 2002 ya se produjo un acuerdo parecido en que se cedieron obras de Eduardo Chillida, Tàpies, Luís Fernández y Juan Gris, y Borja Villel no ceja en el empeño de que, finalmente, consiga que estas cesiones, tanto la anterior como esta última, mucho más importante, se queden en el Museo. Desde luego sería una aportación fundamental para rellenar huecos y, de paso, dar a conocer una colección itinerante que ha conseguido tener en sus exposiciones hasta 800.000 visitantes.

Desde luego es colección agradecida y formada con inteligencia ya que incide, lejos del tópico francés, en el legado hispano a ese movimiento y ese legado se ha centrado en Juan Gris, y con verdadera justicia. Gris influyó en la conformación de las vanguardias en España y Latinoamérica, y no hay que olvidar que fue artífice del ultraísmo. Y que pintores como Eduardo Torres García no se entenderían sin el concurso esencial de nuestro Juan Gris, el eterno preterido, incluso por Picasso, quizá por la misma razón que Borges eludía hablar de Ramón Gómez de la Serna y ponía por las nubes a Cansinos Assens. Una manera muy sutil de quitarse de en medio rivales con genio mediante la introducción de terceros.

Es de esperar que noticias de este tipo se produjeran con más frecuencia. Ayudarían a cambiar el panorama artístico de nuestros museos.

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