DAVID TORRES | Publicado: - Actualizado: 6/1/2017 19:16

El rector de la URJC, Fernando Suárez Bilbao (d), y el ministro de Educación, Cultura y Deportes, Iñigo Méndez de Vigo, en la URJ durante el acto académico conmemorativo de la festividad de Santo Tomás de Aquino, el pasado mes de enero. / www.urj.es

De Fernando Suárez Bilbao, rector de la Universidad Rey Juan Carlos, puede decirse más o menos lo mismo que un lúcido comentarista dijo sobre la ingente obra de César Vidal: sería un hombre muy culto sólo con que se hubiese leído todos los libros que ha escrito. En la actualidad, el corta y pega posibilita la magia de la intertextualidad hasta tal punto que ni siquiera es necesaria la enojosa operación de la lectura. No digamos ya la intervención de un negro. A un buen amigo de cuyo nombre no quiero acordarme un conocido gurú de cuyo nombre tampoco quiero acordarme le encargó la redacción de un tratado histórico sobre un tema en el que está considerado una autoridad internacional. Mi amigo escribiría el libro, cobraría el dinero y el gurú firmaría con su nombre. Después de proporcionarle toneladas de documentación, el gurú le advirtió muy seriamente: “Ten mucho cuidado con lo que escribes, que ésta es la obra de mi vida”.

En tiempos más mecanográficos, Borges imaginó a un escritor francés, Pierre Menard, que intentaba reescribir el Quijote de Cervantes página por página, en recio castellano del siglo XVII y sin cambiar una sola coma. El resultado era asombroso, puesto que los siglos de diferencia entre un Quijote y otro alumbraban nuevos e inquietantes significados ni siquiera sospechados por el genio inmortal de Alcalá de Henares.

El mismo procedimiento de Menard, sólo que con objetivos más modestos, fue el que utilizó el rector de la Universidad Rey Juan Carlos. Menard pretendía cambiar para siempre la historia de la literatura; Suárez Bilbao se conformaba con engordar su currículum. En lugar de apuntar a la gran obra cervantina, el rector fue recopilando de aquí y de allá diversos trabajos y textos de otros tantos especialistas, doctores en Derecho e historiadores. Entre muchas otras fuentes, la erudición de Suárez Bilbao se nutrió a destajo de copias literales y pasajes completos de una conferencia de José Cervera Pery, una tesis doctoral de Rafael Pérez Peña, otra de Jaime Salazar Acha, un artículo de Carlos Barros sobre la peregrinación a Compostela, otro artículo de Javier Sanz Larruga, amén de trabajos de varios historiadores extranjeros como Robert Bonfil, Bernard Vincent y Michele Luzzati.

La Orden de Malta, el camino de Santiago, los judíos españoles en el exilio italiano, la administración de Justicia: cada nuevo descubrimiento revela que la inspiración del eminente rector no conoce fronteras. Su caso viene a corroborar esa penetrante paradoja que dice que no es que la historia se repita, sino que los historiadores se copian unos a otros. Indignados, instalados en una obsoleta y romántica cultura de la autoría, los homenajeados escribieron cartas de indignación pidiendo la inmediata dimisión del rector. Ni caso. No comprenden que el apropiacionismo, ese novedoso movimiento artístico, ha entrado ya por derecho ajeno en el duro terreno de la competencia académica. Esperan alguna respuesta del rector cuando la única que podría darles sería una parecida a la que escribió Johann Sebastian Mastropiero en referencia a una acusación de plagio por parte del compositor Günther Frager: “Usted me ofende -decía Mastropiero en su carta-, justamente a mí, que siempre digo que el artista que se apodera de la idea de otro enturbia las aguas del manantial del espíritu”. Una famosa frase… de Günther Frager.

Sarai Ruiz (YouTube)

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  • SuperVisor

    Lo tiene todo: Es un jeta, es del PP y es un protegido de la caverna hispana.
    ¿Qué mas se puede pedir?

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